España: De Emisor a Receptor Clave de Migración en 35 Años

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En menos de cuatro décadas, España ha experimentado una profunda transformación migratoria, pasando de ser un país de emigración a uno de los principales destinos a nivel continental. Este cambio estructural, evidenciado por un drástico aumento de la población nacida en el extranjero y una reducción de la diáspora española, se atribuye a factores económicos, demográficos y geopolíticos. La migración se ha vuelto esencial para sostener el estado de bienestar en un contexto de baja natalidad.

La realidad de la migración en España ha experimentado un cambio radical en menos de cuatro décadas, evolucionando de una nación exportadora de personas a uno de los principales destinos migratorios de Europa. En 1990, más españoles residían fuera del país (1,4 millones) que personas extranjeras dentro. Para 2024, esta proporción se ha invertido significativamente: 8,9 millones de individuos nacidos fuera de las fronteras españolas viven en España, mientras que 1,6 millones de españoles residen en el extranjero. Este giro estructural se explica por transformaciones económicas, demográficas y geopolíticas.

Esta tendencia comenzó a revertirse alrededor de 1995, cuando el número de inmigrantes (1,3 millones) superó al de emigrantes (1,2 millones), y ha continuado creciendo de manera constante. España enfrenta una severa contracción demográfica debido a su baja tasa de reemplazo. Según el INE, la fecundidad en España es de 1,12 hijos por mujer, muy por debajo del umbral de 2,1 establecido por la OCDE. En este contexto, la migración es fundamental para el mantenimiento del estado de bienestar.

El gráfico presentado es una herramienta interactiva de Our World in Data, titulada "Where do migrants live, and where were they born?", que permite visualizar, para cualquier país, la procedencia de sus residentes nacidos fuera y el destino de sus ciudadanos que viven en el extranjero.

Ambos flujos se concentran en un gráfico que permite filtrar por sexo y navegar temporalmente desde 1990 hasta 2024. Es importante destacar que el mapa muestra la cantidad total acumulada de personas, no las llegadas anuales. Por ejemplo, si en 2024 hay 1,1 millones de personas de origen marroquí en España, esta cifra representa la suma de llegadas a lo largo de varias décadas, no una entrada masiva en un solo año.

Este diagrama de Sankey interactivo es una creación de Our World in Data, una organización sin ánimo de lucro de la Universidad de Oxford que se dedica a la visualización de datos. La información para estos gráficos de flujos bilaterales entre países proviene del International Migrant Stock 2024 de UN DESA, que ofrece un recuento exhaustivo de personas que viven fuera de su país de nacimiento en 233 naciones. Para aquellos países sin censos recientes, las cifras son estimaciones.

35 años de migración, en un completísimo gráfico

Los debates sobre la migración a menudo están marcados por percepciones erróneas y amnesia selectiva. Un ejemplo es el olvido generalizado en España de su propia historia como tierra de emigración, incluso en tiempos recientes. Un estudio de Harvard indica que en los países ricos se tiende a sobrestimar el número de inmigrantes y los recursos que consumen. Por ello, el acceso a información clara e intuitiva es crucial para modificar esta percepción o, al menos, para refutarla con datos. Esta visualización también es relevante porque ilustra las conexiones de España con otros países y las razones detrás de estas, ya que la migración no es aleatoria, sino que sigue redes ya establecidas.

España se convirtió en destino migratorio de forma vertiginosa: el crecimiento económico de los años noventa y dos mil generó una gran demanda de mano de obra que el país no podía satisfacer. Este fue uno de los cambios demográficos más acelerados de Europa en tiempos de paz. Según la Estadística de Migraciones del INE, en 2023 el saldo migratorio superó las 642.000 personas, una de las cifras más altas de los últimos veinte años. Durante este periodo, España ha enfrentado el desafío de gestionar sus fronteras, una complejidad que el gráfico no representa, al igual que no visualiza otros problemas estructurales como la integración y las condiciones de vida reales de estas personas una vez en el país.

Entre 1990 y 2024, el gráfico ha cambiado drásticamente. Hace casi 40 años, la diáspora española era mayor que la población extranjera residente, y los pocos inmigrantes provenían principalmente de Francia, Marruecos y Alemania. Los emigrantes españoles se ubicaban mayormente en Francia y Argentina, una herencia del franquismo y el exilio. Entre 1990 y 2005, el número de inmigrantes se quintuplicó, y países como Ecuador, Colombia y Rumanía emergieron con fuerza como lugares de origen. En 2024, la cifra de inmigrantes asciende a 9 millones de personas, con Marruecos, Colombia y Venezuela como principales países de procedencia, siendo este último un origen casi inexistente en los años 90.

Aunque estos gráficos interactivos permiten identificar rápidamente procedencias, destinos y cantidades acumuladas, resultan insuficientes para una comprensión profunda de los fenómenos migratorios. No diferencian entre perfiles radicalmente distintos: una persona refugiada, una estudiante, una trabajadora temporal o un "expat" con contrato internacional se contabilizan igual en el stock, a pesar de que sus condiciones, derechos y vulnerabilidades son incomparables.

Tampoco incluyen la migración irregular, un fenómeno de particular relevancia en España. Y, sobre todo, reducen a las personas a meros números, mostrando el resultado pero no las causas. Es importante recordar que este flujo no se limita a personas: las remesas que estas envían a sus países de origen constituyen uno de los mayores movimientos de capital hacia el sur global, superando en muchos casos la ayuda oficial al desarrollo.