El impactante aterrizaje del jet privado del Emir de Catar en Palma de Mallorca que alteró el tráfico aéreo

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Durante el verano pasado, el aeropuerto de Palma de Mallorca experimentó una inusual interrupción debido al aterrizaje del Boeing 747-8, el "jet privado" del Emir de Catar, Tamim bin Hamad Al Thani. Su descomunal tamaño y peso de 400 toneladas obligaron a detener temporalmente las operaciones para inspeccionar la pista, generando retrasos en múltiples vuelos y poniendo a prueba la infraestructura del aeropuerto.

Cada verano, Palma de Mallorca se caracteriza por la afluencia de millones de turistas, largas colas de facturación y un calor intenso. Sin embargo, el pasado verano, un vuelo en particular acaparó la atención. La prensa del golfo Pérsico reportó un incidente no relacionado con averías o aterrizajes de emergencia, sino con la llegada de un avión de tamaño extraordinario al aeropuerto de Palma. Este avión, considerado por su propietario como su "jet privado", es tan masivo que provocó el retraso de casi todo el tráfico aéreo de Palma, mientras se verificaba que no hubiera causado daños en el asfalto de la pista de aterrizaje. Un aterrizaje que paralizó el aeropuerto.

El jet privado del Emir de Catar, Tamim bin Hamad Al Thani, deja una marca notable en cada aeropuerto que visita. Su envergadura y peso desafían la capacidad operativa de las instalaciones, elevando la categoría de aeropuertos regionales a internacionales, como ocurrió con el pequeño aeródromo de Cerdeña.

En esta ocasión, el gigantesco jet privado aterrizó en el aeropuerto de Son Sant Joan, cerca de Palma de Mallorca, a principios del verano anterior. La asociación española de controladores aéreos informó del evento en su cuenta de X. Tras el aterrizaje, explicaron que se realiza "una revisión de pista por si hubiera introducido algún tipo de suciedad". En realidad, la inspección busca asegurar que el asfalto de la pista no haya sufrido daños por el impacto de las 400 toneladas de la aeronave. Esta revisión es un protocolo obligatorio para aviones de este tamaño y mantiene la pista utilizada cerrada durante varios minutos. Durante este lapso, los controladores solo pueden operar una de las dos pistas del aeropuerto, y las calles de rodaje adyacentes permanecen despejadas mientras el coloso aéreo se desplaza hacia su estacionamiento asignado.

Este "jet privado" requiere prácticamente la mitad del aeropuerto para sí mismo. Se trata de un Boeing 747-8, la variante más grande jamás producida del emblemático jumbo. Según datos de Boeing, su envergadura alcanza los 68,4 metros y su longitud supera los 76 metros. Estas dimensiones corresponden a un avión comercial de gran capacidad, diseñado para hasta 531 pasajeros, pero en este caso, su uso es exclusivo para el Emir de Catar y su numeroso séquito, convirtiéndolo, de facto, en una especie de palacio presidencial volador. Su tamaño imponente significa que muy pocos aeropuertos en el mundo están preparados para recibir aeronaves de este tipo con normalidad. Palma, a pesar de ser uno de los aeropuertos más activos del país durante el verano debido a su gran volumen de vuelos internacionales, logra acomodarlo, pero con maniobras especiales cada vez que uno de estos gigantes aterriza.

Un solo avión puede desorganizar completamente el aeropuerto. El 747-8 se clasifica en la categoría "Pesada", según el propio documento de AENA, reservada para aviones de más de 136 toneladas. Esta clasificación exige ampliar la distancia operativa con la aeronave que le sigue, para mitigar la turbulencia generada por sus alas. El retraso resultante en el siguiente aterrizaje provoca un efecto dominó en el resto de los vuelos, ralentizando la operativa habitual del aeropuerto, que ya se encuentra bajo presión por el aumento de turistas en verano. Otros vuelos permanecen en tierra o en el aire mientras el gigante privado se dirige a su ubicación designada. A esto se suma la complejidad logística que conlleva la llegada de estas enormes aeronaves y la limitación de plataformas capaces de soportar un avión de este peso.

Por dentro, el avión es una historia diferente. Se estima que su valor ronda los 360 millones de euros. Alberga salones, despachos y áreas de descanso con maderas nobles y acabados en oro, muy lejos de lo que se encontraría en la cabina de un vuelo comercial. La familia suele complementar sus veraneos a bordo del Al Lusail, un imponente superyate de 123 metros de eslora valorado en 500 millones de dólares, que cada año espera a su propietario, cuyo gasto anual en vacaciones equivale al de 10.000 turistas. Solo pintar este superyate ha costado 13 millones de euros. Según Diari de Tarragona, actualmente el Al Lusail se encuentra amarrado en la marina de Tarragona, muy cerca del aeropuerto de Reus. Dadas las fechas, Tarragona, prepárate para este verano.