El origen de las tarjetas amarillas y rojas en el fútbol: Un hito tras la "Batalla de Santiago" y el Mundial de 1966

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Las tarjetas amarillas y rojas, elementos esenciales del fútbol moderno, surgieron de la necesidad de clarificar las decisiones arbitrales y reducir la violencia en el campo. Inspiradas en los semáforos, estas tarjetas fueron ideadas por Kenneth George Aston tras incidentes confusos en el Mundial de 1966 y se implementaron oficialmente en el Mundial de México 1970, transformando la comunicación y el control del juego.

Cuando dos individuos buscan comunicarse sin compartir un idioma, a menudo recurren a elevar la voz, gesticular o emplear señales universales. En el fútbol, no siempre se busca comprender al árbitro, especialmente si el resultado es favorable, lo que puede llevar a ignorar amonestaciones o sustituciones.

A pesar de la retórica poco convencional de Tom Cruise en el pasado Mundial 2026, el fútbol contemporáneo se apoya en el inglés (por muy rudimentario que sea) y en las regulaciones de la IFAB, una entidad compuesta por las cuatro asociaciones de fútbol del Reino Unido y la FIFA. Esto asegura que todos comprendan el significado de un banderín levantado o la aparición súbita de una tarjeta. Sin embargo, no siempre fue así, y antaño se producían altercados significativos.

A principios de los años 60, la violencia en el fútbol era un problema grave. Uno de los encuentros más recordados por su brutalidad fue el partido entre Chile e Italia en el Mundial de 1962, conocido como la "Batalla de Santiago". En aquel entonces, no existían mecanismos efectivos para controlar la agresividad, las peleas y las faltas que surgían de la tensión en el terreno de juego.

El Mundial de 1966 marcó un punto de inflexión. Durante el cruce de cuartos de final entre Argentina e Inglaterra, un jugador argentino intentó comunicarse con el árbitro alemán. Sus gestos vehementes y súplicas, incomprensibles para el colegiado, resultaron en su expulsión por violencia verbal. El jugador se negó a abandonar el campo hasta que Kenneth George Aston, miembro del Comité de Árbitros de la FIFA y responsable del arbitraje de ese Mundial, intervino.

En ese partido, el árbitro Rudolf Kreitlein había amonestado a los ingleses Bobby y Jack Charlton y había expulsado al argentino Antonio Rattín. No obstante, las decisiones fueron tan poco claras que los involucrados se enteraron de ellas con posterioridad, a través de la prensa. Incluso, el seleccionador de Inglaterra, Alf Ramsey, tuvo que consultar a un representante de la FIFA para despejar sus dudas. La tensión del partido, el ruido ambiental y la barrera idiomática entre jugadores y árbitro hacían imposible la comprensión mutua. Aston llegó a esta conclusión y se marchó decidido a implementar un cambio.

Así, Aston se propuso encontrar una forma de que las decisiones arbitrales fueran más inteligibles tanto para los jugadores como para los espectadores. La idea que se le ocurrió es algo familiar para todos: los semáforos. Aston relató cómo surgió la inspiración: "Mientras conducía por la calle Kensington de Londres, el semáforo se puso en rojo y pensé: 'Amarillo', puedes aún pasar; 'Rojo', significa alto, fuera del terreno". Al llegar a casa, compartió su idea con su esposa Hilda, quien, según la historia, regresó minutos después con dos tarjetas de cartulina que encajaban perfectamente en el bolsillo de su camisa, materializando así el concepto.

El sistema se estrenó oficialmente en el Mundial de México de 1970, 107 años después de la creación del primer organismo rector del fútbol, y desde entonces fue adoptado por todas las federaciones.

El escritor Rob Walker describe con precisión el impacto de este sencillo trozo de papel: posee un poder inmenso cuando un árbitro lo exhibe de manera casi teatral frente a un jugador. Provoca un estadio lleno de silbidos y gestos exagerados de brazos por parte del jugador amonestado y sus compañeros. Esto se debe a que todos comprenden su significado: la pérdida de la posesión del balón, un tiro libre o incluso la reducción a un jugador menos en el campo.

Kenneth George Aston, quien falleció en 2001, resumió su visión del fútbol, donde este gesto que él mismo inventó y que sigue siendo fundamental en cada partido, tiene una importancia extrema: una obra dramática en dos actos con 22 actores y un director de escena, el árbitro, sin guion y sin un final preestablecido.