La Granja (Cáceres) acoge una rave masiva con 3.000 asistentes: la Guardia Civil no puede desalojar

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Una pequeña localidad cacereña, La Granja, ha sido el escenario de una rave ilegal que congrega a más de 3.000 personas desde hace cinco días. A pesar de la interrupción del tráfico, un incendio forestal y la gestión de incidentes sanitarios, la Guardia Civil ha optado por un "blindaje completo" en lugar de un desalojo, esperando que el evento termine por agotamiento. La situación pone de manifiesto el vacío legal en España respecto a este tipo de fiestas.

Imagina la escena: un pequeño pueblo de apenas 300 habitantes, rodeado de montañas y silencio, es invadido de repente por miles de desconocidos que instalan kilómetros de cables y enormes muros de altavoces. Así amaneció La Granja, en el norte de Cáceres, con música tecno a todo volumen. Este municipio ha recibido una afluencia masiva de vehículos, unas 2.000 unidades, y caravanas que han ocupado incluso fincas privadas cerca de una piscina natural junto al río Ambroz. Los residentes locales han reaccionado positivamente, señalando que "no se meten con nadie" y que, si pudieran, habrían asistido. Sin embargo, más de 3.000 personas permanecen en el lugar desde el jueves 13 de agosto, y cinco días después, la Guardia Civil no ha logrado disolver la concentración.

El campamento improvisado se ha convertido en una especie de ciudad dentro del pueblo, con dos escenarios, música tecno sonando 18 horas al día, puestos de comida y artesanía, y caravanas procedentes de Francia, Italia, Inglaterra, Alemania y Bélgica. Los participantes acamparon entre los montes de Trasierra y el río Ambroz, tras romper una alambrada de fincas colindantes para acceder campo a través, cuando la Guardia Civil intentó cortar el paso. La gran acumulación de tráfico llegó a colapsar la autovía A-66, obligando a los agentes a priorizar la fluidez de la circulación sobre la restricción de entrada a más asistentes.

El alcalde, Óscar Martín, interrumpió sus vacaciones al enterarse de la situación y descartó un desalojo por considerarlo "contraproducente" para la seguridad. Su mayor preocupación no era el ruido, sino el riesgo de incendios. Su temor se confirmó el sábado, cuando se declaró un incendio forestal en la zona, que fue controlado gracias a la intervención de dos unidades de bomberos, un helicóptero y 16 efectivos del Infoex. La Guardia Civil, por su parte, tuvo que gestionar un traslado sanitario involuntario debido al consumo de estupefacientes y varias denuncias por tenencia de drogas. Se realizan controles diarios de alcohol y drogas, mientras los jóvenes disfrutan de la fiesta.

La música que se escucha es hardtek, psytrance y frenchcore. No hay un cartel público, un line-up ni un promotor visible, lo cual es característico de las free parties o teknivals. En estos eventos, colectivos de sound systems itinerantes, generalmente anónimos, instalan su propio equipo y se turnan en sesiones maratonianas sin cobrar entrada. Este concepto surgió en el Reino Unido a finales de los años 80, llegó a Francia en 1993 con el primer teknival en Fontainebleau, y desde entonces se ha consolidado como un circuito europeo que se desplaza de un país a otro en busca de terrenos disponibles y una policía permisiva.

España carece de una legislación específica contra las raves. Los ayuntamientos aplican ordenanzas generales y el Real Decreto 2816/1982 sobre espectáculos públicos, con multas que varían entre 3.005 y 601.012 euros, dependiendo de la comunidad autónoma y la gravedad de la infracción. En casos de ocupación de terreno privado o daños medioambientales, interviene el Código Penal, donde los desórdenes públicos pueden acarrear penas de seis meses a tres años de prisión. Sin embargo, perseguir a un organizador anónimo que desaparece al finalizar la fiesta resulta, en la práctica, muy complejo.

Estos colectivos itinerantes buscan precisamente lugares aislados, con acceso a agua y bien comunicados por autovía. La Guardia Civil, por su parte, mantiene lo que denomina un "blindaje completo": no interviene para desalojar, pero tampoco permite la entrada de más personas, y espera que la fiesta se disuelva por agotamiento en lugar de por una orden judicial. Aunque lo han descrito como una "fortaleza de acero", los primeros vehículos ya han comenzado a abandonar el lugar.

Francia ha adoptado una postura diferente. El proyecto de ley RIPOST, aprobado en marzo de 2026, penaliza con dos años de prisión y 30.000 euros de multa a quienes organicen eventos de este tipo, además de imponer sanciones a los asistentes. La urgencia de esta legislación se debe a que, en mayo de 2026, más de 20.000 personas asistieron a un Teknival ilegal en un antiguo recinto militar entre Bourges y Cornusse, con el riesgo de munición sin explotar bajo tierra. El evento resultó en 33 intoxicaciones por drogas y la imposición de 600 multas. El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, tuvo que desplazarse personalmente para denunciar el evento.

Un precedente en España fue el de La Peza (Granada), una localidad de 1.170 habitantes que, entre el 30 de diciembre de 2022 y el 6 de enero de 2023, recibió a otras 5.000 personas. Cerca de 40 colectivos musicales de toda Europa organizaron el evento, llamado "Big Fucking Party", que congregó ocho días de música ininterrumpida. El balance final fue sorprendentemente bajo: cuatro detenciones, una de ellas por atropellar a un guardia civil en un control. El campamento se instaló a cuatro kilómetros del pueblo, lo que ayudó a minimizar los problemas con los vecinos, y la fiesta se disolvió de forma voluntaria y pacífica. Este episodio se recuerda con afecto, como una "fiesta simpática que se salió de madre".

Todo el equipo desplegado, incluyendo generadores industriales, luces láser y algunas carpas, deberá ser desmontado. Los ancianos de La Granja han observado con perplejidad el desfile diario de jóvenes con cabellos teñidos, tatuajes extensos y ropa fluorescente. Los precios en la fiesta son accesibles: cervezas a 3 euros, melones enteros al mismo precio, café solo a 1 euro y chupitos de tequila a 2. Aunque la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) ha manifestado quejas por la falta de anticipación, el ambiente general es positivo, especialmente si se compara con los 33 intoxicados en la rave de Teknival, donde participaron más de 40.000 ravers.