El Al Lusail, el lujoso superyate del emir de Catar, ha reaparecido tras meses de mantenimiento en un astillero alemán, luciendo completamente renovado. Este proceso, que incluyó una "manita de pintura" y revisiones técnicas, tuvo un costo estimado de más de 35 millones de dólares, demostrando el elevado precio de mantener estas embarcaciones de lujo.
El yate más suntuoso del Golfo Pérsico ha regresado a la navegación después de varios meses de ausencia. La ubicación y los trabajos realizados en la embarcación permanecieron en secreto hasta que el propio fabricante del superyate del emir de Catar lo hizo público en su cuenta de Instagram. Se sabe que partió de un astillero en Alemania y, al ser avistado nuevamente frente a Gibraltar, mostraba un aspecto impecable.
Según lo reportado por Luxury Launches, detrás de esta apariencia renovada hay una inversión que pocos propietarios comunes podrían afrontar: más de 35 millones de dólares. Y esto, considerando que se trataba principalmente de una "manita de pintura". Una vez más, los millonarios evidencian por qué solo ellos pueden permitirse poseer estos superyates.
El Al Lusail, perteneciente al jeque Tamim bin Hamad Al Thani, emir de Catar, es uno de los yates privados más grandes del mundo. Posee 123 metros de eslora y puede albergar a 36 invitados, atendidos por una tripulación de 56 personas, de acuerdo con Yacht Bible. El emir encargó esta embarcación al fabricante Lürssen en 2017, por lo que, tras casi una década de uso, le correspondía un mantenimiento general. Por esta razón, el yate desapareció misteriosamente de las marinas de la costa española donde solía ser visto antes del verano. Ahora se sabe que, durante los últimos siete meses, el Al Lusail estuvo en el astillero de Lürssen en Bremen, sometiéndose a una revisión, y regresó a tiempo para la temporada estival.
Según la publicación de Lürssen, los trabajos incluyeron revisiones técnicas, inspección del casco, mantenimiento de la hélice y el timón, y actualizaciones del sistema de climatización. Aunque no son aspectos muy llamativos, son esenciales para un buque que pesa cerca de 8.500 toneladas. El astillero no proporcionó cifras exactas, pero según estimaciones de Luxury Launches, el costo total del servicio podría ascender a unos 35 millones de dólares.
De esa cantidad, una parte considerable se destina solo a la pintura. Repintar un yate de estas dimensiones requiere retirar previamente todos los herrajes, las barandillas de acero y las juntas de las ventanas. Expertos de astilleros especializados han explicado a Boat International que la preparación (lijado, tratamiento de la corrosión, y dejar la superficie en perfectas condiciones) constituye el 70% del trabajo. La aplicación de la pintura, en sí misma, es la parte más sencilla.
En un barco de tamaño medio, el repintado del casco costaría, como máximo, unos cientos de miles de euros. Sin embargo, el Al Lusail no es una embarcación promedio; tiene la altura de un edificio de seis o siete plantas. Sus seis cubiertas, enormes fachadas de cristal y la curvatura de su casco complican el proceso, lo que eleva el precio final por encima de los 15 millones de dólares (aproximadamente 13 millones de euros), solo para dejar el exterior impecable. A esta cifra se deben añadir el resto de los trabajos de mantenimiento, revisiones del motor y los sistemas eléctricos, así como la renovación de tejidos y mobiliario en los camarotes.
En resumen, el Al Lusail ha cumplido con la norma que establece que el mantenimiento de un yate representa, en promedio, el 10% de su precio de compra. Considerando que su valor se estima en unos 500 millones de dólares, esta revisión le ha resultado incluso económica al emir de Catar.
Tamim bin Hamad Al Thani, el actual emir de Catar, es descendiente de una de las dinastías más influyentes del mundo árabe y preside uno de los fondos soberanos más grandes del planeta, que gestiona activos por unos 475.000 millones de dólares. El propio emir donó uno de los Boeing 747 que utiliza como jets privados para que sirviera de Air Force One temporal en Estados Unidos. Lo cierto es que ahora, con el casco reluciente y los motores a punto, el Al Lusail está preparado para otro verano en el Mediterráneo. Y su propietario, probablemente, ni siquiera se habrá percatado del desembolso que ha implicado.