Lodoso, Burgos: Punto de Encuentro Global para Observar el Eclipse Solar Total y la Pasión de los Astrofotógrafos

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La localidad burgalesa de Lodoso se convirtió en el epicentro mundial para presenciar el eclipse solar total, atrayendo a más de 2.000 entusiastas de la astronomía de diversas nacionalidades. Este fenómeno, que no se veía en la provincia desde 1905, generó una profunda emoción y asombro entre los asistentes, quienes experimentaron momentos hipnóticos de oscuridad y una notable bajada de temperatura. La experiencia fue descrita como conmovedora por muchos, incluyendo a cazadores de eclipses veteranos y novatos.

Lodoso, un municipio a 17 kilómetros de Burgos, fue el escenario de un eclipse solar total, considerado uno de los mejores lugares del mundo para su observación. Más de 2.000 personas, procedentes de países como Corea del Sur, Polonia, Francia, Italia, Suecia y República Checa, además de diversas regiones de España, se congregaron para presenciar el evento. Durante el minuto y medio de totalidad, los asistentes manifestaron su emoción con aplausos y gritos de júbilo, mientras captaban el momento con numerosas fotografías. Este fenómeno astronómico no se había registrado en la provincia de Burgos desde el 30 de agosto de 1905. Fueron instantes fascinantes en los que la Luna cubrió completamente el disco solar, revelando un borde plateado impresionante y sumiendo el cielo en una penumbra inusual, donde algunas estrellas se hicieron visibles y la temperatura descendió diez grados, aunque sin causar frío.

Anki, una profesora sueca de 60 años, compartió su experiencia minutos después del eclipse, confesando haber llorado. Para ella, al igual que para muchos presentes, incluyendo el reportero, era el primer eclipse solar total. El evento tuvo lugar en una vasta extensión de campos de cereal, adornados con filas de aerogeneradores, en las más de 200 hectáreas que el Ayuntamiento de Lodoso había acondicionado con estacionamiento, baños, puestos de bebidas, food trucks e incluso música en vivo. Anki, acompañada por su esposo Lars, de 65 años, había llegado en autocaravana tras recorrer aproximadamente 3.000 kilómetros. Otros visitantes, como la familia Cendoya de San Sebastián e Irún, expresaron que el eclipse superó sus expectativas. Uno de los 20 miembros de la familia lo describió como "algo imponente", y su llegada a Lodoso coincidió con la celebración del cumpleaños de Manuel, "el primo mayor". Javier, conocido como Xavier, fue el impulsor de este encuentro familiar; es un apasionado de la astronomía desde los 11 años, cuando construyó su primer telescopio, y había presenciado su primer y único eclipse total en Hungría en 1999.

Xavier compartió una anécdota animado por sus familiares: tuvo la oportunidad de ver el Cometa Halley en 1986 desde la cabina de un avión. Relata que, al preguntar a los pilotos si podía unirse a ellos, aceptaron. Después de conversar sobre el cometa, los pilotos preguntaron si era visible desde su posición; Xavier les indicó que sí, que se encontraba en la cola de la aeronave en ese momento, por lo que giraron 180 grados para observarlo. Una mujer estadounidense, por su parte, enfatizó la importancia de "estar de cuerpo presente" para un eclipse, sugiriendo que la experiencia es inigualable a lo que se ve en fotos o videos. Con el evento de Lodoso, ella sumaba siete eclipses totales, aunque su marido la superaba con 15. Él es Daniel Oppliger, quien ocupa el puesto 99 en el ranking mundial de observadores de eclipses, según la página web eclipse-charser-log. El matrimonio llegó a Lodoso con un grupo de 27 norteamericanos, en una expedición organizada por Tropical Sails, la agencia de viajes de Oppliger, con sede en El Paso, Texas. Este matrimonio, con 50 años de casados, ha viajado a China, Turquía, Australia o México para ver eclipses y planean observar el eclipse solar total de 2027 desde Egipto, que será el más largo del siglo con más de 6 minutos de totalidad. Su agencia ofrece paquetes de viaje para este evento, con opciones desde Marruecos o un crucero por el Nilo en Egipto, a partir de 2.000 dólares.

