Investigación sobre el fontanero municipal mejor pagado de Nueva York: Un caso de compatibilidad laboral y horas extra

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La ciudad de Nueva York ha puesto el foco en su empleado municipal mejor remunerado, un supervisor de fontanería que percibió 465.000 dólares. La investigación se centra en la inusual cantidad de horas extraordinarias y la compatibilidad con su actividad en dos empresas privadas, planteando serias dudas sobre la integridad y supervisión dentro de la Autoridad de Vivienda de Nueva York.

En 1927, los registros financieros de Al Capone fueron clave para llevarlo ante la justicia. De manera similar, muchas investigaciones significativas no surgen de denuncias directas, sino del examen minucioso de documentos, como una simple hoja de horas. El año pasado, un caso similar captó la atención en Nueva York.

Sorprendentemente, el empleado municipal con la remuneración más alta en Nueva York no fue el alcalde, el jefe de policía, ni el responsable de bomberos. Fue Jakub Markowski, un supervisor de fontanería de la autoridad municipal de vivienda pública, quien ingresó 465.000 dólares. Esta cifra resultó llamativa, ya que lo posicionó entre los empleados mejor pagados de una plantilla de aproximadamente 350.000 funcionarios públicos.

Las indagaciones iniciales revelaron que una parte sustancial de su salario provenía de una cifra extraordinaria de casi 2.560 horas extraordinarias acumuladas en un único ejercicio fiscal. Esto se traduce en un promedio cercano a siete horas extra diarias durante todo un año, una carga de trabajo excepcional incluso para un servicio que suele atender averías urgentes.

Sin embargo, al revisar la documentación municipal, surgió un dato inesperado: durante el mismo período, Markowski también figuraba al frente de dos empresas privadas de fontanería que operaban en decenas de obras en algunos de los barrios más exclusivos de la ciudad.

Este hallazgo alteró completamente el enfoque del caso. El Departamento de Edificios de Nueva York investiga ahora si la compatibilidad entre ambas actividades cumplía con la normativa municipal y si Markowski contaba con la autorización necesaria tras su ascenso en 2024 a un puesto de supervisión relacionado con la seguridad contra incendios.

Además, los investigadores analizan si Markowski podía ejercer la supervisión directa que exige la ley en trabajos particularmente delicados, como las instalaciones de gas, mientras gestionaba semejante volumen de actividad.

La investigación también busca esclarecer el funcionamiento real de sus empresas. El New York Times informó que, aunque Markowski aparecía como fontanero autorizado, varios contratistas recordaban haber interactuado principalmente con otro empresario, Robert Tarnawa, cuya relación precisa con los trabajos sigue siendo objeto de análisis.

Este punto es especialmente relevante, ya que la legislación de Nueva York exige que ciertas obras sean supervisadas de manera directa y continua por un fontanero con licencia.

El contexto actual agrava la situación. La Autoridad de Vivienda de Nueva York gestiona más de 240 complejos residenciales, albergando a cerca de 300.000 personas, y enfrenta un déficit considerable de inversión para reparar edificios en estado de deterioro. En los últimos años, este organismo ha estado implicado en varios escándalos relacionados con sobornos, extorsión y fraude en horas extraordinarias, lo que ha intensificado el escrutinio sobre cualquier posible irregularidad en la gestión de sus recursos.

Hasta el momento, Markowski no ha sido acusado formalmente de ninguna infracción, y las autoridades mantienen que la investigación sigue abierta. Tampoco se ha hecho público el detalle de las tareas específicas que justificaron sus miles de horas extraordinarias, información que The New York Times solicitó amparándose en la legislación de transparencia.

Lo que sí ha quedado claro es que la historia del empleado público mejor pagado de Nueva York ha evolucionado de ser un caso de salario excepcional a uno de una agenda que las autoridades están examinando minuciosamente. Como señaló la abogada April McIver en el Times: “permitir que una sola persona dirija una empresa privada de fontanería mientras ejerce como supervisor municipal y acumula más horas extra que cualquier otro empleado de la ciudad no solo supone un despilfarro, sino que plantea serias dudas sobre la integridad, la seguridad y la supervisión de las operaciones de la Autoridad de Vivienda de Nueva York”.