España enfrenta una creciente problemática de incendios forestales, con eventos recientes que señalan deficiencias en la normativa actual. A pesar de las prohibiciones existentes, un sistema plagado de excepciones y ventanas horarias ha demostrado ser insuficiente, especialmente en veranos de condiciones extremas. La situación exige una revisión profunda para adoptar medidas más restrictivas y alineadas con la gravedad del riesgo.
El 16 de julio de 2026, en La Mierla, Guadalajara, una cosechadora agrícola fue el origen de un incidente. En Burgohondo, Ávila, se atribuyó a una imprudencia grave con maquinaria pesada. En Los Gallardos, Almería, la causa fue un cable olvidado, y en las Peñas de Riglos, Huesca, las sospechas apuntan a una campa de obras en la A-132. Aunque se esperan datos oficiales e investigaciones, es evidente que la normativa actual presenta fallos. España se encuentra en una situación crítica que demanda atención inmediata.
A pesar de que no se discute ampliamente, muchas de estas acciones están prohibidas en España. Desde el Real Decreto-ley 15/2022, la Ley de Montes prohíbe el uso de maquinaria que genere deflagración, chispas o descargas eléctricas cuando AEMET pronostica riesgo muy alto o extremo. El RD 716/2025 extendió esta prohibición a un área de 400 metros alrededor de las zonas forestales, a menos que exista una autorización explícita. Sin embargo, el problema radica en que el término “prohibir” resulta excesivo para un sistema lleno de excepciones, declaraciones responsables y horarios permitidos. En el caso de La Mierla, según la información disponible, la cosecha estaba permitida, aunque con ciertas medidas de seguridad.
La complejidad de las regulaciones es considerable. Comunidades como Castilla-La Mancha y Extremadura suspenden trabajos de 14:00 a 17:00, mientras que Galicia lo hace de 12:00 a 18:00. Castilla y León permite la cosecha con matachispas, a menos que la temperatura supere los 30 ºC y la velocidad del viento exceda los 30 km/h, requiriendo que ambas condiciones se den simultáneamente. Esta disparidad se extiende por todo el país, ya que no existe una normativa nacional unificada. Incluso la obra pública se rige por regulaciones similares a las aplicadas a los agricultores.
Esta maraña regulatoria se muestra poco efectiva, especialmente en veranos con condiciones extremas como el actual. Según los datos del MITECO al 2 de agosto, se habían quemado 144.844,80 hectáreas, lo que representa el 0,507 % de la superficie forestal nacional, casi dos veces y media por encima del promedio del 0,207 % de la última década. El sistema europeo EFFIS, que utiliza imágenes satelitales y se actualiza más rápidamente, reportó 222.783 hectáreas quemadas al 5 de agosto, constituyendo el 44,5 % del total de incendios en la Unión Europea. Si la situación persiste, es evidente que la regulación actual está obsoleta.
La situación es una bomba de relojería, sobre todo porque investigaciones de la UPNA, la Universidad de Zaragoza y Fundación Mapfre indican que, aunque este tipo de maquinaria no es la principal causa de incendios, sí tiene el potencial de provocar fuegos muy destructivos al coincidir temporal y espacialmente con las peores condiciones de propagación.
La solución, al observar otros países, parece ser la adopción de medidas más restrictivas. Aunque pueda parecer contradictorio regular más en un sector que ya se considera hiperregulado, la historia demuestra que las regulaciones surgen para resolver problemas generados por el mal uso, la mala fe y las imprudencias. En Portugal, por ejemplo, tras años de crisis, no solo se restringen unas pocas horas, sino que se desplaza toda la actividad nocturna. En Oregón, se aplica un enfoque similar en niveles de riesgo medios, prohibiendo completamente la actividad cuando el riesgo es alto.
Este tipo de medidas no son tan inusuales. En España, la normativa para el trabajo al aire libre ha evolucionado en esta dirección, ajustándose automáticamente con los cambios en las alertas de AEMET. La pregunta es cuánto tiempo tardaremos en abordar seriamente este desafío.