Descubren en un cajón el primer fósil de dinosaurio hallado en la Antártida

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Un hallazgo inesperado en un cajón de laboratorio ha revelado el primer hueso de dinosaurio encontrado en la Antártida, un descubrimiento que data de 1986. Este fósil, perteneciente a un anquilosaurio juvenil, fue inicialmente confundido con un hueso de mamífero y permaneció sin identificar durante décadas, ofreciendo ahora una nueva perspectiva sobre la vida prehistórica en el continente helado.

Un hueso, que se pensó inicialmente que provenía de un mamífero, fue descubierto en un cajón de laboratorio y se identificó como el primer resto fósil de dinosaurio encontrado en la Antártida. Este hallazgo histórico tuvo lugar en 1986, pero el fósil permaneció sin identificar durante años.

El espécimen corresponde a la vértebra de un anquilosaurio joven, un tipo de dinosaurio herbívoro acorazado. La identificación fue realizada por un grupo de investigadores de la Universidad de California en Riverside (UCR), en colaboración con el Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles.

Los huesos fueron desenterrados durante una expedición a la Isla James Ross, en la península antártica, realizada entre 1986 y 1987. El equipo de paleontólogos, encabezado por William Zinsmeister de la Universidad Purdue, recuperó numerosos fósiles de diversos reptiles marinos y aves. Sin embargo, un fragmento óseo en particular, de aproximadamente siete centímetros de largo, fue catalogado simplemente como “vértebra de un mamífero indeterminado”.

Un estudiante de paleontología de la UCR, que revisaba la colección de fósiles en el museo, encontró el hueso. Al examinarlo, notó que no se parecía a ninguna vértebra de mamífero que conociera y decidió consultarlo con el Dr. Nathan Smith, experto en dinosaurios del Museo de Historia Natural de Los Ángeles.

Smith confirmó la sospecha: el hueso era de un dinosaurio. Este descubrimiento es significativo porque los anquilosaurios son un grupo de dinosaurios inusual en el hemisferio sur. Este hallazgo en la Antártida, junto con otros restos en Australia, sugiere que estos animales podrían haber utilizado un puente terrestre para migrar entre los continentes cuando Gondwana aún existía.

La Antártida, aunque ahora es un desierto helado, era un lugar muy diferente durante el período Cretácico. En ese entonces, el continente disfrutaba de un clima templado, con bosques y una rica vida animal, incluyendo una variedad de dinosaurios. Este hallazgo subraya la importancia de preservar y reexaminar las colecciones de fósiles, ya que a menudo contienen descubrimientos significativos esperando ser identificados.