Un estudio reciente ha puesto de manifiesto cómo la interacción con la inteligencia artificial reduce la disposición de las personas a reconocer sus propios límites de conocimiento. Investigadores de universidades europeas observaron que, incluso cuando la IA proporciona respuestas incorrectas, los usuarios tienden a confiar más en la máquina y menos en su propia capacidad para admitir no saber algo, afectando la precisión y la autoconfianza.
Cada vez resulta más difícil para las personas decir "no lo sé". Esta es una de las acciones más honestas, pero con la proliferación de la inteligencia artificial y la vasta información disponible, se percibe una pérdida de este hábito en las conversaciones cotidianas. Un estudio ha profundizado en este fenómeno, revelando que el acceso a una IA, incluso si esta ofrece respuestas erróneas, impulsa a la gente a dejar de reconocer las fronteras de su propio conocimiento.
Reconocer el desconocimiento es más valioso de lo que se piensa, ya que constituye una habilidad mental que previene actuar bajo creencias falsas. Los autores del estudio denominan a esta habilidad "suspensión del juicio": la capacidad de detenerse antes de responder cuando no se tiene certeza. A medida que los asistentes de IA se integran en más aspectos de la vida, la investigación, liderada por Chiara Marcoccia (École Normale Supérieure de París), Walter Quattrociocchi (Universidad Sapienza de Roma) y Valerio Capraro (Universidad de Milán-Bicocca), buscó determinar si la simple presencia de estos chatbots altera el momento en que se decide que se sabe lo suficiente para contestar.
Para aislar el efecto, el equipo diseñó preguntas casi imposibles de acertar para una IA, con detalles visuales muy específicos de películas, como el color de la equipación en 'Quiero ser como Beckham' o el vehículo que conduce un personaje en 'Como el gato y el ratón'. Estos datos son tan particulares que rara vez aparecen en internet, por lo que el modelo utilizado en el experimento (Step 3.5 Flash) fallaba casi siempre. Los participantes podían consultar a la IA si lo deseaban, pero también tenían la opción de dejar la pregunta en blanco o admitir que no sabían la respuesta.
En el grupo que no tuvo acceso a ningún asistente, un 44% de los participantes admitió no saber la respuesta cuando correspondía. Entre quienes podían solicitar ayuda a la IA, ese porcentaje descendió drásticamente al 3%, según los hallazgos del estudio. Adicionalmente, la proporción de respuestas correctas también disminuyó, del 27% al 9%. Esto significa que las personas respondieron más preguntas, pero con una tasa de aciertos significativamente menor. Lo más notable es que, a pesar de cometer más errores, los participantes se sintieron más seguros, ya que, según el estudio, su confianza en las respuestas aumentó del 30% al 76%, casi el doble.
Los investigadores sospechaban que la inclusión de incentivos económicos (pagar por acertar y penalizar por fallar) podría corregir el problema. Esta medida ayudó, pero de forma muy limitada, ya que con incentivos económicos, la disposición a admitir el desconocimiento subió del 3% al 8%, y los aciertos pasaron del 9% al 16%. Curiosamente, los propios autores esperaban que el efecto de la IA se atenuara con dinero de por medio, pero sus datos no lo confirmaron. La tendencia a confiar en la máquina resultó ser prácticamente independiente del incentivo económico.
Capraro, coautor del estudio, explicó al medio The Register que las personas "empeoraron mucho" en su rendimiento, con una precisión de solo un tercio en comparación con el grupo sin IA, pero terminaron "el doble de confiadas" en sus propias respuestas. Para el investigador, esta habilidad de decir "no lo sé" representa ni más ni menos que "el reconocimiento de los límites de nuestro propio conocimiento". Por otro lado, Capraro manifestó especial inquietud por el impacto que este fenómeno podría tener en la infancia. Según declaró al medio, los adultos "ya poseen un pensamiento crítico formado" antes de la llegada masiva de estas herramientas, pero los niños que crecen utilizando la IA desde el principio "corren el riesgo de no desarrollar nunca esa capacidad básica de cuestionar una respuesta".