La mosca del mango: impacto y desafíos para las exportaciones de fruta a Estados Unidos

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La Anastrepha obliqua, conocida como mosca del mango, ha generado significativas interrupciones en las exportaciones de fruta dominicana hacia Estados Unidos. Esta plaga, una de las más perjudiciales para la producción frutícola en la región, no solo afecta la calidad del producto, sino que también impone rigurosos controles fitosanitarios que encarecen los costos y reducen la competitividad. Comprender sus estragos y las medidas preventivas es crucial para el sector.

La Anastrepha obliqua, comúnmente llamada mosca del mango o mosca de la fruta, es la plaga identificada en cultivos de Baní y Azua que provocó la suspensión provisional de las importaciones de mangos a Estados Unidos. Se le considera una de las infestaciones agrícolas más devastadoras para la producción de frutas en América Latina y el Caribe. Además del mango, este insecto también ataca plantaciones de ciruela tropical y guayaba. Según datos del Ministerio de Agricultura, más allá de reducir la cantidad producida, la presencia de este insecto impacta negativamente la comercialización de la fruta, dado que los mercados internacionales exigen estrictas normas fitosanitarias. Cuando se detecta la plaga, los agricultores deben aplicar tratamientos de cuarentena antes de exportar, lo que eleva los gastos y puede mermar la competitividad del producto dominicano.

¿Cuándo se inicia el perjuicio? El daño comienza cuando la hembra deposita sus huevos dentro del fruto. Al nacer, las larvas se alimentan de la pulpa y, en algunas ocasiones, de la semilla, causando la descomposición interna del mango. Como resultado, el fruto presenta manchas de color marrón o negro, una textura elástica, maduración prematura y, finalmente, se desprende antes de tiempo, disminuyendo considerablemente la producción. Adicionalmente al daño directo a la cosecha, la presencia de esta plaga obliga a implementar tratamientos cuarentenarios para exportar mangos y aumenta el uso de insecticidas, lo que incrementa los costos de producción y el impacto ambiental. Los expertos advierten que una de las principales acciones para evitar su propagación es retirar y destruir los frutos caídos o deteriorados, ya que dejarlos bajo los árboles facilita el desarrollo de las larvas y la reproducción de nuevas moscas. Según especialistas del sector, la negligencia en el manejo de estos desechos puede acelerar su expansión en las plantaciones. Asimismo, sugieren instalar trampas para monitorear la presencia de la mosca, realizar podas para mejorar la ventilación de los árboles y seguir los programas de vigilancia establecidos por las entidades preventivas.

¿Cómo se detecta la plaga? Los expertos explican que los primeros indicios de infestación incluyen pequeñas perforaciones en la cáscara del mango, manchas oscuras o hundidas, maduración anticipada y caída del fruto antes de su tiempo; sin embargo, no representa riesgo para el consumo humano. Al abrir el mango, es común encontrar larvas blancas alimentándose de la pulpa. Los técnicos enfatizan que la identificación temprana y el manejo adecuado de los frutos infestados son las herramientas más efectivas para prevenir que la plaga se extienda a otras áreas productoras del país y comprometa la calidad del mango dominicano en los mercados nacionales e internacionales.

El presidente del Clúster del Mango Dominicano, Rafael Leger, exhortó a las autoridades y a los productores nacionales a reunirse para evaluar las dificultades que afectan la producción de mango y definir estrategias que permitan solicitar una inspección sanitaria con el objetivo de reanudar las exportaciones hacia Estados Unidos. Leger consideró que la coordinación entre los representantes es fundamental para superar los obstáculos que enfrenta la industria y recuperar ese mercado. Rafael Leger asegura que están trabajando para eliminar la contaminación detectada en Baní y Azua, con el fin de que las próximas cosechas no se vean afectadas y se reanude el envío de la fruta hacia Estados Unidos.