A unos pocos cientos de metros del área principal habilitada, cerca de las 22:00 horas, Enrique Bordallo, presidente de la Asociación Astronómica de Burgos (Astrobur) desde 2001, se mostraba satisfecho. Mientras cenaba un bocadillo dentro de Mizar, un observatorio construido hace más de 15 años en el Centro Astronómico de Lodoso, un espacio fundado hace 25 años por la Asociación Cultural Amigos de Lodoso, que también alberga otros dos observatorios: Alcor y Polaris. Bordallo comentó que el eclipse del 12 de agosto superó al que presenció en Chile en 2019, su primer eclipse total después de dos intentos fallidos en 1999 (Francia) y 2009 (China) debido a las malas condiciones meteorológicas. Tras meses de arduo trabajo, preparación y divulgación astronómica, el eclipse se había desarrollado perfectamente. A pesar de la adrenalina y la satisfacción, Bordallo no podía descansar mucho, ya que pronto observarían las Perseidas y debían atender a unas cincuenta personas que participarían en una observación astronómica guiada por él y otros miembros de Astrobur. El día anterior al evento, Bordallo había mostrado el complejo y el equipo que preparaban, incluyendo el telescopio Meade LX200 en la cúpula de Mizar, adquirido hace unos 20 años por 5.000 euros. Bordallo trabaja en turnos nocturnos en la estación de autobuses de Burgos, lo que le permite dedicar varios días al mes a su pasión por la observación y fotografía del espacio. Recordó que para viajar a Chile en 2019 y ver su primer eclipse total, agotó todos sus ahorros. Tras una convalecencia hospitalaria, y aún sin estar completamente recuperado, invirtió todo en el viaje junto a su amigo y secretario actual de Astrobur, Francisco Hurtado. Confiesa que, al ver su primera totalidad, rompió a llorar, reflejo de todo lo vivido en ese período.

Dan Becker, un astrofotógrafo de 42 años de Fort Lauderdale, Florida, fue otro de los estadounidenses que viajó a Burgos para observar y fotografiar su segundo eclipse solar total. Rememoró su primer eclipse en Misuri en 2024, para el cual condujo 16 horas. Lo describió como una experiencia "aterradora, emocionante y estimulante", una "sensación extraña, como cuando descubres algo de un amigo de toda la vida para lo que no estás preparado". Compartió esta vivencia con sus hijas, ahora de 14 y 17 años. Becker, ingeniero aeroespacial y ex ingeniero de turbinas de gas, ahora es empresario con una compañía que imprime piezas de coches en 3D, lo que le otorga más tiempo libre para sus expediciones de eclipses. Su fascinación por la astronomía se remonta a la infancia: "Siempre sentí curiosidad por el espacio porque cuanto más miro hacia el universo más cerca estoy de algunas respuestas; ya sabes, ‘las respuestas están ahí fuera’", expresó sonriendo. Becker llegó con un par de amigos, aprovechando para hacer turismo por España, como la mayoría de los extranjeros que recorrieron miles de kilómetros para el eclipse. Transportaba 20 kilos de equipo fotográfico, incluyendo cámaras, ordenadores, baterías y trípodes. Explicó que la fase de totalidad del eclipse es muy breve, lo que exige cambiar la exposición de la cámara rápidamente. En su caso, lo hace automáticamente con un botón. Señaló que se usan obturadores muy rápidos para captar las perlas de Baily y velocidades de obturación lentas para la corona exterior. Becker se ha dedicado a la astrofotografía desde hace cuatro años y, como miembro de la Southern Cross Astronomical Society (SCAS), la segunda más antigua de Estados Unidos, ha recibido mucha instrucción de expertos. Comentó que tiene entre 60 y 70 fotos del universo, ya que cada una requiere mucho tiempo de planificación y ejecución en lugares oscuros sin contaminación lumínica, como los Everglades en Florida. Su propósito de vida, afirmó, es "fotografiar el universo", además de enseñar y divulgar sus conocimientos astronómicos a niños y jóvenes, una labor que realiza como voluntario en la asociación. La mañana siguiente al eclipse, Becker compartió por WhatsApp las fotos que tomó desde Marcilla de Campos, Palencia, un punto elegido por la Reunión Europea de Telescopios Astronómicos 2026, expedición a la que se unió. "He trabajado mucho para venir aquí y estoy muy muy contento con el resultado", aseguró emocionado.

