El pasado miércoles, un eclipse solar cautivó a miles de españoles, revelando un fenómeno natural de asombrosa belleza. La autora, a pesar de su extenso conocimiento previo sobre el evento, se sorprendió profundamente al presenciar la totalidad desde León, en un evento organizado por la Agencia Espacial Europea (ESA). La experiencia no solo superó sus expectativas, sino que la conmovió hasta las lágrimas, demostrando el impacto inigualable de este espectáculo celestial.
Hasta hace poco, la Copa del Mundo de Fútbol y el éxito de la selección nacional parecían ser los únicos eventos capaces de generar una unión masiva entre los españoles. Sin embargo, este miércoles se demostró que un fenómeno natural puede lograr una conexión aún mayor. La admiración al presenciar uno de los espectáculos más impresionantes de la naturaleza, el eclipse solar del 12 de agosto, dejó a gran parte de España maravillada. Aunque algunos expresaron preocupaciones sobre posibles conspiraciones o la comercialización de gafas protectoras, el impacto positivo del eclipse fue innegable.
Cientos de miles de personas vieron sus expectativas superadas, incluida la autora, quien, a pesar de haber investigado y escrito extensamente sobre el tema, admitió que el evento la fascinó más de lo esperado. Tuvo la oportunidad de asistir al evento de la Agencia Espacial Europea (ESA) en León, donde pudo experimentar la totalidad del eclipse, una visión que no habría sido posible desde su lugar de residencia, donde solo se observaría de forma parcial. Reconoce que se equivocó al subestimar el eclipse; no solo le gustó, sino que la cautivó profundamente, llegando incluso a emocionarla hasta las lágrimas.
Aunque el eclipse solar ocurrió por la tarde, la mañana estuvo dedicada a talleres para familias en el Palacio de Congresos de León, como parte del evento organizado por la ESA, el Ayuntamiento y la Universidad de la ciudad. Durante este tiempo, la autora aprovechó para generar contenido para sus redes sociales y las de la publicación, además de entrevistar a tres científicos españoles de la ESA, quienes compartieron detalles sobre las misiones espaciales en las que trabajan. Aunque no estaba directamente relacionado con el eclipse, consideró una valiosa oportunidad conversar con profesionales tan destacados.
Los niños disfrutaron especialmente del taller para construir su propia cámara estenopeica. La autora también exploró otros talleres, incluyendo uno para aprender a fabricar una cámara estenopeica y un stand donde se podía probar Lightsound, una aplicación diseñada para que personas ciegas puedan experimentar un eclipse solar a través del sonido. Ella misma lo probó, pero fue particularmente conmovedor observar la experiencia de algunos socios de la ONCE que asistieron al evento. Aunque en ese momento escuchaban un eclipse pregrabado, por la tarde pudieron vivir la experiencia en vivo.
Finalmente, llegó la hora del eclipse solar. Aunque el eclipse parcial comenzó alrededor de las 19:30, las puertas del Palacio de Congresos se abrieron a las 17:30 para que los asistentes pudieran tomar sus lugares y escuchar charlas de científicos de la ESA. Se distribuyeron gafas homologadas a todos los presentes, y minutos antes del inicio del eclipse, voluntarios recorrieron el lugar ofreciendo más gafas a quienes pudieran haberse quedado sin ellas, garantizando un evento totalmente seguro.
Llegó el momento cumbre. La autora y su pareja encontraron un lugar con buena visibilidad del Sol y planificaron su observación. Decidieron ponerse de espaldas al Sol y, cada 10 o 15 minutos, se ponían las gafas para mirar el astro durante unos segundos, retirándolas luego. Para observar el progreso gradual del eclipse, no era necesario más. Aunque las gafas homologadas ofrecen protección, consideraron innecesario asumir riesgos al mirar fijamente durante mucho tiempo o permitir que se filtrara luz. Además, una pantalla grande mostraba la cuenta regresiva para la totalidad, mientras un astrofísico narraba los eventos por un micrófono.
