El 75% del olivar español opera con pérdidas: un cambio radical en la producción de aceite de oliva

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El sector del olivar español atraviesa una transformación profunda. A pesar de que hace dos años los precios del aceite de oliva alcanzaban cifras récord, la situación actual muestra un escenario desolador. Más del 75% del olivar español produce por debajo de sus costes, evidenciando un cambio de modelo que favorece el regadío y amenaza la rentabilidad del olivar tradicional.

Hubo una época en la que las garrafas de aceite de oliva necesitaban alarmas antirrobo, con precios que se acercaban a los diez euros por litro. En aquel entonces, los analistas cuestionaban la viabilidad de la cultura del aceite de oliva virgen extra (AOVE), mientras los productores tradicionales se veían asfixiados por una producción limitada y una demanda decreciente.

Todo esto sucedió hace dos años. Actualmente, el panorama ha "cambiado" drásticamente.

Ahora, los precios han caído significativamente y, como resultado, más del 75% del olivar español opera por debajo de sus costes de producción, según datos de la asociación de municipios del olivo. Las cifras son claras: los productores siguen enfrentando grandes dificultades y la situación es desalentadora. Sin embargo, esta realidad no implica lo que podría parecer a primera vista.

La cifra del 75%. La asamblea de la AEMO (Asociación Española de Municipios del Olivo) se reunió en Adamuz y presentó su estudio de costes proyectado para 2026. Sus cálculos indican que el precio en origen es de 3,51 euros, lo que significa que más del 75% de la superficie olivarera ya está produciendo con pérdidas o al borde de la rentabilidad.

Esto tiene sentido. La AEMO realiza un análisis más detallado de lo habitual, estableciendo no solo "un coste" sino siete diferentes, uno para cada sistema de cultivo. Al considerar estos distintos sistemas, el olivar deja de ser visto como un 'mar de olivos' y se revela como un complejo sistema agroindustrial.

Para ilustrarlo, los costes del olivar tradicional de montaña rondan los 5,31 euros por kilo, mientras que el olivar de seto de regadío se sitúa en 3,07 euros. Así, con un precio medio de 3,51 euros, el olivar de seto obtiene ganancias, mientras que el tradicional de montaña pierde casi dos euros por kilo.

Los juegos del hambre. Es importante reconocer que la AEMO es una parte interesada en esta discusión, ya que defiende el olivar tradicional, y aún no ha publicado el informe completo. No obstante, las cifras concuerdan con la información previa: independientemente de lo que ocurra en el mercado del aceite de oliva, el resultado es siempre el mismo: el olivar de regadío es el beneficiado.

Esta tendencia es tan evidente que existe una frenética carrera por convertir en regadío todas las hectáreas posibles, sin importar las consecuencias sociales, económicas y medioambientales.

La situación actual... se explica principalmente por un exceso de oferta de aceite: después de varias temporadas con baja producción, se ha pasado de unas 666.000 toneladas en 2022/23 a cerca de 1,4 millones en las dos últimas campañas.

Dado que un tipo de olivo puede mantener su rentabilidad incluso con precios muy bajos, no existen incentivos reales para controlar la oferta, lo que obliga a gran parte de la industria a asumir pérdidas para subsistir una temporada más.

¿Y por qué debería importarnos la situación de los olivareros ahora? En España, y sin entrar en valoraciones sobre la calidad del sector, el olivar desempeña un papel crucial en la vertebración económica, laboral e industrial de la España Vacía. Es un rol discreto y a menudo subestimado, pero que, sin duda, constituye una parte fundamental de la estructura básica de gran parte del país.

No es casualidad que la asociación impulsora de esta iniciativa sea de municipios: el olivar tradicional es un asunto de gran relevancia territorial.

Porque no debemos equivocarnos. Estamos hablando de superficie, no de producción. El olivar de regadío es considerablemente más productivo y su peso en el sector es cada vez mayor. Lo que estamos presenciando es un cambio de modelo dentro de la industria, y, asociado a ello, comenzamos a ver las consecuencias que tendrá a medio plazo.

Spoiler: no serán favorables para la mayoría de la España olivarera.