En Francia, el Passage du Gois es una carretera única que se sumerge bajo las aguas del Atlántico dos veces al día debido a la marea. A pesar de los riesgos, atrae a cientos de miles de vehículos anualmente, ofreciendo un paisaje icónico y un desafío para quienes se aventuran a cruzarla. Su futuro, sin embargo, se ve amenazado por el aumento del nivel del mar.
Mientras que en la costa cantábrica es común ver vehículos de turistas en apuros por aparcar indebidamente, en el Passage du Gois, en Francia, la inundación de la carretera no es una sorpresa, sino un evento diario que ocurre dos veces al día con la subida de la marea.
A pesar del evidente riesgo, y existiendo una alternativa como el puente de Noirmoutier, un gran número de personas elige transitar por esta vía. En 2021, la Oficina de Turismo de Noirmoutier registró el paso de 387.823 vehículos. Para aquellos que se atreven a cruzar, el paisaje es ya un icono, habiendo sido incluso punto de partida del Tour de Francia en varias ocasiones.
Ahora hay carretera, ahora no. El Passage du Gois tiene una longitud de 4,125 kilómetros y atraviesa la bahía de Bourgneuf, en pleno océano Atlántico. Conecta la isla de Noirmoutier con el continente en Beauvoir-sur-Mer, cerca de Nantes, y forma parte de la red D948 del departamento de Vendée. El acceso está determinado por las mareas: dependiendo del coeficiente diario, la calzada puede quedar cubierta por entre 1,30 y 4 metros de agua durante cada pleamar.
Pasar o no pasar, he ahí la cuestión. Las recomendaciones de la oficina de turismo local invitan a la cautela antes de cruzar: con un coeficiente de marea alto, se dispone de 90 minutos antes y después de la bajamar. Si el coeficiente es bajo, el margen se reduce drásticamente, aconsejando cruzar solo en el momento exacto de la bajamar. Un error de cálculo en este tramo de cuatro kilómetros puede tener consecuencias graves.
La buena noticia es que, desde el siglo XIX, existen nueve balizas de seguridad donde los conductores pueden resguardarse y esperar a que la marea baje o a la llegada de los servicios de emergencia. Sin embargo, todos los años se registran incidentes con vehículos en apuros. Aunque todo está señalizado, las autoridades se enfrentan a un enemigo inesperado: el GPS, que no proporciona información sobre las mareas bajas ni las condiciones meteorológicas. Se recomienda precaución a quienes sigan ciegamente las indicaciones de aplicaciones como Google Maps.
Los movimientos de las mareas en el Passage du Gois. Service Hydrographique et Océanographique de la Marine
Por qué hacer una carretera ahí. La respuesta corta es que la naturaleza la creó. La respuesta más detallada es que el origen del Passage du Gois es geológico: se formó por la confluencia de dos corrientes opuestas, una del noroeste proveniente del estuario del Loira y otra del sur influenciada por el Atlántico. Ambas corrientes se encuentran en la isla, disminuyendo su velocidad y provocando un fenómeno conocido como wantij. Este proceso de deposición de partículas eleva el lecho marino, formando un dorso natural sobre el cual se construyó la calzada.
Construirla no fue fácil ni rápido. La pavimentación de la calzada tomó cinco años, de 1935 a 1939, un periodo considerable a pesar de su antigüedad. La dificultad residía en que las obras solo podían realizarse durante la bajamar, limitando el tiempo de trabajo diario a dos franjas de aproximadamente dos horas cada una. A partir de entonces, la vía fue transitable para vehículos sobre sus características losas de cemento. Desde su inauguración, varias secciones han sido sometidas a pruebas de pavimentación sin éxito duradero.
Un futuro que pinta muy negro. La carretera inundable del Passage du Gois, aunque no es la primera ni la más larga, es una de las principales candidatas a desaparecer en un futuro cercano. Las proyecciones del IPCC sobre el aumento del nivel del mar, estimadas entre 0,38 y 0,77 metros para 2100 con diferentes escenarios de emisiones a partir de 2050, sugieren que vías como esta verán reducida progresivamente su ventana operativa segura, volviéndose cada vez más inviables y peligrosas.