Proba 3: La Misión de la ESA que Genera Eclipses Solares Artificiales para el Estudio de la Corona

Tecnologia
La misión Proba 3 de la Agencia Espacial Europea (ESA) ha revolucionado el estudio de la corona solar, una estructura gaseosa que normalmente es invisible. Mediante el uso de dos satélites que simulan eclipses, los científicos pueden acceder a esta enigmática región. Esta innovadora aproximación ha permitido recopilar una cantidad de datos equivalente a la obtenida en miles de eclipses naturales, superando las limitaciones geográficas y temporales de estos fenómenos.

Durante el eclipse del pasado 12 de agosto, muchos tuvieron la oportunidad de observar la corona solar, una imponente masa de gas extremadamente caliente que usualmente permanece oculta a la vista. El brillo del Sol es tan intenso que eclipsa la luz mucho más tenue de su corona. Sin embargo, en las condiciones precisas en que la Luna oculta brevemente el Sol, la corona solar se revela con un aspecto llameante. Además de ser un espectáculo natural fascinante, durante siglos los eclipses solares fueron una valiosa oportunidad para que los científicos estudiaran esta enigmática estructura. Actualmente, esta necesidad ha disminuido gracias a instrumentos capaces de crear eclipses artificiales, facilitando el acceso a la corona para su investigación. Aunque ha habido varias misiones con estos instrumentos, Proba 3 destaca como la más innovadora.

Esta misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) se basa en la colaboración de dos satélites: Occulter y Coronagraph. El satélite Occulter está equipado con un disco circular que funciona como una Luna artificial, bloqueando el Sol para simular un eclipse y hacer la corona accesible al Coronagraph, que se encarga de su estudio. Gracias a esta pareja, en 2025 la misión recopiló información equivalente a la que se habría logrado con 4.000 eclipses solares. Se trata de una misión muy interesante, sobre la cual Esther Bastida, una de las científicas del proyecto, ha compartido detalles.

La pareja perfecta

Lo que hace a Proba 3 verdaderamente notable es la precisión con la que operan sus dos satélites. Aunque inicialmente vuelan a una distancia de entre 100 y 200 metros, al crear eclipses artificiales son capaces de acercarse con una precisión milimétrica. Este logro es un hito único en el espacio, conseguido "a través de muchos años de desarrollar diferentes tecnologías que trabajan juntas". Según Esther Bastida, la clave reside en distribuir las tecnologías entre ambas naves, de modo que una se retroalimenta continuamente de la otra. "Por ejemplo, tenemos un grupo de cámaras que están en uno de los satélites y lo que hacen es seguir un patrón de luces LED que se encuentra en el otro", explica la científica de la ESA. "Una vez que están bien colocados y en formación, los dos comprenden que están en esta posición". También es relevante el láser que "va de uno de los satélites hasta el otro y rebota, refinando aún más esta precisión". Además, "los satélites son capaces de comunicarse entre ellos, algo que también es clave, porque comparten dónde están". Con todo esto, se logra que, justo en el momento en que Occulter bloquea el brillo del Sol para exponer la corona, Coronagraph se acerque para recabar información durante seis horas completas.

Un incidente del que Proba 3 ha salido más fuerte

Proba 3 fue lanzada en diciembre de 2024. Desde entonces, todo había transcurrido sin problemas, y 2025 fue un año particularmente productivo. Sin embargo, en febrero de 2026, la misión enfrentó un contratiempo cuando Coronagraph dejó de responder repentinamente. Los científicos de la ESA enviaban comandos al satélite, pero este no devolvía ninguna respuesta. Aunque pudo haber sido un golpe severo para la misión, sus responsables lograron resolver la situación y fortalecerse tras el incidente.

"En un principio, la estrategia fue tratar de comunicarnos con él repetidas veces", comenta Bastida. "Luego comprendimos que la comunicación quizás no estaba siendo posible por otro motivo y llegamos a la conclusión de que lo que probablemente estaba pasando era que el satélite no tenía suficiente potencia o energía como para comunicarse". Sus sospechas, que finalmente se confirmaron, indicaban que el satélite estaba en un estado seguro, "como si estuviese dormido o apagado", girando de manera que su panel solar no apuntaba al Sol. Esto impedía la carga de sus baterías, dejándolo sin energía suficiente para comunicarse. "Llegados a este punto, la prioridad fue con el otro satélite, que afortunadamente estaba perfectamente y lleva varias cámaras", explica la científica de la misión. "Nos acercamos más al satélite que no respondía, al coronógrafo, y tomamos imágenes para comprobar dónde estaba, para saber que estaba bien y poder entender en qué posición estaba exactamente". Esto permitió recolocarlo para que recuperara la energía necesaria para comunicarse. "Al cabo de más o menos un mes desde la anomalía original, el coronógrafo volvió a la vida y empezó a mandar comandos otra vez".

