Bugatti ha presentado su Pool Table, una mesa de billar de lujo diseñada para yates que desafía el movimiento del mar. Equipada con un sistema giroscópico avanzado, esta mesa de edición limitada mantiene la superficie de juego perfectamente nivelada, asegurando partidas ininterrumpidas incluso en aguas agitadas. Con un precio inicial de 250.000 euros, combina la ingeniería de precisión con materiales de alta gama, ofreciendo una experiencia de juego inigualable a bordo.
Algunos clientes de Bugatti no se conforman con poseer un hiperdeportivo; también desean la exclusividad de la marca en sus embarcaciones. Aunque no siempre implica subir un automóvil de varios millones de dólares a bordo, la solución puede ser una mesa de billar única. Esta mesa, a diferencia de cualquier otra, desafía las leyes de la física y las mareas, manteniéndose completamente plana durante el juego, incluso con el movimiento del barco. Su diseño refleja la misma obsesión técnica y el cuidado extremo por cada detalle que Bugatti aplica a sus superdeportivos.
Jugar al billar en un yate puede parecer sencillo hasta que se considera el constante balanceo de la embarcación. Este movimiento haría imposible una partida, ya que las bolas rodarían solas al compás de las olas. Este fue el problema que Bugatti se propuso resolver, atendiendo la demanda de los propietarios de superyates que deseaban una mesa de billar a bordo a pesar de las dificultades que el oleaje presentaba.
El resultado es la Bugatti Pool Table, parte de Bugatti Lifestyle, la división de objetos de lujo de la marca que también ha lanzado relojes y televisores con diseño escultural. La mesa se fabricó en una edición limitada de solo 30 unidades y su precio base es de 250.000 euros, incluyendo accesorios. Además, cumple con las especificaciones de una mesa homologada para competición profesional.
El ingenio detrás de esta mesa reside en un sistema giroscópico que detecta cualquier inclinación del barco de forma instantánea. Cuando las olas provocan el movimiento de la embarcación, unos servomotores ajustan la posición de cada pata para mantener la superficie de la mesa totalmente horizontal. Según la marca, "los sensores realizan la medición y ordenan la corrección en apenas cinco milisegundos", lo que garantiza que las bolas no se vean afectadas por el balanceo de la marea. Todo este proceso ocurre en silencio y sin vibraciones perceptibles. Este tipo de estabilización es similar a la de los estabilizadores de barcos, que reducen el balanceo del casco mediante giroscopios o aletas móviles. Bugatti aplicó una idea análoga, pero a la escala de una mesa, logrando que las bolas permanezcan inmóviles donde se las deja.
A pesar de llevar la firma del fabricante francés de superdeportivos, el diseño de la mesa se desarrolló en Vigo, España. La empresa responsable es IXO, una firma gallega especializada en fibra de carbono que también colabora con la industria aeronáutica y ha reparado carrocerías de marcas como Ferrari y Lamborghini. Su fundador, Pedro Sánchez, afirma: "No hemos escatimado en nada; todo se ha arriesgado y sacrificado para crear algo inimaginable". La estructura de la mesa combina fibra de carbono con aluminio mecanizado por CNC. Los tornillos y tuercas están fabricados en titanio, pensados para resistir la corrosión del ambiente marino. Las troneras son de acero inoxidable forrado en cuero. Cada mesa incluye, además, una placa numerada, similar a los automóviles del Atelier de Molsheim, asegurando que no haya dos mesas idénticas.
La mesa no se entrega sola. El paquete incluye un soporte de fibra de carbono a juego para los tacos, que incorpora una pantalla táctil de 13 pulgadas para llevar el marcador. También se suma una lámpara LED regulable y una maleta de cuero para guardar las bolas. Estas bolas, por cierto, son de la marca Aramith Tournament Pro, la firma belga que establece el estándar para la mayoría de los torneos profesionales. Además, cada mesa incluye una memoria USB con fotos y videos de su proceso de fabricación, resguardada en una caja de aluminio mecanizado. Este esmero por el detalle transforma un simple juego de billar en un ejercicio de ingeniería pura, lujo extremo y un indicio de un considerable músculo financiero, primero para adquirir un yate y luego para decorarlo con una mesa de billar con el sello de Bugatti.