España implementa nuevas salvaguardas para trabajadores ante el calor extremo

Internacionales
España, uno de los países europeos más afectados por el cambio climático, ha implementado medidas rigurosas para proteger a los trabajadores expuestos a las altas temperaturas. Desde dispositivos de monitoreo corporal hasta ajustes en los horarios laborales y pausas obligatorias, estas iniciativas buscan mitigar los riesgos asociados a las olas de calor, tras registrarse fallecimientos relacionados con el calor en los últimos años.

Las elevadas temperaturas y las cada vez más fuertes olas de calor han impulsado a España a fortalecer las medidas de seguridad para los empleados que realizan sus actividades al aire libre. Desde brazaletes térmicos que alertan sobre un posible golpe de calor hasta jornadas de trabajo más cortas y descansos forzosos para hidratarse, tanto empresas como administraciones están buscando disminuir los peligros vinculados al calor intenso. Considerado uno de los estados europeos más impactados por el cambio climático, España ha endurecido sus protocolos de prevención luego de que se registraran varias muertes de trabajadores vinculadas a las altas temperaturas en años recientes.

En Barcelona, antes de las 10:00 de la mañana, el calor ya se siente. Mientras realiza trabajos de jardinería, Antonio Reina, de 54 años, lleva una de las 1,400 pulseras térmicas distribuidas este año por el Ayuntamiento entre los empleados que laboran al aire libre. “Es un componente adicional de seguridad. Como se supone que suena antes de que tengas síntomas, te permite abandonar la zona de trabajo donde te encuentres, beber agua y buscar sombra”, explicó el trabajador a la AFP.

Estos aparatos, que lucen como un reloj digital sin pantalla, integran un sensor que controla la temperatura corporal. Cuando detectan que el empleado se acerca a niveles críticos, emiten una señal sonora y luminosa para evitar un golpe de calor. Además del uso de estas pulseras, el Ayuntamiento adelantó y redujo los horarios de verano para sus empleados. El protocolo también incluye descansos periódicos para beber líquidos, el uso de gorras refrigerantes y la prohibición de realizar tareas en solitario.

Jornadas más cortas para evitar el calor

En Madrid, donde las temperaturas durante las olas de calor con frecuencia superan los 38 grados Celsius, diversas empresas también han modificado sus horarios. Eli de Sousa, dueño de una compañía dedicada a la instalación de paneles solares, explicó que sus trabajadores comienzan la jornada a las 7:00 de la mañana y terminan alrededor de la 1:00 de la tarde. “Tenemos que parar sí o sí porque es imposible trabajar con ese calor”, comentó. Además, indicó que los empleados tienen acceso a agua fría en todo momento y que, si las temperaturas son extremas, las labores se suspenden para retomarlas otro día.

Una medida similar aplica la empresa donde trabaja Juan Carlos Rodríguez, de 56 años, quien instala equipos de telecomunicaciones en azoteas. “Cada cierto tiempo tenemos que bajar a refrescarnos un poco y a hidratarnos. Trabajamos con arnés y otros equipos de seguridad, así que llega un punto en que necesitas quitártelos y descansar”, relató mientras hacía una pausa junto a su vehículo.

Cambios legales tras varias muertes

España cuenta desde la década de 1990 con una normativa que establece que la temperatura en los espacios de trabajo cerrados no debe exceder los 27 grados Celsius. Sin embargo, esa disposición no siempre se cumple, como han denunciado recientemente trabajadores y docentes en diferentes centros educativos. El fallecimiento de un operario de limpieza de 60 años por un golpe de calor en Madrid, en julio de 2022, marcó un momento crucial. Según Carmen Mancheño, coordinadora de Salud Laboral del sindicato Comisiones Obreras (CCOO), ese caso impulsó cambios tanto en la sociedad como en el Gobierno.

Como respuesta, en 2023 se aprobó una normativa que obliga a las empresas a ajustar las jornadas laborales cuando existan alertas meteorológicas por calor, evitando que los trabajadores realicen tareas al aire libre durante las horas de mayor riesgo. La regulación también exige que las compañías cuenten con protocolos específicos cuando la Agencia Estatal de Meteorología emita alertas naranjas o rojas por altas temperaturas.

Un cumplimiento aún desigual

Aunque estas medidas se aplican ampliamente en sectores como la construcción y los servicios municipales de limpieza, su cumplimiento sigue siendo limitado en otras actividades, advirtió Mancheño. La especialista también señaló que los denominados permisos climáticos, creados tras las inundaciones de Valencia en 2024 para permitir la ausencia laboral ante fenómenos meteorológicos extremos, resultan difíciles de aplicar durante las olas de calor, ya que estas no impiden, en principio, el desplazamiento al trabajo.

Mientras tanto, miles de personas continúan desempeñando sus labores bajo temperaturas sofocantes. “Solo queda beber agua, echarte un poco de agua en la cara y aguantar, no hay otra”, afirmó Fernando García, de 64 años, quien atiende diariamente su quiosco de helados en la Gran Vía de Madrid. Ante este escenario, la ministra de Trabajo de España, Yolanda Díaz, insistió recientemente en que “en el siglo XXI nadie debe enfermar ni morir en su puesto de trabajo”. Como parte de esa estrategia, el Ministerio de Trabajo duplicó las sanciones impuestas a empresas por incumplimientos relacionados con la protección frente al calor, que pasaron de 706,419 euros en 2022 a cerca de 1.6 millones de euros en 2025, reflejando que el reto de garantizar condiciones laborales seguras aún persiste.