El tradicional Camino de Santiago, antaño un viaje de introspección, se ha transformado en un fenómeno de turismo masivo, generando tensiones con los residentes de Santiago de Compostela. La Praza do Obradoiro, en particular, se ha convertido en un escenario de festividades ruidosas, lejos de la solemnidad que alguna vez caracterizó el final del recorrido, lo que provoca preocupación entre vecinos y autoridades por la saturación y la desvirtuación de su esencia.
El anhelo de recorrer el Camino de Santiago con introspección, visitando albergues sin expectativas y llegando a Santiago de Compostela con asombro y reverencia, independientemente de las creencias, parece haberse desvanecido. La Praza do Obradoiro de Santiago funciona desde hace años como un parque temático para peregrinos, una especie de desafío físico y un 'Grand Prix' adolescente. Como señaló el divulgador cultural Miguel Ángel Cajigal, conocido como el Barroquista, muchos de estos visitantes son jóvenes de fiesta, no peregrinos. El video viral del grupo Pastoral Juvenil de San Carlos Borromeo es solo un ejemplo de una tendencia que lleva tiempo desbordando la ciudad y afectando la convivencia. En la plaza ya no se percibe el aroma a romero, sino a protector solar, y ha perdido la solemnidad del final de un largo viaje, desprendiendo en cambio el ambiente festivo de un macrofestival veraniego, con canciones coreadas a guitarra y a pleno pulmón. Es difícil imaginar cómo se sienten los vecinos de esta explanada, que es Patrimonio Mundial de la Unesco y está sujeta a estrictas normativas patrimoniales.
Hablemos del colapso. Tiendas de campaña en plena Praza do Obradoiro y camisetas de la Jornada Mundial de la Juventud. Con o sin devoción, la coreografía, la escenografía y una cierta lógica de festival aplicada al último tramo del Camino distan mucho de aquellos versículos como el pasaje de Mateo 6:6: «Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público». Los datos lo confirman. Santiago recibió en junio de 2024 a 95.691 viajeros en establecimientos hoteleros. En 2025 casi duplicó la cifra. En julio de 2026, 305.371 viajeros pasaron por allí, casi 30.000 más que en junio. Esto representa una gran cantidad de dinero y mucho ruido. La ciudad tiene apenas 98.000 habitantes, lo que implica una presión turística superior a la de Barcelona, Granada o Sevilla en términos relativos. En el núcleo histórico, en plazas como Cervantes, libreros y quiosqueros describen un reemplazo acelerado de comercios tradicionales por tiendas de recuerdos jacobeos y franquicias de embutidos. La población residente disminuye y las calles se quedan "sin niños". Los alquileres se han encarecido entre un 20% y un 30%, mientras los pisos turísticos expulsan a los residentes autóctonos y vacían los barrios de vida. Postales idénticas, sudaderas serigrafiadas clónicas y botafumeiros de llavero saturan los escaparates. La actual alcaldesa de Santiago, Goretti Sanmartín (BNG), y asociaciones vecinales como A Xuntanza, presidida por Mon Vilar, demandan un cambio de paradigma para frenar lo que denuncian como un parque temático. Ante las crecientes quejas, algunos consideran que el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, evita la responsabilidad. Hoy por hoy, la realidad es que la llegada incesante de forasteros con "sentidiño" no produce "turismofobia" sino ansiedad. A finales de 2024, Rueda se mostró dispuesto a permitir la implementación del gravamen, siempre que el Concello asuma su recaudación y la destine a fines turísticos, pero este complejo pulso institucional aún no se ha resuelto ante el problema de base.