Lo más difícil había pasado, pero aún quedaba trabajo. "En este momento la prioridad estaba en analizar todos los sistemas y ver que habían sobrevivido bien a un mes de estar en el espacio, en temperaturas muy frías y sin supervisión". Afortunadamente, y para alegría de los investigadores, todo estaba en perfecto estado. "El instrumento coronógrafo había sobrevivido, lo cual fue increíble porque significa que el satélite estaba construido con una resiliencia muy grande tanto a nivel de hardware como de software".

El trabajo español detrás de Proba 3

La misión Proba 3 ha contado con una significativa participación española. "SENER, una empresa española, es el contratista principal de la misión, pero no solo SENER, ya que otras empresas también han participado", explica Bastida. "Por ejemplo, Airbus ha fabricado la estructura de los satélites, GMV ha desarrollado las leyes de guiado, navegación y control y los algoritmos de dinámica orbital, y también hemos tenido a Deimos Space realizando el análisis de misión".

Un futuro lleno de posibilidades

Lo logrado con Proba 3 es impresionante. Alcanzar una precisión tan extrema en el espacio está permitiendo estudiar la corona solar como nunca antes, pero también podría tener numerosas aplicaciones futuras. Por ejemplo, "ahora que el problema de la basura espacial es muy relevante, potencialmente se pueden utilizar estas tecnologías para acercarse a objetos de basura espacial, recogerlos y desorbitarlos", comenta Bastida. Además, podría ser útil "para servicios en órbita, como puede ser aportar combustible a un satélite que ya está en órbita".

Miles de eclipses solares

El Sol es 400 veces más grande que la Luna. Sin embargo, durante un eclipse parecen idénticos, ya que nuestro satélite se superpone perfectamente al Sol. Esto se debe a que, además de ser 400 veces más grande, el Sol también está 400 veces más lejos de nosotros que la Luna. Así, se genera un efecto óptico que provoca que, durante el viaje de la Tierra alrededor del Sol y la Luna alrededor de la Tierra, cuando los tres astros se alinean, se produzca ese fascinante efecto de encaje. Esto podría ocurrir muchas veces si la Tierra y la Luna estuvieran en el mismo plano. Sin embargo, el plano lunar forma un ángulo de 5º con el terrestre, lo que disminuye considerablemente la probabilidad de que ocurra un eclipse solar. Normalmente hay entre 2 y 5 eclipses solares al año, la mayoría de los cuales no son totales, por lo que no se llega a ver la corona solar.

Por otro lado, los pocos eclipses solares que ocurren pueden tener lugar en puntos remotos, de difícil acceso para los científicos. "A menudo tienen lugar en zonas donde no hay acceso a telescopios de precisión y quizás es difícil llevarlos, porque puede ser en medio del océano o un lugar muy recóndito", relata Bastida. Este es el motivo por el que un coronógrafo resulta tan útil, sobre todo cuando forma parte de un tándem de satélites tan eficaz como Proba 3. Disponer de miles de eclipses artificiales al año es algo con lo que los primeros científicos que estudiaron la corona solar no podían ni soñar.

No obstante, aún hay dos factores en los que los eclipses naturales superan a los artificiales. Por un lado, Proba 3 no es capaz de aproximarse tanto a la superficie del Sol como un eclipse natural. "Nosotros somos capaces de llegar desde 0,1 radios solares para adelante, mientras que en un eclipse solar natural se puede ver un poquito más", explica la investigadora. Por otro lado, el eclipse natural sigue siendo un espectáculo para los sentidos, por mucho que existan instrumentos que faciliten el trabajo a los científicos. "Los eclipses naturales son complicados, pero como tal son maravillosos y ofrecen un montón de información, aunque sea breve".

En resumen, hoy en día los eclipses no son solo una fuente de información científica. También se han convertido en un fenómeno social, como se pudo observar hace unos días en todos los eventos que se celebraron en España para disfrutar de la totalidad. Mientras muchos disfrutaban viendo cómo el Sol se transforma prácticamente en un nuevo astro durante unos segundos, a su alrededor había naves realizando el trabajo técnico en silencio. Para Esther Bastida, el eclipse del 12 de agosto fue su eclipse solar total. Sin embargo, forma parte del equipo de científicos que han hecho posible crear miles de eclipses solares en un año. Esa es la verdadera magia de la ciencia.