La construcción de viviendas con módulos prefabricados en 3D se presenta como una alternativa para reducir costos y plazos en el sector inmobiliario. Sin embargo, expertos arquitectos y urbanistas debaten si esta técnica es realmente escalable y si puede ofrecer una solución estructural a la crisis de vivienda o si, por el contrario, representa una herramienta útil pero limitada que debe integrarse en políticas habitacionales más amplias.
Cuando el alcalde de Madrid, José Luís Martínez-Almeida, anunció su primera promoción construida "en madera con módulos 3D prefabricados", su objetivo era claro: abaratar la vivienda "reduciendo plazos". La Empresa Municipal de Vivienda y Suelo (EMVS) manifestó su intención de impulsar la "construcción de 800 viviendas desarrolladas con este sistema" en la comunidad. La cuestión que surge es si este sistema es verdaderamente escalable y una respuesta efectiva a la crisis habitacional que afronta España.
Las licitaciones para edificios plurifamiliares, como el de Madrid, que emplean sistemas industrializados, están volviéndose más comunes. Gerardo del Río, ingeniero civil y director comercial de la constructora Guerola, que posee una fábrica de edificación industrializada 3D, comenta que "Hay casos similares en Andalucía y la Comunidad Valenciana, con distintos sistemas de industrialización, tanto en 2D como 3D, con madera, hormigón o acero”.
Margarita de Luxán García de Diego, arquitecta y catedrática emérita de Expresión Gráfica de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), considera que esta técnica "está en fase prácticamente experimental". A su juicio, aún necesita avanzar para mejorar y superar las limitaciones que la condicionan y "rigidicen su uso". Mientras que las naves industriales y viviendas unifamiliares se han construido con sistemas industriales durante muchos años, la edificación en altura, como hoteles y centros educativos, es un desarrollo más reciente, según aclara Gerardo del Río.
En España, son pocos los edificios que se han construido y finalizado completamente, incluyendo cerramientos y tabiquería, con "impresoras 3D in situ". Hasta ahora, este método integral se ha aplicado en edificaciones de hasta dos pisos de altura. Además, requiere condiciones específicas para la instalación y operación de las impresoras 3D.
En cuanto a si los edificios impresos pueden reducir el precio final, la arquitecta indica que es posible si el cliente es el promotor, lo cual no es habitual. Sin embargo, si un constructor o una empresa inmobiliaria los comercializan, el precio final dependerá de su estrategia. Lo que sí es cierto es que acortan los tiempos de construcción "siempre que el proyecto esté muy bien resuelto y decidido en todas sus partes, incluidos detalles e instalaciones".
El reto de abaratar
Carmen Díaz López, arquitecta, doctora en Ingeniería Civil y profesora e investigadora en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Málaga, comparte esta opinión: "La industrialización abarata procesos, reduce incertidumbre y mejora la eficiencia, pero eso no siempre se traduce automáticamente en una bajada del precio final para quien compra o alquila. El ahorro es más claro en tiempos, gestión y control de costes que en precio de mercado, salvo que haya medidas que orienten estas soluciones hacia la vivienda asequible".
En un pueblo de Soria se ha llevado a cabo una prueba piloto para la construcción de siete viviendas industrializadas. Según el alcalde de Langa de Duero, "las viviendas están divididas en módulos, por lo que hace que estén prácticamente montadas en tres días".
No obstante, los remates finales aún estarían pendientes. Mientras que el proyecto de Madrid utilizó madera, en Soria los prefabricados son de hormigón. "Son sistemas distintos. El primero consiste en un edificio plurifamiliar destinado a un entorno urbano y el segundo se trata de viviendas unifamiliares para entorno rural", explica Gerardo del Río. "Me parece una buena iniciativa frente a la crisis de vivienda, sobre todo en zonas tan despobladas como en Soria, y más siendo soriano", añade.
"Estos proyectos pueden ayudar a paliar la crisis de vivienda porque permiten construir más rápido y con mayor control de costes, algo muy relevante en un contexto de falta de oferta", subraya Carmen Díaz López. No obstante, la experta advierte que "no son una solución estructural por sí solas: la crisis de vivienda también tiene que ver con el suelo, la regulación, la financiación y el funcionamiento del mercado. Son una herramienta útil, pero deben formar parte de una política de vivienda más amplia".
"Lo ideal es que la iniciativa la tome el sector público, poniendo a disposición del sector privado suelo para construir o de construcción de viviendas directamente, que posteriormente pueden ser gestionadas por la propia administración o por el sector privado mediante contratos de concesión", señala del Río.
Margarita de Luxán enfatiza que las viviendas industrializadas tampoco son la panacea para los precios de la vivienda y la escasez de hogares. "La crisis de la vivienda y sus soluciones dependen de muchas cosas y muy complejas, no sólo de las técnicas ni los materiales constructivos", explica. Para ella, los edificios impresos son "una pequeña parte de los muchos planteamientos que deben seguir avanzando". En las circunstancias actuales, "son marginales para definirlos como solución generalizada dada su escala y sus condicionantes".
Para abordar la despoblación rural, proyectos como el de Soria tienen, según Díaz López, potencial si se integran en una estrategia territorial. "Su principal ventaja es que permiten activar vivienda en lugares donde hoy apenas se construye, lo que puede facilitar la llegada de nuevos perfiles: desde jóvenes hasta personas que teletrabajan. Pero la vivienda, por sí sola, no fija población: para que haya impacto real hacen falta servicios, conectividad, empleo y cierta estabilidad demográfica", destaca. "Su impacto dependerá de cómo se escale y, sobre todo, de si se vincula a una estrategia pública capaz de convertir esa rapidez constructiva en vivienda realmente accesible", añade.
Desde la perspectiva de la sostenibilidad, la industrialización de la vivienda ofrece ventajas claras, según la profesora de la Universidad de Málaga: menos residuos, mayor eficiencia energética, mejor control de calidad y una ejecución más precisa. Sin embargo, el debate fundamental no es meramente técnico. "La industrialización puede cambiar cómo construimos, pero no resuelve por sí sola por qué la vivienda sigue siendo inaccesible. El reto ya no es tanto tecnológico como de escala, gobernanza y modelo de acceso", concluye.