Rusia Expande su Infraestructura de Drones: Implicaciones para Europa y la OTAN

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Rusia está transformando su estrategia de guerra de drones, construyendo y ampliando una extensa red de instalaciones para almacenar y lanzar grandes cantidades de drones de largo alcance. Una investigación ha identificado al menos diez emplazamientos, algunos de los cuales ya han participado en ataques contra Ucrania. La ubicación estratégica de estas bases genera preocupación en Europa, dado el potencial alcance de los nuevos modelos de drones.

Actualmente, el espacio revela cómo Rusia está escalando su guerra de drones más allá de una serie de ataques contra Ucrania. Moscú está desarrollando y expandiendo una red de instalaciones diseñadas específicamente para almacenar y lanzar un gran volumen de drones de largo alcance. Un detalle particularmente inquietante para Europa es la ubicación de estas bases.

Una investigación realizada por el Telegraph, utilizando imágenes comerciales de satélite y análisis de la firma especializada DroneSec, ha identificado al menos diez emplazamientos rusos donde se ha construido o ampliado infraestructura dedicada al lanzamiento de drones.

Entre estas instalaciones, se han detectado al menos 59 raíles de lanzamiento, de los cuales aproximadamente 20 tienen una longitud compatible con las nuevas variantes de la familia Geran. No se trata solo de infraestructuras preparadas para el futuro: los datos de seguimiento de fuentes abiertas indican que siete de estos diez emplazamientos ya han sido utilizados en ataques contra Ucrania.

El sitio de Tsymbulova, en la región rusa de Oryol, ilustra la rapidez de esta transformación. Las imágenes iniciales mostraban cuatro raíles, dos de ellos de unos 85 metros de longitud, cuya construcción comenzó a ser visible a finales de 2025. Imágenes más recientes revelan ahora 16 posiciones de lanzamiento, decenas de drones, así como nuevos edificios e infraestructuras de apoyo. Este patrón se repite en otros puntos de la red, con instalaciones erigidas sobre antiguas bases militares y aeródromos civiles, o construidas directamente en zonas remotas; algunas tendrían la capacidad de almacenar más de 1.000 drones antes de su lanzamiento.

Rusia también está desarrollando drones de mayor tamaño. Analistas de TWZ sugieren que los raíles más largos podrían estar asociados con los nuevos Geran-4 y Geran-5, una evolución significativa respecto al Shahed-136 iraní, que Rusia adaptó como su Geran-2. Estos son aparatos propulsados a reacción, más rápidos y potencialmente más difíciles de interceptar, además de capaces de transportar cargas considerablemente mayores.

Según la inteligencia militar ucraniana, el Geran-5 mide aproximadamente seis metros de largo, tiene una envergadura de unos 5,5 metros, puede transportar cerca de 90 kilogramos de carga y tendría un alcance de aproximadamente 1.000 kilómetros. Esto implica una distancia menor que los aproximadamente 1.900 kilómetros atribuidos al Geran-2, pero permite a Rusia sacrificar alcance a cambio de velocidad, supervivencia y una ojiva más destructiva.

La construcción de estas bases coincide con una transformación aún mayor en las fábricas. Rusia ha pasado de emplear cantidades relativamente pequeñas de Shahed durante el invierno de 2022-2023 a producir miles de aparatos de la familia Shahed/Geran cada mes. La planta de Alabuga podría superar los 50.000 drones anuales en 2026, y las oleadas rusas ya han superado los 1.000 aparatos en tan solo 24 horas. Entre enero y marzo de 2026, Rusia habría lanzado alrededor de 16.000 drones de largo alcance contra Ucrania, unos 6.000 más que durante el mismo periodo del año anterior.

La estrategia es lanzar de forma económica y obligar a una defensa costosa. Los Geran han permitido a Rusia lograr algo que resulta mucho más difícil con sus misiles balísticos y de crucero: atacar a una escala masiva y sostenida. Un dron de ataque unidireccional puede producirse en cantidades mucho mayores que esas armas tradicionales, lo que permite lanzar centenares simultáneamente y obligar a Ucrania a gastar interceptores y otros recursos defensivos contra objetivos comparativamente baratos. Los nuevos Geran más pesados añadirían otra posibilidad: destruir determinados objetivos que requieren cargas mayores sin tener que recurrir necesariamente a misiles mucho más caros y disponibles en cantidades menores.

La ubicación de esta nueva infraestructura cambia la dimensión de la amenaza para Europa. Algunas instalaciones están lo suficientemente cerca de las fronteras occidentales rusas como para que, dependiendo del alcance real de las nuevas variantes, partes de Polonia puedan quedar dentro de su radio teórico de acción. Los tres países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) quedarían completamente cubiertos, colocando una de las zonas más expuestas del flanco oriental de la OTAN al alcance potencial de ataques masivos con drones. Esto no demuestra que Rusia tenga intención de atacar territorio aliado, pero sí significa que está construyendo una capacidad que ampliaría considerablemente sus opciones si algún día el conflicto escalara.

Estas instalaciones no son bases secretas ni objetivos invulnerables: Ucrania conoce la ubicación de muchas de ellas y ya ha atacado centros rusos de lanzamiento de drones. El problema es que Moscú está dispersando cada vez más la infraestructura y no depende exclusivamente de instalaciones fijas, ya que también puede lanzar drones desde sistemas móviles instalados sobre vehículos y trasladarlos rápidamente después. Rusia está combinando así tres elementos que hasta ahora había desarrollado por separado (producción industrial de decenas de miles de drones, nuevas variantes más potentes y una red creciente de puntos desde los que lanzarlos) para convertir el Geran en una capa masiva de ataque de largo alcance. Una cosa está clara: las imágenes satelitales muestran que esa red ya no está pensada únicamente en términos de lo que puede alcanzar dentro de Ucrania.