El ailanto: de árbol ornamental a especie invasora que daña infraestructuras en España

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El ailanto, un árbol de origen asiático introducido en España por su atractivo ornamental y rápido crecimiento, se ha convertido en una especie invasora que representa una seria amenaza. Su expansión incontrolada no solo afecta la biodiversidad y la química del suelo, sino que también causa daños significativos en las infraestructuras urbanas. Actualmente, su posesión y comercio están prohibidos por ley, y su erradicación es un desafío complejo.

Este árbol, reconocible por sus semillas aladas y su rápido crecimiento, es el ailanto (Ailanthus altissima), una especie que llegó del sudeste asiático hace dos siglos. Fue valorado inicialmente por su porte y su capacidad para prosperar en diversos suelos, pero hoy su cultivo y propagación están prohibidos por ley debido a su naturaleza invasora, que afecta tanto a la flora nativa como a las infraestructuras urbanas.

El ailanto puede alcanzar hasta 30 metros de altura, posee una corteza gris y hojas compuestas por numerosas hojitas alargadas dispuestas en fila. Sus frutos, que son semillas con alas, cuelgan en racimos. Una característica distintiva para identificarlo es su olor desagradable: al frotar una hoja recién arrancada, desprende un aroma fétido. Desde su introducción, se ha extendido por gran parte de la península, con una notable presencia en Cataluña y la Comunidad Valenciana.

Este árbol coloniza fácilmente cunetas, taludes, riberas degradadas y jardines abandonados. Un solo ejemplar adulto puede producir hasta 350.000 semillas aladas anualmente, las cuales, impulsadas por el viento, facilitan su rápida expansión.

Según la ficha oficial del MITECO, el ailanto altera el funcionamiento de los ecosistemas forestales y modifica la composición química del suelo, lo que dificulta la supervivencia de otras especies. Su rápido crecimiento y su forma de dispersión le permiten competir eficazmente por el espacio y la luz, especialmente en zonas ribereñas ricas en vegetación. Además, libera sustancias tóxicas que inhiben el crecimiento de otras plantas a su alrededor. Un estudio ambiental de la Junta de Andalucía ha documentado que en las áreas con presencia de ailanto, la vegetación se reduce entre un 35% y un 40% en comparación con zonas libres de esta especie.

El impacto del ailanto no se limita a la vegetación. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha señalado que sus largas y ramificadas raíces, capaces de extenderse hasta 15 metros desde el tronco, pueden causar daños en infraestructuras urbanas. Estas raíces buscan grietas y huecos para propagarse, lo que resulta en el agrietamiento de tuberías, alcantarillados, cimientos de edificios y otras estructuras.

El ailanto es originario de China. Aunque hay registros de su cultivo ornamental desde el siglo XVIII, el Ministerio de Agricultura de España lo considera naturalizado a principios del siglo XIX. A mediados de ese siglo, Marcelino Sáez de Sautuola, conocido por el descubrimiento de las cuevas de Altamira, envió una carta a la Sociedad de Aclimatación de Francia elogiando el éxito de las plantaciones de ailantos, que en aquel entonces eran muy apreciados por sus cualidades ornamentales y medicinales.

El ailanto no es un problema exclusivo de España; es catalogado como especie invasora en casi todo el mundo. En la Unión Europea, figura en la lista de especies exóticas invasoras, lo que obliga a los estados miembros a implementar medidas de control coordinadas. Es común encontrarlo en países como Alemania, Austria, Suiza, la República Checa, la cuenca del Danubio y la mayoría de los países mediterráneos.

La inclusión del ailanto en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013, implica la prohibición legal de su posesión, transporte, tráfico y comercio en todo el territorio español. Las sanciones económicas por infracciones son considerables: desde 100 hasta 3.000 euros para infracciones leves, de 3.001 a 200.000 euros para graves, y hasta 2 millones de euros en los casos más severos. Es importante destacar que estas son normativas estatales, y cada comunidad autónoma puede tener regulaciones adicionales.

No obstante, el Real Decreto contempla una excepción para los ejemplares que ya estaban plantados en jardines particulares, parques urbanos o jardines botánicos antes de la entrada en vigor de la norma. En el caso de los ailantos presentes en jardines públicos, las administraciones tienen la obligación de eliminarlos de manera progresiva.

Erradicar el ailanto es una tarea difícil y costosa. El informe del MITECO explica que simplemente cortar el árbol no es efectivo, ya que esto estimula la aparición de nuevos brotes. La estrategia más eficaz combina la retirada mecánica de las plántulas jóvenes con la aplicación de tratamientos químicos específicos en las hojas o los tocones, una práctica que se está llevando a cabo en los Montes de Málaga y la Sierra de Cazorla.

De cara al futuro, la investigación se centra en el control biológico como una alternativa más sostenible. El ácaro Aculus taihangensis ha demostrado ser un agente específico eficaz. En Estados Unidos, el USDA investiga un hongo del suelo, Verticillium nonalfalfae, que está mostrando resultados prometedores en el control de esta especie.