Paul D. Maley, también de Estados Unidos y el cazador de eclipses número uno en el ranking de eclipse-charser-log, estuvo en Burgos en esos días. Con el eclipse de este miércoles, Maley ha visto 90 eclipses desde 1960, de los cuales 31 han sido totales, lo que lo sitúa entre las cuatro personas que más eclipses solares totales han presenciado (Jay Pasachoff encabeza la lista con 36). A diferencia de Becker, Maley ya no se enfoca en la fotografía. Se reunió el 11 de agosto en el Fórum, junto al Museo de la Evolución Humana, después de dar una charla a las más de 100 personas que lo acompañaban en su 55ª expedición mundial para ver eclipses, organizada desde 1970 con Ring of Fire Expeditions bajo el auspicio de la NASA Johnson Space Center Astronomical Society (JSCAS). Esta entidad sin ánimo de lucro, fundada en 1967, agrupa a astrónomos aficionados y personal relacionado con la NASA, dedicados al estudio y disfrute de la astronomía, con el objetivo de compartir telescopios y conocimientos. Maley se hospedó en el lujoso hotel Landa y reveló que había visitado Burgos dos años antes para explorar ubicaciones y preparar la expedición. Sin embargo, a menos de 24 horas del eclipse, aún no desvelaba su lugar de observación, ya que dependería de las condiciones climáticas, pues "cada eclipse es diferente, y nunca se sabe lo que va a suceder". Ante la pregunta de por qué inició y continúa con estas expediciones a sus 79 años, a las que se suman más de 1.000 personas, Maley respondió: "Me interesan los eclipses solares y quiero verlos. No puedo esperar a observarlos donde vivo porque las probabilidades de que eso ocurra, incluso aquí, son de una vez cada 326 años, aproximadamente, así que...".

En sus expediciones de caza de eclipses, Maley ha visitado 45 países, aunque ha viajado a más de 300 naciones, algunas de las cuales ya no existen. Desde niño, Maley mostró interés por la astronomía, una fascinación que creció hasta que trabajó de 1969 a 2010 como contratista aeroespacial en el Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston, Texas, colaborando en misiones desde el programa Apolo hasta la Estación Espacial Internacional. No tiene hijos y siempre viaja con su esposa, a quien conoció en una expedición en Perú en 1994. Explicó que pudo empezar a viajar persiguiendo eclipses cuando sus ahorros aumentaron y sus días de vacaciones laborales se incrementaron con el tiempo, "al principio me daban siete días de vacaciones", enfatizó. Maley tiene innumerables anécdotas de sus viajes. Una de ellas ocurrió en México en 1991, durante una expedición con 300 personas: "Antes del eclipse vinieron mosquitos y comenzaron a picar a todo el mundo. Pero durante la totalidad, los mosquitos se fueron". Relata esta historia para ilustrar cómo animales y seres vivos reaccionan de diversas maneras al oscurecimiento inesperado del cielo; también ha visto flores cerrar sus pétalos durante la totalidad y reabrirse después. Otra anécdota se relaciona con creencias religiosas y tribales. En 1983, en la isla de Java, Indonesia, la religión musulmana recomendaba a la gente no salir de casa durante el eclipse, considerándolo peligroso. El gobierno local, por su parte, ordenó que la policía acompañara a los observadores. Sin embargo, durante la totalidad, Maley y su grupo se encontraron solos: "la policía militar se había ido", recordó entre risas, y "cuando se acabó el eclipse, regresaron".

Maley también ha observado las diversas reacciones de las personas al presenciar un eclipse solar total y las coincidencias con otros entusiastas en aeropuertos de las ciudades anfitrionas. Destacó que le satisface saber que el eclipse sirve como una excusa para que la gente con la que viaja se desconecte de la política. El extrabajador de la NASA señaló que muchos estadounidenses están constantemente al tanto de la actualidad política, lo que genera descontento y división. "El eclipse es una forma de olvidar algunos de los problemas por un corto periodo de tiempo, quizá por un par de horas". En un intercambio de correos el 13 de agosto, Maley respondió a la pregunta sobre cómo vivió el eclipse y su experiencia personal, confirmando que "fue una experiencia increíble" también para él, quien ha visto su trigésimo primer eclipse total. Aseguró que presenciará el eclipse solar total del próximo año y, probablemente, muchos más. Los lectores que hayan vivido la experiencia del eclipse del 12 de agosto, quizás comprendan mejor por qué los cazadores de eclipses nunca se cansan de experimentar un fenómeno planetario que nos aísla por unos segundos de nuestras rutinas y problemas terrenales para expandir nuestra mente hacia las estrellas.