El Mediterráneo ya no distingue la 'noche tropical': AEMET advierte que se han vuelto la norma

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Las noches cálidas, donde la temperatura no desciende de los 20 grados Celsius, se están convirtiendo en la norma en el Mediterráneo, según la AEMET. Un reciente estudio del CSIC revela que el calor nocturno, independiente del diurno, está asociado a un aumento significativo de la mortalidad. Este fenómeno pone de manifiesto la creciente necesidad de adaptación ante el incremento proyectado de olas de calor.

El 21 de junio, la estación meteorológica del aeropuerto de Almería registró una mínima de 30,8 ºC durante toda la noche. A las siete de la mañana, la temperatura era equivalente a la que se experimentaba en una tarde de agosto hace dos décadas. Aunque este hecho podría parecer aislado (siendo la primera vez que se registra una mínima así en el Mediterráneo en junio), no lo es. Días después, expertos de la AEMET confirmaron que hablar de "noches tropicales" en el Mediterráneo ha perdido sentido, ya que la mayoría de las noches de verano superan los 20 grados.

La ola de calor de junio fue notablemente excepcional. No solo porque los días 22 y 23 fueron los más cálidos registrados en un junio en el país desde al menos 1950, ni por una anomalía media peninsular de 7,1 ºC. La particularidad más impactante ocurrió en la madrugada: según la AEMET, 24 de sus 86 estaciones principales registraron la mínima más alta de su serie histórica. Este fue un claro indicio de la situación.

Sin embargo, el verdadero problema reside en un indicador que ha perdido su significado justo cuando más se necesita. O, al menos, cuando más conscientes somos de su relevancia.

En 2025, un equipo de investigación del CSIC publicó un estudio en Environment International que analizó 178 ciudades, diferenciando el impacto de las noches cálidas del de los días cálidos. Sus hallazgos sugieren que el calor nocturno se vincula con un incremento de la mortalidad de hasta un 3 %, un efecto independiente del calor diurno. El mecanismo es sorprendentemente simple: si la madrugada no permite que el cuerpo se recupere, el sueño se ve afectado y las patologías cardiovasculares o respiratorias se agravan rápidamente.

¿Por qué debería preocuparnos? Porque el sur de Europa se encuentra entre las regiones más afectadas por los cambios de temperatura.

Además, el mismo estudio del CSIC indica que la sobremortalidad por calor nocturno en España se concentra en el interior (Granada, 3,56 %; Madrid, 3,45 %; o Córdoba, 3,44 %), mientras que el litoral mediterráneo soporta mucho mejor estas condiciones (Barcelona, 0,56 %; Alicante, 0,55 %; o Almería, 0,46 %). Esto sugiere que la clave es la adaptabilidad a este tipo de fenómenos. La costa tiene una ventaja en este aspecto, ya que ha experimentado estas condiciones (aunque con menor intensidad) durante muchos años.

El futuro que se avecina. La AEMET proyecta un aumento de los 22 días de ola de calor anuales actuales a 47 a finales de siglo, incluso con emisiones intermedias. Prepararse ya no es una opción si no queremos recurrir a soluciones extremas como pintar las ventanas de gran parte del país con tiza o yogur blanco.