Arqueólogos han desvelado el misterio que rodeaba a un pecio del siglo XVII descubierto en 1994 en la bahía de Salcombe, Inglaterra. Se trata del Dom van Keulen, un mercante holandés que zarpó de Marruecos en 1633 con un valioso cargamento de oro y otras mercancías, cuyo naufragio y la supervivencia de su tripulación han sido finalmente esclarecidos, aportando luz sobre el comercio marítimo de la época.
A mediados de los años 90, un grupo de buceadores británicos realizó un sorprendente hallazgo en las aguas de la bahía de Salcombe, en Devon: los restos de una embarcación del siglo XVII. Aunque el pecio mostraba un avanzado estado de degradación, ocultaba un auténtico tesoro compuesto por cientos de monedas de oro, joyas y cerámica, la mayoría de las cuales se conservan actualmente en el Museo Británico. Tras la euforia inicial, surgió una gran interrogante: ¿Cuál era el nombre del barco? ¿De dónde procedía y cuál era su destino?
Ahora, después de casi tres décadas, los arqueólogos han resuelto el enigma, identificando al buque mercante localizado en 1994 frente a la bahía de Salcombe, Inglaterra. Aunque se sabía que el barco contenía valiosos tesoros, incluyendo 400 monedas de oro, hasta el momento no se había logrado determinar su nombre, su ruta y la razón por la cual sus restos permanecieron siglos en el lecho marino del canal de la Mancha. El final de la historia estaba allí; faltaba el principio.
La respuesta ha llegado. En una publicación del British Museum, un equipo de investigadores ha revelado que el barco es el Dom van Keulen, un mercante holandés que partió de Marruecos en el otoño de 1633 con destino a los Países Bajos. Sin embargo, el viaje se vio interrumpido por condiciones meteorológicas adversas mientras navegaba con su preciada carga frente a la costa sur de Inglaterra, sufriendo una vía de agua fatal que provocó su hundimiento.
La identificación se logró gracias a la exhaustiva investigación del historiador Ian Frield, quien, en lugar de sumergirse en las aguas del Atlántico, exploró legajos en el Archivo Nacional británico. Allí, Frield localizó documentos que detallan la travesía del Dom van Keulen a principios del siglo XVII, las tormentas que enfrentó y su trágico final en el fondo del mar. A pesar del naufragio, la historia del mercante no fue completamente desdichada, ya que su tripulación logró sobrevivir.
Expertos como Dave Parham, profesor de la Universidad de Boston y editor de un libro sobre el hallazgo, sugieren que “la mayor parte de la carga” fue recuperada en la misma época del naufragio. Esto significa que si Parham y sus colegas están en lo cierto, los tesoros que el barco transportaba fueron rescatados hace mucho tiempo. Sin embargo, ni los armadores del Dom van Keulen ni sus sucesores lograron recuperar todos los artículos apilados en las bodegas. Estos quedaron olvidados durante siglos, entre el fango, hasta que en 1994 los buceadores del SWMAG (Salcombe Underwater Archaeology Group) descubrieron lo que quedaba del pecio. El resto es historia de la arqueología marina: al explorar el yacimiento, los buzos encontraron una parte del cargamento, que mayoritariamente se conserva en el Museo Británico.
Parham ha sido muy explícito sobre la cantidad de mercancías que transportaba el buque: “Entre su cargamento se encontraban 150 sacos de goma arábiga, 64 sacos de salitre, 320 pieles de cabra y 9.000 ducados de Berbería, monedas de oro marroquíes”. Su considerable valor explica por qué la mayor parte de este cargamento fue extraído de las bodegas del mercante, pero por alguna razón, más de 400 monedas permanecieron ocultas hasta la llegada de los buzos del SWMAG en los años 90.
Aunque las cientos de monedas de oro africanas representan el mayor tesoro recuperado del naufragio, no fue lo único hallado. Durante la investigación, los arqueólogos también encontraron un cuenco, una cuchara de peltre, joyas de oro, una pesa con forma de pez, un sello, cerámica y una pieza de oro fundido con forma de dedo. Respecto al mercante holandés, aunque no se conservan retratos de la época, Parham detalla que el pecio mide 30 metros de largo, incluye cañones y anclas, y reposa a unos 18 metros de profundidad.
El descubrimiento es significativo por varias razones. La principal es que finalmente se conoce la identidad del mercante. No solo se sabe que era neerlandés y transportaba un valioso cargamento, sino que ahora se conocen su nombre, trayectoria e historia completa. El SWMAG ha recordado que en la zona también se encontraron restos de madera, cuerda, plomo, vajilla y otras piezas que ofrecen información sobre la vida a bordo de los navíos holandeses que cubrían esa ruta a principios del siglo XVII. Además, el pecio arroja luz sobre el tráfico entre el norte de África y Europa, así como sobre el comercio de metales preciosos. “Proporciona un contexto importante para la riqueza y arquitectura de los sharif saadíes, el comercio de oro africano y pruebas tangibles del floreciente comercio marítimo del siglo XVII que conectaba Marruecos, Países Bajos y Gran Bretaña”, ha comentado Dave Parham.
La relación comercial entre estas regiones era intensa. La Universidad de Bournemouth (BU) señala que entre los siglos XVI y XVII, los holandeses comerciaban activamente, intercambiando manufacturas por oro puro de África Occidental. De hecho, parte de los ducados berberiscos importados se fundían para elaborar monedas de oro holandesas, que gozaban de amplia aceptación en la época. El Dom van Keulen también ha brindado a los arqueólogos marítimos la oportunidad de examinar joyas marroquíes de los siglos XVI y XVII en un contexto fechable, una pista histórica que no se encuentra con frecuencia.