El estruendo de los coros eclesiásticos en el Obradoiro esconde, sin embargo, un diagnóstico sociológico fascinante. Tras el parón pandémico, eventos como la Peregrinación Europea de los Jóvenes en 2022 y la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa en 2023 (que atrajo a peregrinos como el Club de Kayak de Culiacán de México) permiten conectar los datos con el relato. Si se ignora la idea de que "vivimos una era contemporánea marcada por el aislamiento digital y la soledad", aún se puede hablar de movimientos como el exitoso Hakuna Group Music y su sentido de comunidad. Se ha discutido ampliamente sobre la etapa monjil de Rosalía y su disco ‘Lux’, la liturgia de Billie Eilish en ‘When We All Fall Asleep’, el giro de Kanye West con “Jesus Is King”, Karol G revelando “la importancia de su fe”, la conversión cristiana de Farruko, Daddy Yankee o Rauw Alejandro. Películas como ‘Los Domingos’ estructuran su imaginario en torno a una juventud que afirma: “lo primero es Dios, el mejor artista”. Grilex o Estenez mezclan trap, reguetón y estética cristiana, y el Camino de Santiago, como rito iniciático perfecto para esta juventud hiperconectada, encaja maravillosamente dentro de esta narrativa. En agosto de 2026, solo en tres días, llegaron 6.289 peregrinos a Santiago. Fuera de esta vorágine, Santiago sigue siendo el sereno pescador junto a su padre Zebedeo y su amigo Simón. Es decir, la propia Xunta lleva tiempo alertando de una caída de visitantes y pernoctaciones fuera de temporada, con descensos de más del 23% en la ocupación hotelera de enero —un 17% menos en la imagen de todo el primer semestre— y 16.000 pernoctaciones menos respecto al año anterior. Saturación estival y una burbuja desinflada en los meses sin peregrinos.
La espectacularización y la performatividad absoluta de cada instante no se explican solo por la oferta turística. Un estudio sobre el Camino Francés habla de “sobreperegrinación” y “peregrinofobia”: más de medio millón de personas al año en un itinerario concebido como espacio sagrado y, ante cierta falta de conciencia, se reitera el temor de que la experiencia espiritual se diluya y surjan actitudes de rechazo. Las cifras oficiales de la Oficina del Peregrino indican que 2025 cerró con 530.987 compostelas, un récord histórico y el tercer máximo consecutivo, un 6,4% más que en 2024. 2026 parece que superará estas cifras. El Camino Francés concentra alrededor del 45% de las llegadas, seguido por las variantes portuguesas, que suman otro tercio del total. Más de la mitad de quienes recogen la Compostela son extranjeros; Estados Unidos encabeza la lista de países de origen y México se sitúa como principal país latinoamericano —muchas veces compuesto por familias enteras—. El perfil también ha cambiado: las mujeres son mayoría clara —alrededor del 53-54% según diferentes análisis— y buena parte de los caminantes ya no declara motivaciones religiosas, sino simplemente vitales. Ahí encajan bien esos campamentos juveniles, las dinámicas de grupo, los cantos masivos y los abrazos colectivos que se observan en el video del Obradoiro. Y la clave de este festival jacobeo es psicológica: un estudio con 1.188 jóvenes de Texas, reclutados en el marco de un ensayo aleatorizado, muestra cómo el estrés, la soledad y la reducción de interacción física tienen una asociación significativa con mayor depresión, ansiedad y consumo de sustancias. Como este, existen otros estudios longitudinales sobre el impacto en el bienestar de jóvenes solitarios.
Aquí nadie se exime de su parte: la peregrinación se programa como un evento, con hitos visuales y emocionales que deben funcionar en Instagram, TikTok y los videos oficiales de las diócesis. Las administraciones han seguido la misma lógica. Desde la popularización del Camino en 1992, promovida por el gobierno de Fraga en los años noventa, hasta los actuales preparativos para el Xacobeo 2027, la política turística ha presentado el Camino como un acontecimiento espectacular. Mientras el nuevo Código de buenas prácticas del Concello enfatiza principios como el “derecho al descanso”, la “calidad acústica” o la “preferencia peatonal”, lo que perciben los de fuera es un ambiente nada sagrado. De hecho, el gobierno aspira a convertir el Año Santo Xacobeo 2027 en acontecimiento de excepcional interés público (AEIP) y atraer así más financiación privada. Esta hipertrofia choca de frente con el costumbrismo genuino que aún resiste, como las fiestas patronales del barrio de Sar, las charangas que no buscan viralidad y responden a tradiciones centenarias. Porque el debate de fondo no va contra los peregrinos, ni siquiera contra la religión. Va contra la idea de ciudad como feria continua. Los estudios sobre “sobreperegrinación” insisten en que el Camino no está desbordado, sino banalizado. La retórica del “visitante un millón” indica que es crucial establecer una política turística y límites claros al espectáculo. De lo contrario, 2027, año xacobeo, podría convertirse en su propio problema.