El rodaje de 'Barrabás': Cómo un eclipse solar y una producción caótica marcaron una película histórica

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La película 'Barrabás' de 1961 es recordada por su ambicioso rodaje durante un eclipse solar total, que permitió capturar la crucifixión de Jesús con una autenticidad inédita. Sin embargo, la producción estuvo plagada de decisiones insólitas, desde la contratación de actores hasta la recreación de escenarios masivos, convirtiendo su creación en una epopeya cinematográfica tan fascinante como el evento astronómico que aprovechó.

El 15 de febrero de 1961, un eclipse solar total atravesó Francia, Mónaco e Italia, alcanzando su punto máximo de 165 segundos de oscuridad en los Balcanes. El productor Dino De Laurentiis y el director Richard Fleischer decidieron aprovechar este breve lapso para filmar la crucifixión en la película ‘Barrabás’. Con una decisión tomada solo 48 horas antes y sin precedentes cinematográficos, un equipo de ochenta personas se trasladó a Roccastrada, un pueblo de la Toscana. El director de fotografía, Aldo Tonti, retiró los filtros de las cámaras y abrió el diafragma al máximo, confiando en que el celuloide registraría una luz nunca antes capturada de esa manera, y el resultado fue exitoso.

Existe desacuerdo sobre el número de cámaras utilizadas: algunas fuentes mencionan tres (teleobjetivo, plano medio y panorámica), mientras que reportajes recientes elevan la cifra a más de cuarenta, distribuidas en diversas exposiciones. Tampoco hay consenso sobre la ubicación exacta; la mayoría apunta a Roccastrada, Toscana, pero algunas reseñas anglosajonas sugieren Niza. La posición del sol favorece más la primera opción. La secuencia crucial aparece como culminación en la escena del calvario de Cristo, aproximadamente entre los minutos 15 y 17 del metraje. Richard Fleischer tuvo una única oportunidad y ninguna referencia previa. No obstante, el resto del rodaje de esta superproducción de 1961 no fue menos extraordinario: un actor perdió su papel tras un apretón de manos, otra actriz fue contratada solo para despistar a la prensa, y entre los extras se encontraba una futura víctima de Charles Manson. Incluso circuló el rumor de que Fellini estuvo cerca de dirigirla.

De Laurentiis había firmado un acuerdo con Columbia Pictures para producir cuatro películas por 17 millones de dólares, de los cuales ‘Barrabás’ recibió 10 millones, en un momento en que Roma se consolidaba como el Hollywood de bajo costo de la posguerra. El productor intentó contratar a Yul Brynner para el rol principal; Brynner y Fleischer incluso cerraron el acuerdo con un apretón de manos. Sin embargo, el reconocido actor, famoso por sus papeles como Ramsés II en ‘Los diez mandamientos’ (1956) o Chris Adams en ‘Los siete magníficos’ (1960), no era económico, y De Laurentiis finalmente lo descartó porque no le convencía. Previamente, había contratado a Jeanne Moreau solo para pruebas de vestuario, a sabiendas de que nunca la ficharía —el papel ya estaba destinado a su esposa, Silvana Mangano—; este evento fue cubierto por treinta periodistas. Anthony Quinn fue reclutado directamente desde Broadway, donde protagonizaba ‘Becket’ junto a Laurence Olivier, una adaptación de T.S. Eliot estrenada el 5 de octubre de 1960 en el San James Theatre. De Laurentiis pagó 37.500 dólares de compensación y le garantizó tiempo libre para filmar ‘Lawrence de Arabia’ simultáneamente. En la época dorada, Hollywood producía cerca de 200 películas al año, lo que exigía un ritmo frenético.

