La final del Mundial de fútbol entre Argentina y España se vio precedida por una serie de eventos inusuales, incluyendo la participación de una celebridad de Hollywood y la interpretación de himnos por diversos artistas. El espectáculo de medio tiempo generó controversia por su duración y el tipo de actuaciones presentadas, reflejando una clara intención de la FIFA por adaptar el fútbol a la cultura de entretenimiento estadounidense, generando opiniones divididas y críticas sobre la desnaturalización del deporte.
La antesala de un partido de fútbol, en esta ocasión, se desarrolló de una manera bastante singular. Un reconocido actor de Hollywood disertó sobre el deporte en un sentido abstracto ante miles de asistentes y millones de televidentes que, en esencia, esperaban disfrutar de la final del Mundial entre Argentina y España sin mayores interrupciones. Esto fue solo el comienzo: el himno de España fue interpretado por un conjunto de instrumentos de viento, y María Becerra entonó el de Argentina, sirviendo solo como aperitivo.
El protagonista de 'Misión: Imposible' repasó los "más de treinta días" del torneo y afirmó que el fútbol es "un lenguaje que se habla sin palabras". Esta no era su primera aparición en un evento de esta magnitud; el actor ya había realizado un número acrobático en la clausura de los Juegos Olímpicos de París 2024. La reacción en redes sociales fue inmediata: muchos espectadores calificaron la intervención de "vergonzosa" y "ridícula", mientras que otros medios internacionales aludieron directamente al famoso "cringe".
Los himnos también tuvieron un papel prominente: Jennifer Hudson cantó el himno de Estados Unidos; la banda Spanish Brass interpretó el himno español con metales; y María Becerra entonó el himno argentino. Previamente, Robbie Williams y Nicole Scherzinger habían interpretado 'Desire', el himno oficial de la FIFA, con Laura Pausini uniéndose para la parte en español.
La FIFA había establecido que el espectáculo de entretiempo no excedería los once minutos. Sin embargo, al finalizar el show, el descanso completo había durado alrededor de 27 minutos, casi el doble del límite de quince minutos establecido por el reglamento. El cartel de artistas había generado escepticismo incluso antes de que comenzara el espectáculo: Robert Smith, líder de The Cure, resumió su opinión en la cuenta oficial de la banda con un lacónico "Aaaaaaaagh", seguido de hashtags como "panycirco", y la BBC confirmó de antemano que no retransmitiría el espectáculo, tal como ya había hecho con la ceremonia de apertura de Qatar 2022.
Madonna inició el espectáculo desde el interior de un balón gigante y luego subió a un vehículo conducido por Ronaldo y Ronaldinho, en una versión enérgica de la Mystery Machine. BTS interpretaron 'Dynamite', Shakira el himno correspondiente y The Electric Mayhem, la banda de Muppets donde milita Animal, tocaron 'Seven Nation Army'. Justin Bieber entonó una balada acústica que contrastaba notablemente con la atmósfera intensa de la final, y Los Muppets de Barrio Sésamo regresaron junto a Coldplay y un coro infantil de Staten Island para clausurar el evento.
La final representa el segundo intento de la FIFA por consolidar el fútbol en Estados Unidos. Esta vez, en lugar de "futbolizar" a los estadounidenses, los códigos culturales del país han terminado por imponerse al fútbol. Las criticadas pausas de hidratación, inéditas en el deporte y presentadas como una medida médica, son en la práctica parones publicitarios similares a los de los deportes arraigados en Estados Unidos. Esta tensión cultural se manifestó en las transmisiones de Fox Sports, donde el exfutbolista estadounidense Alexi Lalas y el francés Thierry Henry tuvieron diferencias de opinión sobre cómo debía interpretarse el juego.
La FIFA no ha ocultado en ningún momento sus intenciones económicas con este Mundial, por mucho que lo adornen con coros infantiles. Gianni Infantino, el presidente de la organización, ha comparado abiertamente el torneo con el Super Bowl, presumiendo de una audiencia equivalente a "104 Super Bowls" en un mes. Durante todo el torneo, las pausas de hidratación, supuestamente por motivos médicos, se transformaron en más de seiscientos minutos de espacios publicitarios adicionales.
La prolongación del tiempo de descanso, criticada por vulnerar el límite del IFAB, añade además un riesgo médico real para los futbolistas: el enfriamiento muscular después de una pausa tan prolongada. La FIFA había intentado durante tres décadas que el fútbol calara entre el público estadounidense sin lograrlo por completo. Tras esta final, ha decidido que el fútbol se asemeje un poco más a lo que ese público ya consume. Por el momento, España es la campeona del título sin ninguna duda, pero quedan interrogantes sobre el futuro del torneo que se resolverán, precisamente, en España dentro de cuatro años. Cabe recordar que para las ediciones de 2030 y 2034, Netflix, Disney y YouTube ya están negociando los derechos de retransmisión. A la FIFA se le pueden reprochar muchas cosas, pero no que no ponga sus intenciones claras sobre la mesa.