Hallan objetos robados de una ermita riojana en una vivienda ocupada de Navarra

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Ocho meses después del robo en la Ermita de Nuestra Señora del Cortijo en Murillo de Río Leza, La Rioja, gran parte de los objetos sustraídos han sido recuperados. El hallazgo fortuito se produjo en una vivienda ocupada en la Valdorba navarra, revelando una colección heterogénea que incluía arte sacro y artículos insólitos. La investigación sigue abierta, ya que piezas de mayor valor aún no han sido localizadas.

Entre los objetos recuperados se encuentran el cuadro de la Virgen del Cortijo, el báculo de la Virgen, un misal antiguo, mantelerías y ropas eclesiásticas, e incluso un Halcón Milenario de Lego. Este hallazgo fortuito surge tras el robo ocurrido el 31 de octubre de 2025 en La Ermita de Nuestra Señora del Cortijo, en Murillo de Río Leza. Durante la madrugada, en un templo rural sin sistemas de vigilancia, fueron sustraídos un cáliz de plata y un cuadro del siglo XVIII, valorados entre 10.000 y 12.000 euros, junto con otros muchos artículos.

Ocho meses después, casi todos los bienes han reaparecido a 90 kilómetros de distancia, en una vivienda ocupada en la Valdorba navarra, mezclados entre otros enseres. La Guardia Civil ha mantenido una investigación abierta durante más de ocho meses con escasas pistas, pero con un patrón recurrente: arte sacro rural en ermitas aisladas con escasos sistemas de seguridad. La Rioja no es ajena a este tipo de sustracciones; la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño lleva años reclamando piezas atribuidas al mítico ladrón belga Erik el Belga, cuyo rastro se extiende hasta Países Bajos y Estados Unidos. La particularidad del caso de Murillo radica en la inusual rapidez de la recuperación y el origen doméstico del hallazgo. Cabe destacar que el verdadero Erik, René Alphonse van den Berghe, falleció en El Palo (Málaga) el 19 de junio de 2020, tras colaborar en la recuperación de la talla de la Virgen de Nalda. Después de más de 600 sustracciones en 52 museos y lugares de culto, había cambiado su actividad para contribuir a la recuperación del patrimonio histórico.

La Brigada de Prevención y Atención Ciudadana y el Grupo de Policía Judicial, en colaboración con agentes de la comisaría de Tafalla, llevaron a cabo el desalojo de las personas que ocupaban el inmueble. Durante el proceso, notaron que la casa de la Valdorba contenía una gran cantidad de objetos, incluido un enorme reloj de pared. Se informó sobre los objetos abandonados, pero no se pudo identificar a su propietario. La Policía Foral de Navarra contactó con la Delegación Diocesana de Patrimonio y, al cruzar la denuncia con noticias locales, confirmaron la coincidencia con el robo de Murillo. Tras el desalojo, la Policía Foral de Navarra se encontró por casualidad con el botín del robo riojano. La coincidencia fue confirmada con la Delegación Diocesana de Patrimonio, y ahora surge la interrogante: ¿dónde está el resto?

Entre las piezas recuperadas y ya devueltas a la parroquia de San Esteban figuran el cuadro de la Virgen del Cortijo, el misal, el báculo, ropas eclesiásticas e instrumentos musicales (¡una tuba!). Sin embargo, el cáliz de plata, otro misal y la imagen del Niño Jesús que portaba la Virgen siguen sin ser localizados. Lo más costoso aún está desaparecido.

Existen diversas hipótesis, aunque ninguna con hechos contrastados. Se sospecha de un mercado negro de arte sacro, alimentado por anticuarios, compradores de segunda mano y bandas organizadas que atacan ermitas rurales por su bajo riesgo y rentabilidad. La Guardia Civil ha desarticulado tramas completas dedicadas a este tráfico. Ya en el verano de 2020, se recuperaron casi cien objetos de enorme valor, además de 165.000 euros en efectivo. Se trataba de objetos de los siglos XVII y XVIII que no llegaron a la reventa. Mover una tuba o un reloj de pared no es tarea fácil. Sin embargo, la heterogeneidad del botín sugiere otra hipótesis: la mera acumulación, un comportamiento compulsivo que la psiquiatría vincula al síndrome de Diógenes, caracterizado por acopiar objetos diversos sin conciencia de enfermedad. Un caso similar ocurrió tras el robo del Códice Calixtino.

El caso de Murillo se suma a una larga lista de robos en templos riojanos y de zonas limítrofes: el cáliz de Écija vendido en un compro-oro de Logroño 22 años después de su sustracción; la puerta del sagrario de San Torcuato recuperada 45 años después de su robo en una subasta madrileña; o los relieves de Briones que la Guardia Civil sigue rastreando en Holanda y Estados Unidos. Todos estos casos comparten un mismo diagnóstico: la falta de un inventario sistemático del patrimonio eclesiástico deja estas piezas fuera del radar hasta que aparecen por azar, denuncia o venta ilegal. La Diócesis calahorrana insiste en que los robos contra el patrimonio no prescriben y que cada recuperación, más que de una estrategia preventiva, depende de mecanismos de colaboración entre fuerzas de seguridad, anticuarios y delegaciones diocesanas de patrimonio. Mientras el cáliz y la imagen del Niño Jesús sigan desaparecidos, el caso de Murillo de Río Leza continuará siendo un expediente abierto.

El expolio de arte sacro en España pone de manifiesto un problema: la escasez de profesionales para inventariar y contextualizar históricamente este patrimonio. Es imposible olvidar el caso de dos jóvenes que se colaron en una iglesia de Sevilla, se probaron la ropa litúrgica del cura, encendieron velas y se tomaron fotos de burla frente al altar antes de salir disfrazadas por la calle, mofándose de los feligreses que las vieron. En León, unos ladrones utilizaron cuerdas y arneses para subir al campanario de una iglesia de apenas 300 vecinos y robar un busto de Marco Aurelio del siglo IV. La Guardia Civil lo recuperó semanas después en el maletero de un coche, en una gasolinera de Córdoba. En Granada, unas monjas clarisas ni siquiera notaron la desaparición de una escultura de Santa Marina de la Cortona hasta que la Policía Nacional la localizó en una galería de Nueva York, lista para subastarse por 350.000 euros. En Barcelona, una pareja se hizo pasar por personas necesitadas para entrar en una parroquia de Nou Barris y robar el dinero destinado a pagar excursiones escolares de niños, llevándose incluso el móvil del cura. En Murcia y Alicante, una banda de adolescentes desvalijó hasta 20 templos para financiar apuestas online y noches de discoteca. Y en Valladolid se llevaron hasta las hostias consagradas en plena Navidad. Además de la protección divina, queda claro que los templos de culto necesitan una vigilancia adicional.