La crisis migratoria en Ceuta puso de manifiesto la compleja relación entre España y Marruecos, reavivando el debate sobre la interdependencia energética. Un cable submarino, conocido como REMO, desempeña un papel crucial para el suministro eléctrico marroquí, generando especulaciones sobre la capacidad de España para influir en su red. Aunque no es un control total, esta conexión es vital para la estabilidad del país africano.
Entre el 30 y 31 de julio de este año, Ceuta experimentó una de las mayores crisis migratorias recientes, con aproximadamente 70.000 personas cruzando irregularmente desde Marruecos a territorio español. Este evento tensó inmediatamente las relaciones entre ambos países y, como es habitual, la desinformación y los bulos se propagaron en redes sociales. Es innegable que este suceso se enmarca en un contexto de relaciones complejas entre España y Marruecos, donde ha resurgido la importancia del cable submarino que conecta a ambas naciones, vital para el país africano, al punto de sugerir que Marruecos podría ser 'apagado' en cualquier momento. Sin embargo, existe una 'letra pequeña' respecto a los cables REMO.
Los cables submarinos son fundamentales. Aunque siempre lo han sido, conflictos como la guerra de Ucrania han resaltado su importancia como nunca antes. En el contexto de las ciudades españolas en África, Ceuta y Melilla dependen de un conjunto de cables esenciales para las telecomunicaciones, pero hay uno aún más significativo: los REMO.
La idea de conectar España y Marruecos con un cable de transporte eléctrico surgió en los años 80, en un periodo de creciente cooperación entre Europa y el Magreb. El objetivo era doble: estabilizar la red marroquí y establecer un canal de intercambio eléctrico que permitiera optimizar la generación en ambos sistemas. A finales de los 90 se instaló la primera línea, denominada REMO I, y a principios de los 2000 entró en funcionamiento la segunda línea, REMO II, con un presupuesto de 115 millones de euros financiado conjuntamente por España, Marruecos y con el apoyo de bancos comunitarios de ambas regiones.
Estos cables miden 29 kilómetros cada uno, son de 400 kV de corriente alterna y tienen una capacidad de transporte de 700 MW cada uno. Además de los cables de transporte de electricidad, existen varios cables de fibra óptica que cumplen funciones de comunicación y teleprotección. Su instalación fue compleja debido a la actividad sísmica de la zona y la intensa práctica pesquera, que obligó a soterrar parcialmente la infraestructura en las áreas más sensibles.
Aunque teóricamente es una infraestructura bidireccional, en la práctica el flujo ha sido predominantemente de España hacia Marruecos. No solo la capacidad comercial es de aproximadamente 900 MW en sentido España-Marruecos y de unos 600 MW en sentido Marruecos-España, sino que, históricamente, el saldo energético ha sido negativo para España, con exportaciones mínimas desde el país africano. Un ejemplo es el último informe de REE, que indica que en 2025, por cuarto año consecutivo, España volvió a exportar mucha más energía de la que importaba a través de este cable. El dato fue de 3.743 GWh netos a favor de España, el valor más alto desde 2017, un 48% superior a 2024.
El apagón de abril del año pasado es un ejemplo concreto, cuando Marruecos importó 778 MW de la red española justo antes del colapso de su red, para posteriormente exportar 519 MW a España para apoyar el repunte del sistema español.
En aquel momento, la parte marroquí señaló que "existe el apoyo mutuo y hemos podido contar con la red española en numerosas ocasiones en el pasado, y viceversa". Sin embargo, a pesar de este apoyo, la Embajada española en Marruecos estima que España suele cubrir entre el 7% y el 17% de la electricidad marroquí. Esto es relevante porque uno de los bulos surgidos tras el incidente en Ceuta fue que España tiene el control total del suministro eléctrico de Marruecos. Aunque la conexión es importante, como se ha visto, no toda la electricidad consumida por el país africano proviene de España. Han desarrollado un mix energético propio basado en carbón, energía solar, hidroeléctrica y gas natural (parte del cual procede de España y alimenta sus centrales). Gracias a esto, el Banco Mundial afirma que el sistema eléctrico de Marruecos es uno de los más fiables de África, lo que ha sido muy beneficioso para el país, impulsando su industria y atrayendo inversiones significativas tanto de Occidente como de China, que utiliza el país africano como base para sus operaciones en Europa y el resto de África. Según El Mundo, Luis Atienza, expresidente de Red Eléctrica, afirma que "Marruecos tiene en España su cordón umbilical energético" porque no es solo una conexión con España, sino con Europa.
No obstante, en periodos de tensión, resurgen esos sentimientos y la idea de cómo España podría 'apagar' Marruecos con solo pulsar un botón. No solo no es tan sencillo, ya que Marruecos no depende exclusivamente de la energía española, sino que tampoco sería lo ideal. En el diario, Atienza subraya que "es importante conocer la interdependencia energética, pero no es deseable usarla como palanca de presión". Jorge Dezcallar, exdirector del CNI y embajador de España en Marruecos durante el despliegue del segundo cable, utiliza un lenguaje más contundente. Dezcallar no comprende la política de debilidad con Marruecos, argumentando que si a uno le va bien, le irá bien al otro, y "por las malas, podemos hacernos mucho daño mutuamente". Añade que "por las malas, España es más fuerte, aunque no lo parezca", y concluye que "desearía no tener que usarla [el arma de la energía y las interconexiones] porque puede llevar a una espiral indeseada. Salvo que nos obliguen".
Dejando de lado el lenguaje duro, la realidad es que la política juega un papel fundamental. De hecho, en 2019 se acordó que ambos países iniciarían un estudio para implementar un tercer cable similar a los dos existentes, con una capacidad de 700 MW y un costo de 150 millones de euros, sufragado a partes iguales por España y Marruecos.