Buques de la 'Flota Fantasma' Rusa Podrían Estar Sirviendo como Plataformas Encubiertas para Drones, Sugiere Informe

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Un reciente informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) sugiere que buques mercantes vinculados a la 'flota fantasma' rusa podrían estar siendo utilizados como plataformas para lanzar y recuperar drones. Esta hipótesis, de confirmarse, ampliaría significativamente la funcionalidad de estos barcos, que hasta ahora se asociaban principalmente al transporte de petróleo para evadir sanciones, transformándolos en herramientas de espionaje y reconocimiento militar encubierto.

Durante la Primera Guerra Mundial, el Reino Unido desarrolló los Q-ships: mercantes aparentemente inofensivos que ocultaban armamento para engañar a submarinos enemigos. La idea de convertir un barco comercial en un arma no era nueva, pero más de un siglo después, esta estrategia podría haber evolucionado de maneras inesperadas, comenzando con el uso de drones.

A finales de 2024, se registraron incursiones de drones sobre varias bases militares estadounidenses en Inglaterra y, posteriormente, sobre instalaciones estratégicas en Alemania. Estos aparatos aparecían y desaparecían sin dejar rastro, lo que llevó a investigaciones que nunca identificaron públicamente a los responsables. Aunque estos vuelos parecían parte de la creciente guerra híbrida en Europa, un nuevo informe sugiere que su origen podría haber estado mucho más lejos de la costa.

La hipótesis central de un estudio del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) es que es "altamente probable" que Rusia utilizara buques de su conocida flota fantasma como plataformas para el lanzamiento y recuperación de drones. Hasta ahora, esta red de petroleros y mercantes se había vinculado con el transporte de crudo para eludir las sanciones occidentales. Si esta hipótesis se confirma, estos barcos habrían desempeñado una función militar encubierta mucho más sofisticada.

Los analistas han señalado que la gran ventaja de un mercante es precisamente que no se espera que funcione como una plataforma militar. Un barco de este tipo puede permanecer días en aguas internacionales, acercarse discretamente a la costa, lanzar un dron de reconocimiento y continuar su ruta comercial sin levantar sospechas. A diferencia de un portaaviones, cuya presencia es imposible de ocultar, un buque de carga ofrece una cobertura perfecta para operaciones difíciles de atribuir.

Entre los objetivos de estas incursiones figuraban instalaciones como RAF Lakenheath, que se está preparando para albergar armamento nuclear estadounidense, además de RAF Mildenhall, RAF Fairford, RAF Feltwell y la base aérea de Ramstein, en Alemania. Los investigadores recopilaron aproximadamente 170 avisos ciudadanos, de los cuales cerca de la mitad fueron considerados creíbles tras ser corroborados por múltiples testigos o imágenes. También detectaron patrones de vuelo coordinados, diferentes tipos de aeronaves y trayectorias incompatibles con un uso recreativo.

El informe plantea que algunos drones pudieron despegar desde barcos relacionados con Rusia, ubicados fuera del alcance visual de la costa. Entre las posibilidades se menciona el Orlan-10, un dron militar con autonomía suficiente para cubrir esas distancias y equipado con sensores de inteligencia, vigilancia, reconocimiento e incluso capacidades de guerra electrónica. Los propios autores reconocen que emplear un modelo militar identificable aumentaría el riesgo de atribución, por lo que no descartan el uso de drones comerciales modificados para dificultar aún más el rastreo de su origen.

Los autores del estudio admiten que sus conclusiones se basan en una combinación de indicios, capacidades conocidas y coincidencias geográficas, no en pruebas públicas definitivas. Ningún gobierno europeo ha vinculado oficialmente un buque concreto con una incursión específica, aunque distintos responsables políticos han solicitado nuevas investigaciones. Por su parte, tanto el Ministerio de Defensa británico como las Fuerzas Aéreas estadounidenses en Europa han confirmado los vuelos de drones, pero mantienen silencio sobre cualquier información de inteligencia relacionada con su posible autoría.

Si la hipótesis resulta correcta, el problema no sería únicamente la existencia de una flota fantasma dedicada a transportar petróleo ruso. Europa tendría que asumir además que algunos de esos mismos barcos pueden servir como plataformas discretas para operaciones de espionaje, reconocimiento o guerra electrónica a cientos de kilómetros del frente. En otras palabras, la mayor amenaza del informe no es identificar quién lanzó aquellos drones, sino plantear que un simple mercante podría desempeñar parte del papel que hasta ahora solo se atribuía a un portaaviones.