Ante la intensa ola de calor que azota la costa este de Estados Unidos, el secretario de energía ha instruido a los centros de datos y grandes consumidores a activar sus generadores de respaldo. Esta medida busca aliviar la sobrecarga en la red eléctrica, pero genera preocupación por el impacto ambiental debido a las emisiones de los generadores diésel y de gas natural, estableciendo un precedente sobre la flexibilización de normativas ambientales en situaciones de emergencia.
El verano de 2026 comenzó con una fuerte ola de calor extremo que afectó a España, Europa y también a Estados Unidos. Con el uso masivo de aires acondicionados, la red eléctrica se ha visto tensionada, llevando al secretario de energía a tomar una decisión directa que impacta a los centros de datos: activar sus generadores.
La semana pasada, la ola de calor alcanzó su punto máximo, afectando principalmente la costa este estadounidense. Ante esta situación, el secretario de energía, Chris Wright, solicitó a los centros de datos y a otros grandes clientes que comenzaran a utilizar sus generadores de respaldo, los cuales suelen estar inactivos. El propósito de esta acción es reducir la presión sobre la red eléctrica, que ha experimentado un aumento significativo de la demanda debido a las elevadas temperaturas, que en muchos estados se acercaron a los 40 grados Celsius.
Esta orden resalta el impacto que los centros de datos están teniendo en el suministro eléctrico de Estados Unidos, especialmente en la región del Atlántico medio, que concentra la mayor cantidad de centros de datos a nivel mundial. Según datos de Data Center Map, Estados Unidos cuenta con más de 4.300 centros de datos, de los cuales 637 se encuentran solo en Virginia. Otros estados afectados también presentan una alta concentración: 133 en Nueva York, 133 en Pensilvania, 93 en Carolina del Norte, 67 en Nueva Jersey, 53 en Maryland y 42 en Massachusetts.
El principal afectado por esta medida es el medioambiente. Se trata de generadores diésel y de gas natural que emiten contaminantes como monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y partículas en suspensión. El uso de este tipo de generadores está restringido debido a sus efectos en la calidad del aire; por ejemplo, en Texas, su uso solo se autoriza siempre que "el tiempo de funcionamiento no supere el 10 % de la operación anual de la fuente de energía principal".
Un análisis del Washington Post indica que en el estado de Virginia hay al menos 10.500 generadores diésel instalados. Se estima que el solo hecho de usarlos una hora a la semana tiene un impacto sanitario equivalente al de cinco grandes centrales de gas combinadas y se asocia con miles de episodios de asma cada año.
El Departamento de Energía ya era consciente de estas limitaciones y en su directiva autoriza la conexión de estos generadores "sin perjuicio de las limitaciones de calidad del aire". Esta es una decisión temporal diseñada para proteger la estabilidad de la red y el confort térmico de millones de hogares, pero no está exenta de consecuencias. La orden sienta un precedente incómodo: si cada vez que haya un estrés extremo en la red se recurre a "desactivar" las normas ambientales, la excepción podría convertirse en la nueva normalidad.
El gestor que proporciona suministro en la zona es PJM, y la semana pasada superó el récord de demanda establecido hace dos décadas. Según reporta el New York Times, PJM carece de un extenso sistema de baterías que le permita almacenar energía para ser utilizada en situaciones como esta. En otros estados como California o Texas, sí disponen de este tipo de sistemas, lo que les permite afrontar olas de calor o heladas sin necesidad de recurrir a medidas similares.