Juguetes Carrión, una emblemática juguetería de Málaga con casi un siglo de historia, ha bajado definitivamente sus persianas. Su gerente atribuye el cierre a la falta de rentabilidad y al cambio en los hábitos de juego de los niños, quienes ahora prefieren las pantallas a los juguetes físicos. Este acontecimiento simboliza la profunda transformación que experimenta el sector juguetero, enfrentado a la competencia online y a la evolución del consumo.
Antes de la era de los carritos de compra online y los vídeos de unboxing, la infancia se construía a menudo frente a los escaparates de las jugueterías. Los niños se agolpaban con la nariz pegada al cristal, observando con fascinación las pistas de Scalextric, las muñecas o los castillos de plástico, con la esperanza de que alguno de esos deseos se hiciera realidad en Reyes. Con catálogos doblados en el bolsillo, intentaban memorizar cada detalle para luego explicárselo a sus padres o incluirlo en sus cartas.
Durante décadas, el epicentro de los sueños infantiles en Málaga tuvo un nombre: Juguetes Carrión. Entrar en esta tienda era casi un rito de paso para muchas familias. Sin embargo, a mediados de abril de 2026, la última de sus tiendas cerró. Arturo García Carrión, gerente de la firma, afirma que “los niños ya no juegan, el sector ya no es rentable”. Actualmente, su página web no ofrece venta al público.
La historia de Juguetes Carrión no comenzó como juguetería. En 1953, Francisco Carrión Ruiz, fundador de Aceitunas Carrión, adquirió un local en la calle Compañía, al que llamó Almacenes Carrión. En este establecimiento se vendían confección, perfumería, mercería y también juguetes. Con el tiempo, los juguetes se convirtieron en el eje central del negocio. Durante la década de los 80, la empresa expandió su presencia con tiendas en Mártires, Alarcón Luján, Santa Lucía y Mármoles. El almacén principal se estableció en la calle Bodegueros, en el polígono industrial Ronda Exterior, una nave que muchos malagueños recuerdan llena de cajas.
La segunda generación, liderada por María Dolores Carrión Martín, transformó la empresa en una cadena. En los años 90, llegó a tener casi 30 tiendas distribuidas por toda Andalucía, incluyendo locales en centros comerciales que se adornaban con árboles navideños cada diciembre.
A la marca matriz de juguetes se sumó Don Dino, una enseña que agrupa a asociados independientes y que se extendió por toda España. Hace una década, el negocio familiar contaba con 25 tiendas propias y hasta 45 franquicias bajo la marca Don Dino. Esta red cubría gran parte de Andalucía oriental, con locales propios en Málaga, Granada y Jaén. Hace poco más de dos meses, el mapa de tiendas se había reducido drásticamente: solo quedaban tres en las calles Nueva, Juan Sebastián Elcano y Motril. También el almacén de Bodegueros, ya enfocado en la reconversión digital, gestionando pedidos web y funcionando como outlet. El declive comenzó con el cierre de la tienda de la avenida de Velázquez, seguida por la de Teatinos, hasta que la tercera generación concluyó que no era posible mantener la rentabilidad. “Lo hemos intentado de todas las formas posibles”, declararon.
“No podemos seguir perdiendo dinero, no es rentable”, había expresado García Carrión meses atrás. Los hábitos de consumo han cambiado drásticamente: los niños pasan más tiempo con pantallas y menos con juguetes físicos, influenciados directamente por los hábitos de sus padres. Además, el sector enfrenta una competencia feroz de hipermercados que venden juguetes a gran escala y plataformas como Temu y AliExpress, que seguirán siendo un desafío a pesar de los nuevos aranceles, como la “tasa Shein” de 3 euros más IVA por cada venta a distancia B2C enviada desde fuera de la UE, aplicable a importaciones de hasta 150 euros.
Las tiendas físicas sufren una “tormenta perfecta” debido a los márgenes mínimos, alquileres crecientes y costes fijos ineludibles, lo que las obliga a cerrar, como le ocurrió a Tobarix. Los consumidores, que comparan precios con el móvil, encuentran pocos motivos para visitar el centro, a menos que valoren el trato humano, la selección y la recomendación profesional por encima del precio del producto.
El cierre de Carrión es un ejemplo más de la contracción de todo un sector. Entre 2019 y 2023, España pasó de 1.340 a 1.160 tiendas especializadas, lo que representa una pérdida de 180 jugueterías en cuatro años. Esta cifra continúa disminuyendo, en paralelo con los índices de natalidad del país. Cadenas icónicas como Imaginarium, que funcionó durante 32 años, y Poly Juguetes también han desaparecido. Juguettos adquirió las marcas y nueve locales de Poly Juguetes y está en proceso de reestructuración para finalizar el año con unas 200 tiendas operativas. A finales de 2025, se hablaba de 44 asociados, 700 empleados y el objetivo de alcanzar los 100 millones de euros en 2026, tras su alianza con Eurekakids. Aunque los juguetes siguen siendo el núcleo de su negocio, no son el único producto.
Actualmente, Juguettos y Toy Planet concentran la mitad de las jugueterías especializadas que quedan en España. Les siguen redes como Don Dino, Drim y Juguetilandia, todas compitiendo en un mercado en declive. La desaparición de la venta de videojuegos en formato físico también impactará a las tiendas con escaparates. Lego lo resume con un dato revelador: en España, su “socio minorista número uno” es Amazon, que experimenta un crecimiento anual del 25%. El canal online global de Lego creció un 30%, mientras que el de tiendas físicas se redujo en una cifra equivalente.
Ante esta escasez de opciones, no solo se pierden metros de estanterías, sino también esos espacios donde los niños podían tocar, probar y pedir juguetes sin necesidad de una aplicación. Málaga ha perdido en pocas semanas dos establecimientos míticos como Carrión y la Confitería Aparicio de Caldedería. El problema de fondo es la desaparición de estos lugares, reemplazados por la ironía de las grandes superficies y un abanico de alternativas más limitado. A la falta de rentabilidad se suma el desplazamiento del centro de conversación hacia plataformas tematizadas, muchas de ellas sin caja ni cajero físico.