Un reciente estudio ha revelado que hace 4.000 años, la extremadamente árida cuenca del Tarim en China, hoy un desierto, albergaba ríos, humedales y bosques de álamos. Este sorprendente hallazgo se basa en el análisis de coprolitos de animales y restos de carbón de hogueras de la cultura Xiaohe, proporcionando una visión sin precedentes del paisaje y la vida de las comunidades de la Edad de Bronce en la región.
China cuenta con varios desiertos, pero la cuenca del Tarim, en el noroeste, es notable por su extrema aridez, con precipitaciones anuales que rondan los 20 milímetros. Ante un paisaje de dunas y rocas tan desolado que evoca la luna, resulta difícil imaginar que hace 4.000 años existieran allí ríos, humedales y bosques de álamos. Sin embargo, un estudio reciente ha demostrado que así fue. La clave de este descubrimiento reside en los habitantes de la Edad de Bronce que poblaron la zona, específicamente en los excrementos fosilizados de sus animales y los restos de carbón de sus hogueras.
El hallazgo. El equipo de investigación examinó coprolitos de diversas especies animales provenientes de yacimientos de la cultura Xiaohe, junto con carbón vegetal de sus hogueras. A partir de estos análisis, se obtuvieron dos datos directos: los tipos de árboles utilizados como combustible y la dieta de sus animales. Esto, a su vez, reveló las plantas y árboles presentes en la región. La conclusión es clara: en la Edad de Bronce, el lugar estaba lejos de ser un desierto.
Por qué es importante. Los investigadores sugieren que esta comunidad prehistórica ya practicaba un estilo de vida sedentario desde las primeras fases de ocupación de la zona, incluyendo la ganadería. Los recursos que ofrecía este humedal (pesca, plantas acuáticas, pastos) eran suficientes para sustentar el poblado sin necesidad de agricultura.
Desde una perspectiva ambiental, el estudio ofrece información de primera mano sobre el paisaje del Tarim hace cuatro mil años, antes de que la aridificación transformara la región. El Tarim ha experimentado un clima extremadamente seco desde el Plioceno temprano, aunque durante el Holoceno hubo fluctuaciones frecuentes entre periodos secos y húmedos. Esta información es crucial para modelar el cambio climático pasado y mejorar la predicción de posibles cambios en Asia Central.
Contexto. La cultura Xiaohe ocupó la cuenca del Tarim entre 2050 y 1350 a. C. y es conocida principalmente por sus momias, descubiertas en el desierto durante el siglo XX con vestimentas peculiares de lana y cuero. No obstante, se sabía más sobre sus prácticas funerarias que sobre su organización, su relación con el medio ambiente y su economía.
En detalle. El análisis reveló que el 54% de los carbones identificables correspondía a álamos y sauces, y el 18% a tamariscos, todas ellas especies propias de bosques de ribera. Estas especies son de crecimiento rápido y se regeneran con facilidad, lo que sugiere que la comunidad explotó el bosque de manera más o menos sostenible durante siglos. Considerando la escasez actual de álamos, el equipo propone que el paisaje estaba estructurado en tres zonas: el bosque ribereño, la vegetación arbustiva en la orilla del río y, más allá, el desierto.
Los restos de heces conservaban granos de polen y fitolitos que permitieron reconstruir tanto la dieta del ganado como la naturaleza del paisaje: el 83% de todo el polen provenía de la enea, una planta acuática utilizada históricamente como alimento, fibra y material de construcción. En el caso de los excrementos de oveja, el porcentaje ascendía al 99%, una cifra tan elevada que el equipo la atribuye a que los animales ingerían el polen al beber agua cargada de este o al respirar el aire durante la floración.
Sí, pero. La primera limitación a considerar es que no siempre es posible determinar con certeza la especie animal de origen de cada excremento, lo cual es relevante, ya que no diferenciar entre ovejas, cabras o camellos puede influir significativamente en las conclusiones. Además, la alta presencia de polen de enea podría ser engañosa; esta planta produce grandes cantidades y resiste bien la degradación, por lo que el paisaje real podría haber sido más diverso de lo que sugieren los datos. La pregunta sobre si los habitantes de Xiaohe cultivaban alimentos desde el principio sigue sin respuesta. La evidencia actual sugiere que no, pero la ausencia de hallazgos no implica su inexistencia.