Un reciente estudio de científicos de Virginia Tech sugiere que el DEET, un componente común en repelentes de mosquitos, podría atraer a estos insectos si se aplica incorrectamente. Esto ocurre cuando los mosquitos asocian el olor del DEET con la alimentación, un fenómeno similar al condicionamiento de Pavlov. La clave reside en la dosificación y reaplicación adecuada del producto.
El DEET es un ingrediente ampliamente utilizado en los repelentes para mosquitos, lo que comúnmente sugiere su capacidad para ahuyentar a estos insectos. Sin embargo, una nueva investigación publicada por científicos de Virginia Tech indica que, bajo ciertas condiciones, esta misma sustancia podría actuar como un atrayente para los mosquitos. Estas condiciones suelen presentarse cuando los repelentes se aplican sin seguir las instrucciones de la etiqueta, destacando la importancia de leerlas atentamente.
Los investigadores observaron que, en general, el DEET repele a los mosquitos. No obstante, si los mosquitos perciben su olor mientras se están alimentando, pueden asociarlo con una recompensa. Este mecanismo se asemeja al condicionamiento clásico, como el experimentado por el perro de Pavlov: si los mosquitos huelen el DEET mientras consumen sangre, la próxima vez que detecten el olor lo relacionarán con alimento, lo cual les resulta atractivo.
Los experimentos realizados para el estudio se dividieron en dos fases. Inicialmente, mosquitos de la especie Aedes aegypti fueron colocados en una jaula conectada a dos frascos: uno con aire limpio y otro con DEET. Dentro de la jaula, había un comedero con sangre. Los mosquitos se alimentaron bajo dos escenarios: primero, con acceso únicamente al frasco de aire limpio, y luego, con el frasco de DEET abierto mientras se alimentaban.
En la segunda fase del experimento, uno de los investigadores introdujo sus dos brazos en la jaula, uno con DEET y otro sin él, para observar el comportamiento de los mosquitos. Aquellos que se habían alimentado de sangre solo con aire limpio se dirigieron exclusivamente al brazo sin DEET. Sin embargo, los mosquitos que se alimentaron bajo la influencia del DEET mostraron preferencia por el brazo que contenía el repelente.
Es importante recalcar que el efecto repelente del DEET es una realidad. A las dosis adecuadas, sigue siendo eficaz para ahuyentar a los mosquitos. El estudio revela que el DEET se convierte en atrayente cuando los mosquitos lo perciben de forma residual mientras se alimentan. Por lo tanto, el problema surge cuando se les permite alimentarse mientras el olor está presente.
Una persona que aplica una cantidad insuficiente de repelente, o que no lo reaplica en el tiempo adecuado, podría no repeler eficazmente al insecto. El mosquito puede posarse en su piel y alimentarse, mientras detecta un remanente del DEET. Este remanente genera el efecto de recompensa mencionado, lo que podría llevar a que, progresivamente, el DEET deje de serles desagradable. Una analogía sería si cada vez que oliéramos la basura, recibiéramos una gran suma de dinero; ¿seguiría pareciéndonos desagradable?
La importancia de leer la etiqueta es fundamental. No todos los repelentes para mosquitos tienen la misma concentración de DEET, por lo que las cantidades a aplicar y los tiempos de reaplicación varían. Leer la etiqueta es crucial para evitar aplicar una cantidad insuficiente o no reaplicar cuando es necesario, lo que podría generar el efecto observado en el estudio.
Cabe señalar que estas conclusiones no son definitivas. Los hallazgos se obtuvieron en experimentos de laboratorio. Por el momento, no se puede asegurar que en situaciones reales, con el DEET en repelentes comerciales y mosquitos volando libremente, ocurra lo mismo. Además, en el experimento, los mosquitos comenzaron a oler el DEET mientras ya se estaban alimentando, mientras que en condiciones reales el olor estaría presente desde el principio. Serán necesarios más estudios, que podrían implicar nuevas experiencias para investigadores y voluntarios. Mientras tanto, ante la incertidumbre, es aconsejable leer detenidamente las etiquetas.