Roban en Huesca el bajorrelieve en bronce de George Orwell, un homenaje a la memoria colectiva

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El monumento en bronce dedicado a George Orwell en Huesca, erigido en honor a su paso por la Guerra Civil española y su deseo de tomar un café en la ciudad, ha sido sustraído de su pedestal. El acto, calificado como "deleznable", ha conmocionado a la comunidad y a los promotores del homenaje, quienes sospechan que el móvil es la venta del metal como chatarra.

En el invierno de 1937, George Orwell luchó en el frente de la sierra de Alcubierre, Huesca. Años después, prometió: "Si alguna vez vuelvo a España, prometo firmemente tomarme un café en Huesca". El mismo Orwell, que combatió en las trincheras y fue herido en el frente aragonés, autor de 'Homenaje a Cataluña', nunca pudo cumplir esa promesa, ya que falleció antes. Ochenta años después, Huesca le rindió tributo con un bajorrelieve en bronce, instalado en el parque Miguel Servet. Sin embargo, su permanencia ha sido breve.

La madrugada del jueves, hace una semana, el bronce desapareció. Fue arrancado de su pedestal, dejando solo la arenisca. Ha transcurrido una semana y la obra sigue sin aparecer. Al padre de grandes distopías como ‘Rebelión en la granja’ (1945) y ‘1984’ (1949), le han profanado uno de los homenajes más significativos. Este suceso se considera un atentado contra la memoria colectiva. El historiador Víctor Pardo lo describe con dureza como “un acto absolutamente deleznable y condenable”.

Junto a la Orwell Society, se movilizaron las bases sociales, se consiguió el dinero y se recaudaron 15.000 euros mediante bonos y participaciones de 10 euros. Más de 500 personas contribuyeron, haciendo realidad la propuesta hace apenas dos años. La escultura tuvo un costo de unos 8.000 euros, pero en total se recaudaron aproximadamente 25.000 euros. El excedente se destinó a la creación de placas conmemorativas y otras gestiones. La obra fue encargada a finales de 2023 y se inauguró el 19 de mayo de 2024; ahora, nadie sabe su paradero.

¿Quién ha sido? Al escribir contra las tiranías y los autoritarismos, cualquiera podría pensar que este es un robo con motivaciones políticas. The Orwell Society, una sociedad literaria y organización benéfica registrada en el Reino Unido desde 2011, se enorgullece de no tener afiliación política alguna. La última lectura local se organizó en el Castillo de Montearagón, cerca del lugar donde George Orwell resultó herido. No obstante, no existe ninguna reivindicación por parte de grupos extremistas. Al fin y al cabo, hablamos de un anarquista. Por ello, Pardo ha descartado la especulación de raíz: el móvil del crimen apunta a la chatarra, a un robo con el objetivo de vender el metal al peso. El bronce se paga a 6 euros el kilo, y 120 kilos significan más de 700 euros obtenidos fácilmente. Un puñado de billetes sucios en alguna venta clandestina en un desguace suburbano.

Orwell llegó a Huesca en 1937, enfrentándose a un invierno aragonés que helaba los huesos de los milicianos. Las balas fascistas silbaban desde las trincheras enemigas, y el bando sublevado controlaba la ciudad. Los voluntarios del POUM rodeaban el perímetro, y Orwell observaba las cúpulas desde la lejanía, soñando con la victoria final y con tomarse un café caliente, un deseo muy sencillo. Semanas después, una bala franquista le atravesó el cuello, y estuvo a punto de morir desangrado. Sobrevivió de puro milagro. Meses más tarde, salió de España huyendo por poco de sus propios supuestos camaradas soviéticos. Así, el monumento representaba un enorme triunfo civil.

La obra de Javier Sauras se instaló en el pulmón verde de la ciudad aragonesa con gran afecto. “Es robar una escultura en bronce que representa a un personaje histórico de la literatura universal del siglo XX [...]. Es robar a la ciudadanía de Huesca una obra artística y patrimonial”, clama Víctor Pardo, quien se queja de cierta desidia institucional.

La obra, que forma parte del patrimonio municipal —es decir, los ciudadanos la donaron al Ayuntamiento tras costearla de sus propios bolsillos—, tampoco ha sido objeto de una búsqueda activa. Nadie ha emitido anuncios, y el Consistorio interpuso una simple denuncia rutinaria en comisaría. El Colectivo Ciudadano se enteró de forma casual, y nadie ha pedido disculpas ni a Sauras ni a la familia de Orwell. El hijo, Richard Blair, quien aplaudió emocionado en la inauguración junto a Quentin Kopp, presidente de la asociación, no ha recibido noticias del “Ministerio de la Verdad”.

Al igual que la escultura de casi dos toneladas de Eduardo Chillida —robada en Getafe, fue vendida por apenas 30 euros en un desguace de San Martín de la Vega para ser fundida—, el destino de la placa de Orwell no parece augurar un buen final. Y sería una auténtica lástima que el melancólico rostro de Orwell desaparezca definitivamente bajo el soplete de un chatarrero.