Más allá de los comentarios, que hicieron la espera muy amena, la autora disfrutó observando su entorno. Notó cómo el cielo se oscurecía progresivamente, y la temperatura descendía. Pasaron de aplicar protector solar y abanicarse a sentir incluso algo de frío. Cuando el Sol adoptó la forma de una media Luna, intentó jugar con las sombras. Llevaba un colador para crear el efecto pinhole y proyectar decenas de sombras solares en el suelo. Desafortunadamente, el colador que encontró en León tenía agujeros demasiado pequeños. Para su sorpresa, una señora cercana había llevado un colador mucho más grande y sí logró reproducir ese efecto.
Un detalle curioso fue que, minutos después, recibió por WhatsApp fotos de su hermana y una de sus mejores amigas. Ambas habían notado cómo se proyectaban medias lunas en las paredes a través de las rendijas de las persianas y sabían que a la autora le encantaría verlo. Así transcurrió la cuenta regresiva hasta los últimos momentos de parcialidad. La autora miró el Sol con las gafas durante los últimos 15 segundos. Cuando volvió a ver todo oscuro a través de los filtros, escuchó al astrofísico indicar que ya se podía mirar directamente. Su voz se mezcló con aplausos, vítores y gritos de asombro. Había comenzado la totalidad.
Al quitarse las gafas, su instinto fue hacerlo sin mirar al Sol, por lo que lo primero que percibió fue cómo el cielo se había oscurecido en esos segundos. Luego, como durante la totalidad se puede mirar a simple vista, fijó su mirada en el Sol. No encontró palabras para describir lo que vio: el Sol era un astro completamente diferente, una esfera negra coronada por una protuberancia solar en forma de bola roja. En ese instante, fue consciente de estar en el momento y lugar precisos para que la Luna, 400 veces más pequeña que el Sol, lo cubriera por completo, permitiéndole ver la corona solar, una estructura normalmente invisible. Estaba presenciando algo que la mayoría de las personas nunca ven en su vida. Esta visión, junto con la belleza del cielo, la hizo retractarse de su idea inicial de que el eclipse 'le gustaría, sin más', y comenzó a llorar. En ese momento, los pájaros, posiblemente tan confundidos como ella y los demás presentes, volaron como al atardecer en busca de refugio.
Antes de que terminara la totalidad en León, la autora ya tenía las gafas puestas. Sin embargo, el espectáculo no había concluido. En la pantalla donde habían seguido la cuenta regresiva, apareció la conexión con el observatorio de Javalambre (Teruel), donde la ESA había organizado otro evento. Allí aún no habían alcanzado la totalidad, lo que le permitió ver de nuevo y con mayor claridad el momento exacto de la ocultación completa del Sol y, con ello, detectar el anillo de diamantes y las cuentas de Baily, dos estructuras efímeras que aparecen justo antes de la totalidad de un eclipse solar. De alguna manera, experimentaron una totalidad extendida al unir la observación de León con la de Teruel. Finalizado este punto, comenzó la parcialidad inversa, con la Luna dejando paso al Sol gradualmente. Para la autora, y probablemente para todos los presentes, era el momento de procesar lo que acababan de presenciar.
Su primer impulso fue llamar a sus padres para contarles lo vivido. Ellos solo habían visto el eclipse parcial y les había encantado, pero la experiencia de la totalidad es diferente. Como le habían anticipado quienes ya habían presenciado un eclipse solar total, la magia de la totalidad es fascinante, algo imposible de imaginar hasta que se ve con los propios ojos. No niega que pensó que exageraban, pero ahora comprende perfectamente a qué se referían. Por un momento, sus propios problemas y los del planeta, que no son pocos, desaparecieron de su mente.
Algunos argumentan que la obsesión por el eclipse solar fue una distracción de problemas más importantes. La autora, sin embargo, cree lo contrario. Un fenómeno como el presenciado el 12 de agosto nos recuerda que un planeta donde ocurren cosas tan maravillosas es un mundo por el que vale la pena luchar.