El experimento LUX-ZEPLIN (LZ), diseñado para detectar materia oscura a 1.500 metros bajo tierra, ha reportado un evento anómalo que desafía las explicaciones convencionales. Este hallazgo, compatible con ciertos modelos de materia oscura, surge después de un exhaustivo análisis de datos y la revisión de posibles fuentes de ruido, dejando a los científicos ante una señal intrigante que podría apuntar a nuevas interacciones. La comunidad científica espera nuevos datos para determinar la relevancia de esta observación.
Siete toneladas de xenón líquido activo, protegidas por casi 1.500 metros de roca y múltiples capas adicionales para mitigar la contaminación, son el corazón del experimento LUX-ZEPLIN (LZ). Este nivel extremo de aislamiento es crucial porque las partículas que se buscan, si existen, interactúan con la materia de manera extraordinariamente infrecuente. El objetivo es crear un entorno donde la mayoría de los fenómenos conocidos puedan ser identificados o eliminados, permitiendo así centrarse en señales atípicas.
LZ es una colaboración internacional que persigue la detección de WIMPs (partículas masivas de interacción débil), una de las hipótesis para la materia oscura. Se sabe que esta materia invisible constituye aproximadamente el 85% del universo debido a sus efectos gravitatorios, pero su naturaleza sigue siendo desconocida. LZ busca precisamente verificar una de estas hipótesis, y un reciente análisis de sus datos ha revelado una señal particularmente difícil de interpretar.
Para comprender la búsqueda de LZ, es necesario observar el funcionamiento interno del detector. Cuando una partícula deposita energía en el xenón líquido, produce un primer destello de luz, denominado S1. Simultáneamente, libera electrones que un campo eléctrico dirige hacia la parte superior, donde generan una segunda señal, S2. Los fotomultiplicadores registran ambas señales, y al comparar su intensidad y el tiempo transcurrido entre ellas, los investigadores pueden reconstruir la ubicación y el tipo de interacción. Esta diferenciación es clave para distinguir el ruido de posibles señales de interés.
Cuando los investigadores analizaron los datos, el panorama general no mostró incompatibilidades estadísticas significativas con los modelos teóricos. El análisis se realizó sobre un volumen fiducial de 4,71 toneladas de xenón y acumuló 220 días efectivos de observación entre marzo de 2023 y abril de 2024, lo que equivale a 2,84 toneladas-año de exposición. Tras aplicar todas las selecciones, la muestra científica consistió en 1.710 eventos. Las pruebas de ajuste no indicaron un desacuerdo global significativo.
Para detectar lo inusual, es necesario profundizar y examinar la distribución de estos puntos individualmente. Esto nos lleva al 16 de junio de 2023, cuando LZ registró un evento que adquiere ahora una relevancia particular. El nuevo análisis, presentado en 2026, ha ampliado la búsqueda hacia retrocesos nucleares de mayor energía. La interacción es compatible con un retroceso de aproximadamente 248 keV, lo que implica que un núcleo de xenón habría recibido energía y retrocedido dentro del detector. Además, la señal se ubicó mucho más cerca de la banda esperada para retrocesos nucleares que de la población de retrocesos electrónicos, que son más comunes como ruido de fondo.
A partir de este punto, la tarea fue encontrar una explicación convencional. El equipo investigó si el evento podría atribuirse a radiactividad, neutrones, neutrinos, coincidencias accidentales o algún efecto instrumental que pudiera imitar una interacción nuclear. También revisaron las circunstancias específicas de ese momento: una fuente de cobalto-57 había sido retirada 25 minutos antes, pero estaba ubicada al otro lado del detector y no se observó ninguna población anómala asociada; tampoco había pasado recientemente ningún muón por la cámara. Después de meses de revisar estos posibles fondos, la colaboración no identificó ninguno como una explicación probable.
La ausencia de una causa convencional convincente no transforma automáticamente el evento en materia oscura. Sin embargo, el nuevo análisis fue diseñado para explorar interacciones de mayor energía, incluyendo algunas que ciertos modelos de WIMPs podrían producir. Es importante no confundir este hallazgo: LZ ha observado un evento compatible con determinados modelos de materia oscura, pero no ha identificado la partícula que lo produjo ni ha medido su masa.
En un preprint publicado en arXiv se proporciona más información. La tensión con la hipótesis de solo fondo alcanza un máximo local de 3,4 sigma, pero al corregir por el hecho de que LZ estaba probando múltiples modelos y posibilidades, el resultado desciende a 2,6 sigma globales. Esto se conoce como el efecto de búsqueda múltiple (look-elsewhere effect), y sitúa la anomalía lejos de los 5 sigma que la física de partículas suele requerir para declarar un descubrimiento. Después de toneladas de xenón, años de búsqueda y miles de interacciones analizadas, persiste un único punto sin una explicación convincente. Ahora, los nuevos datos determinarán si este hallazgo cobra mayor relevancia o se diluye.