Una destacada familia valenciana, conocida por su participación en el embotellado de refrescos, está incursionando en la alta tecnología con la creación de una planta de chips fotónicos. Esta iniciativa, que utilizará luz en lugar de electrones para procesar información, cuenta con una inversión total de 50 millones de euros, de los cuales casi 25 millones provienen de financiación pública a través del programa Perte Chip.
La saga valenciana que ha forjado parte de su fortuna embotellando refrescos, ahora da un salto tecnológico significativo: la construcción de una fábrica de chips que empleará luz en lugar de electrones. Este proyecto ha obtenido casi 25 millones de euros en financiación pública.
La panorámica general. El Consejo de Ministros ha aprobado una financiación pública de casi 25 millones de euros para Attypics Photonics, según información exclusiva de El Confidencial. La compañía, totalmente controlada por Baladre Capital (la sociedad patrimonial de Álvaro Gómez-Trénor, consejero de Coca-Cola Europacific Partners), planea invertir un total de 50 millones de euros para establecer una planta de chips fotónicos en Paterna, una localidad cercana a Valencia.
El Estado participa con un 49% de la inversión a través del Perte Chip, un programa de semiconductores enmarcado en los fondos Next Generation.
El contexto. Los Gómez-Trénor son una familia de larga trayectoria en la alta sociedad valenciana, con dos siglos de historia que se remontan a un irlandés llamado Thomas Trenor Keating. Él fundó la Banca Trenor, incursionó en el comercio de guano y se adentró en la industria agroalimentaria de la región.
Nueve generaciones después, la familia ostenta títulos nobiliarios, propiedades históricas (incluyendo el monasterio de Sant Jeroni de Cotalba, edificios en el centro de Valencia y un parque de uso público en Torrent) y una posición relevante en el ámbito empresarial de la provincia.
Su conexión con Coca-Cola es de larga data: Juan Luis Gómez-Trénor, quien nunca concedió una entrevista y cuya esquela solo mencionaba la palabra "abogado", llegó a ser la segunda fortuna valenciana según Forbes, superado únicamente por Juan Roig, tras poseer el 25% de la filial ibérica.
Álvaro, uno de sus herederos, mantiene su puesto en el consejo de Coca-Cola Europacific Partners.
En detalle. Attypics se fundó en abril de 2026, originada por un equipo de investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia con más de quince años de experiencia en la fabricación de chips fotónicos. La fotónica integrada procesa y transmite información utilizando luz en lugar de electrones, lo que se traduce en mayor velocidad y menor consumo energético.
La empresa aspira a convertirse en el referente privado europeo en el modelo Lab-to-Fab (del laboratorio a la fábrica), abarcando desde el prototipado hasta la fabricación de obleas de 200 y 300 milímetros.
La primera fase prevé 1.240 metros cuadrados de salas limpias y la creación de 100 empleos directos.
La segunda fase expandiría las instalaciones a más de 7.500 metros cuadrados y generaría más de 300 puestos de trabajo.
Por qué es importante. Los chips fotónicos están destinados a ser una infraestructura crucial en centros de datos de IA, telecomunicaciones cuánticas y computación de altas prestaciones. Europa lleva años esforzándose por disminuir su dependencia de Asia y Estados Unidos en el sector de los semiconductores, pero los proyectos privados que se materializan son escasos. El hecho de que una familia con capital propio, dividendos estables de Coca-Cola Europacific Partners y sin necesidad de publicidad decida invertir 50 millones de euros en este nicho, es revelador sobre cómo ciertos patrimonios familiares están interpretando la próxima década.
La entrada en este momento, con el respaldo estatal y un equipo científico consolidado de la UPV, presenta una lógica irrefutable.
Sí, pero. Attypics tiene una existencia de apenas tres meses. La fotónica integrada es un campo donde la brecha entre el laboratorio y la producción industrial a gran escala ha frustrado proyectos con mayor solidez. Depender del Perte Chip implica además estar sujeto a los tiempos de la administración pública, cuya gestión de fondos europeos en tecnología en España ha tenido un historial irregular.
Además, los Gómez-Trénor, más acostumbrados a recibir dividendos que a la gestión de fábricas de semiconductores, deberán demostrar que el conocimiento científico de la UPV puede transformarse en un negocio autosostenible sin el amparo universitario.