Un reciente informe de la OCDE, 'Perspectivas de empleo de la OCDE 2026', elogia los avances de España en empleo y reducción de la temporalidad, pero señala un punto crítico: los salarios reales se mantienen por debajo de los niveles de 2021. Este estancamiento sitúa a España entre los países con mayor caída del poder adquisitivo desde la pandemia, evidenciando un desafío persistente en el bienestar económico de los trabajadores.
Es común observar la preocupación ciudadana por el coste de la vida, desde los precios de los alimentos básicos hasta la dificultad para adquirir productos como el salmón, en contraste con el poder adquisitivo de los salarios. Esta inquietud se ve respaldada por el informe 'Perspectivas de empleo de la OCDE 2026', que, si bien reconoce progresos en el mercado laboral español, subraya un punto débil significativo: los bajos salarios.
El organismo con sede en París evalúa anualmente la situación laboral de sus más de 40 países miembros. En su análisis de 2026, la OCDE reconoce avances importantes en el mercado laboral español, como el incremento del empleo, la disminución de la temporalidad y un descenso gradual del desempleo. No obstante, al abordar el tema salarial, el panorama cambia.
Según los datos de la OCDE, los salarios reales en España, tras descontar la inflación, se sitúan un 2% por debajo de los niveles registrados a principios de 2021, justo antes del repunte de los precios. Esto implica que, en términos de poder adquisitivo, los salarios están en una situación peor que hace cinco años. Este porcentaje posiciona a España entre los tres países con la mayor caída del poder adquisitivo desde el inicio de la pandemia, solo superada por Italia y Australia. Mientras gran parte de Europa ha logrado recuperar su poder adquisitivo pospandémico, España sigue rezagada.
Es crucial analizar la evolución de los salarios en España, ya que no todos han progresado de la misma manera en los últimos cinco años. El salario mínimo ha experimentado aumentos anuales por decreto, alcanzando los 1.221 euros mensuales en 2026, un incremento del 3,1% respecto al año anterior. Desde 2018, ha crecido más del 60%. Esta subida, controlada por el Gobierno, ha protegido a los trabajadores con menores ingresos. Sin embargo, la situación difiere para los salarios que superan este mínimo obligatorio, cuya evolución depende de las empresas. Mientras el salario mínimo ha aumentado, el salario medio apenas ha variado, lo que reduce la brecha entre ambos y acerca a un número creciente de empleados al umbral de ingresos mínimos. Así, un trabajador con años de experiencia puede percibir un salario apenas superior al de un joven en su primer empleo.
Los datos del INE confirman que el coste laboral por trabajador aumentó un 4,9% en el primer trimestre de 2026. No obstante, al comparar esta cifra con una inflación cercana al 3%, el margen de mejora real es limitado, y para una parte considerable de la fuerza laboral, el incremento de su poder adquisitivo es casi nulo. La OCDE advierte que, a pesar de un crecimiento del 2% en los salarios reales durante el último año, estos siguen un 2% por debajo de su nivel del primer trimestre de 2021, lo que sitúa a España entre las economías de la OCDE con mayor caída desde la pandemia, destacando el estancamiento salarial.
La OCDE atribuye este estancamiento a un factor conocido: la productividad. España ha experimentado una década con escasas mejoras en sus cifras de productividad, lo que limita el margen para aumentar los salarios sin afectar los márgenes empresariales. El informe de la OCDE señala que, dado el estancamiento del crecimiento de la productividad laboral en la última década y en un contexto de renovadas presiones inflacionarias a corto plazo, no se prevé que los salarios reales repunten a lo largo de 2026 y 2027.
Un aspecto positivo es que, a pesar del estancamiento de los últimos años, las empresas españolas han mostrado una menor reactividad ante las fluctuaciones económicas. La proporción de empresas que despidieron a empleados debido a cambios económicos disminuyó del 8,9% a finales de 2019 al 4,3% en el primer trimestre de 2026. El organismo atribuye este descenso a la aplicación de la reforma laboral de 2022. El informe indica que “la reforma ha impulsado un mayor recurso a la contratación indefinida: la proporción de trabajadores con contratos temporales cayó del 24,8% en el primer trimestre de 2022 al 14,8% en el primer trimestre de 2026, aunque sigue siendo superior a la de la mayoría de los países de la OCDE”.
Otro obstáculo que la OCDE identifica en el mercado laboral español, aunque conocido, no es menos grave: el desempleo. España se mantiene como el segundo país con la tasa de paro más alta de toda la OCDE, duplicando la media y solo superada por Finlandia. Según los datos de paro del Ministerio de Trabajo, en mayo la tasa descendió al 10,3%, alcanzando niveles de 2007. Aunque representa una mejora, parte de un punto de partida muy elevado. Detrás de esta cifra también existe un factor de desigualdad geográfica. La diferencia entre las regiones con mayor y menor desempleo alcanza los 15,5 puntos, muy por encima del promedio de la OCDE. La búsqueda de empleo no es igual en todas las regiones, y esta brecha también se refleja en los ingresos de los hogares, según el propio informe.