La generación Z ha popularizado el 'Everything Shower', un ritual de higiene de 50 minutos que promete relajación y un 'reinicio' personal. Sin embargo, esta práctica, que incluye múltiples pasos de limpieza y cuidado, plantea serias preocupaciones desde la perspectiva dermatológica y de sostenibilidad. Expertos advierten sobre los efectos negativos en la piel y el alarmante consumo de agua que implica.
Las redes sociales a menudo popularizan retos o hábitos que previamente no estaban extendidos. El más reciente es una tendencia de autocuidado de la generación Z, conocida como 'Everything Shower' o las 'olimpiadas de la higiene'. Este concepto transforma la ducha en un extenso ritual de belleza que abarca exfoliación, depilación, mascarillas capilares, limpieza profunda e hidratación, extendiéndose por unos 50 minutos.
Impulsada por la idea de autocuidado y bienestar mental, esta práctica se ha viralizado como la rutina ideal para 'reiniciar' el fin de semana. No obstante, al analizar esta tendencia desde una perspectiva científica, la situación cambia drásticamente. Tanto para la salud pública como para la sostenibilidad, las duchas de 50 minutos no benefician al cuerpo, sino que pueden ser perjudiciales.
Puede parecer contradictorio, pero la exposición prolongada del cuerpo al agua durante casi una hora no hidrata; de hecho, provoca el efecto contrario. El consenso dermatológico indica que la exposición extendida al agua, especialmente si está caliente, y el uso continuo de tensioactivos presentes en geles y champús, afecta negativamente la barrera cutánea.
La razón de este daño está bien documentada: permanecer 50 minutos bajo el chorro de agua causa una pérdida de agua transepidérmica. Al eliminar de forma agresiva los lípidos y los factores hidratantes naturales de la piel, la capa más externa se deshidrata. Además, el lavado excesivo altera el pH y daña el microbioma cutáneo, que consiste en bacterias protectoras.
Las consecuencias de esta deshidratación cutánea incluyen un mayor riesgo de xerosis, es decir, piel seca crónica, además de sensación de tirantez, descamación y picor. En personas con piel sensible o tendencia a la dermatitis atópica, un ritual de este tipo puede desencadenar un brote severo.
Los expertos señalan que la ducha ideal debería ser breve, de entre 3 y 5 minutos, y siempre con agua tibia, no hirviendo. También sugieren un enjabonado focalizado exclusivamente en las zonas de mayor sudoración, como axilas, ingles o genitales.
De hecho, para la mayoría de las personas, una ducha diaria con jabón por todo el cuerpo no es estrictamente necesaria para mantener una buena salud.
Si el impacto en la piel es preocupante, el impacto ambiental es una catástrofe. Calculando que una ducha de 10 minutos consume un promedio de 200 litros de agua, un ritual de higiene de 50 minutos puede gastar 1.000 litros de agua por persona.
Esta cifra es desorbitada y contrasta con cualquier política de protección del recurso hídrico, que es escaso, sin mencionar el enorme coste energético que implica calentar esa cantidad de agua.
Para contextualizar este despilfarro, basta con revisar las directrices de la OMS a través de su programa WASH, que establece como referencia de higiene sostenible una ducha de 5 minutos o menos. Para tener una idea, el objetivo de consumo medio diario fijado por la organización para cubrir todas las necesidades básicas de una persona ronda los 95 litros de agua en total.