En aquel entonces, el estudio de De Laurentiis era un “tugurio industrial” con tres platós en ruinas, muy distinto de lo que construiría dos décadas después en Wilmington, Carolina del Norte. Por ello, el productor adquirió cientos de hectáreas de terreno baldío y, con la ayuda del diseñador Mario Chiari, erigió un centenar de edificios simplemente señalando con el dedo. El anfiteatro de Verona sirvió como el Coliseo para la secuencia de gladiadores, un hito para la época: 9.115 extras uniformados llegaron en 75 autobuses desde pueblos cercanos. Entre ellos, una joven de dieciocho años, hija de un militar estadounidense destinado en Vicenza, captó la atención el segundo día de rodaje: se trataba de Sharon Tate, cuya presencia ha sido confirmada por varias fuentes independientes. Durante el mismo rodaje, Anthony Quinn conoció a Jolanda Addolori, figurinista del equipo; tuvieron dos hijos antes de casarse en 1966. La escena de las minas de azufre se filmó en la cima del Etna con 500 extras; en una ocasión, alguien olvidó el carbón necesario para remachar las cadenas de los esclavos, lo que obligó a bajar y volver a subir la montaña, mientras un cielo oscurecido por una tormenta se fusionaba fortuitamente con la ceniza volcánica del suelo. El incendio de Roma se rodó en una sola noche, en una única toma, quemando los decorados construidos.

El guion también fue un proceso complejo, con la participación de Diego Fabbri, Ivo Perilli, Cristopher Fry y Nigel Balchin. Esto a pesar de que se basaba en material preexistente: Pär Lagerkvist publicó su novela en Suecia el 6 de septiembre de 1950, y en solo cuatro meses se imprimieron 47.000 ejemplares. Para diciembre de 1950, ya había alcanzado la octava impresión y se anunciaba una tirada de 50.000. Incluyendo ediciones económicas, colecciones, clubes de lectura y libros de bolsillo, superó los 300.000 ejemplares a principios del siglo XXI. Fue también un éxito internacional, llegando a circular en unas treinta lenguas. No en vano, la novela le otorgó visibilidad y Lagerkvist ganó el Premio Nobel al año siguiente. Sin embargo, la película no obtuvo ningún galardón. En la 35.ª edición de los Óscar de 1962, los premios principales fueron para ‘Lawrence de Arabia’, Gregory Peck por ‘Matar a un Ruiseñor’ y el guionista Ennio de Concini por ‘Divorcio a la italiana’. A pesar del gran presupuesto —Variety incluso reportó su desbordamiento—, el rodaje no sufrió sobrecostes. El estreno, sin embargo, fue irregular: un éxito en Italia a finales de 1961, pero una espera de medio año hasta Londres, y los Estados Unidos no la vieron hasta octubre de 1962, precedidos por Toronto. A pesar de la extensa campaña publicitaria de Columbia, que incluyó una carroza de doce metros desfilando por Los Ángeles ante 1.2 millones de personas, la recaudación en Estados Unidos apenas superó los 3 millones de dólares, ubicándose en el puesto 35 de ese año.

La partitura de Mario Nascimbene, bajo la dirección de orquesta de Franco Ferrara y con manipulaciones de cinta que él denominaba “nuevos sonidos”, fue un éxito. Nascimbene ya había colaborado con Fleischer en ‘Los Vikingos’ (1958), y su relación era muy buena. El momento del eclipse incorpora un arreglo del canto gregoriano ‘Kyrie eleison’ que resulta conmovedor. Además, Nascimbene utilizaba una consola, Mixerama, y sintetizadores de su propia invención, precursores del sampler moderno. La consola operaba con 12 cintas de casete estéreo, lo que permitía generar 24 sonidos en mono. Acumuló más de 1.000 cintas en su estudio, grabando todos los sonidos posibles de una orquesta, “desde el flautín hasta el contrabajo. [...] Cuando tuve todos los sonidos por separado, grabé los registros agudos y graves de cada nota y luego los grabé juntos”. Tanto su trabajo como la fotografía de Tonti recibieron nominaciones a los Nastro d'Argento, pero no obtuvieron más reconocimientos. Hoy, ‘Barrabás’ es considerada una de las 100 películas bíblicas más relevantes de la historia, según el libro de Mathew Page y el BFI. Fiel a la tradición, Barrabás fue el criminal indultado por Poncio Pilatos en lugar de Jesucristo. Su libertad significó la crucifixión del nazareno, un hecho que lo atormentaría durante toda una vida de penurias, desde esclavo en las minas de plata hasta gladiador en Roma, donde finalmente se ganó su lugar como hombre libre.