Barcelona implementa pulseras térmicas para proteger a sus trabajadores de los golpes de calor

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Ante el riesgo de golpes de calor en jornadas laborales al aire libre, el Ayuntamiento de Barcelona ha distribuido 1.400 pulseras térmicas entre sus operarios. Esta medida, ya utilizada en Japón, busca anticipar situaciones de riesgo y proteger a los trabajadores de las altas temperaturas. La iniciativa complementa otros protocolos, aunque los sindicatos reclaman mayores inversiones para garantizar la seguridad.

Hace poco más de un año, Montserrat Aguilar, trabajadora del servicio de limpieza de Barcelona, falleció tras desplomarse en su casa después de barrer las calles del Raval bajo temperaturas superiores a 35ºC. Aunque la familia aún esperaba los resultados de la autopsia a principios de 2026, su muerte generó un intenso debate sobre las condiciones laborales de los operarios expuestos a las olas de calor.

Este año, Barcelona ha optado por una tecnología conocida en Japón: pulseras capaces de anticiparse a los golpes de calor. En medio de una ola de calor extremo, con el termómetro superando los 40ºC, el Ayuntamiento ha decidido reforzar la seguridad de parte de los operarios que prestan servicios públicos en la calle. Se han repartido 1.400 pulseras térmicas entre el personal encargado de la limpieza, el alumbrado público y el cuidado de las zonas ajardinadas.

Esta no es la única medida. Barcelona también ha adaptado la jornada laboral de los jardineros en verano, adelantando la hora de entrada y salida para evitar las franjas más peligrosas, y ha adoptado protocolos especiales para la canícula.

Sin embargo, los sindicatos consideran que estas medidas no son suficientes. Carlos del Barrio, de CCOO, enfatiza que "la no exposición es la mejor prevención". Los representantes de los trabajadores recuerdan que "ninguna medida es suficiente por sí sola" y demandan mayor inversión para, entre otras cosas, instalar aire acondicionado en los vehículos. Desde Comisiones Obreras, se señala que una parte relevante de la flota carece de climatización, y algunos vehículos, como los de riego, tienen el motor justo bajo el asiento, lo cual es indeseable en agosto.

Las pulseras funcionan ajustándose a la muñeca del operario y controlando su temperatura. Si detectan un aumento excesivo que se acerca a niveles peligrosos, emiten una señal (vibración e iluminación) para que el trabajador tome medidas. En Barcelona, cuando la pulsera térmica emite su aviso, el operario debe detenerse, buscar sombra, beber agua e informar a su supervisor. La pulsera indicará con una señal luminosa verde cuándo está en condiciones de continuar.

En el caso específico de Barcelona, Parques y Jardines ha invertido casi 60.000 euros en sensores de la empresa Metalco, diseñados para alertar al usuario "dos niveles antes" del golpe de calor. Están configurados para activar la alarma cuando la temperatura corporal profunda alcanza aproximadamente los 38ºC. Esta es la pauta general, aunque el sensor debe considerar las condiciones individuales de cada usuario. El Departament d´Interior también ha implementado una solución similar para los Mossos d'Esquadra y los bomberos.

Las pulseras térmicas se utilizan desde hace tiempo y no son exclusivas de Cataluña ni de España. Por ejemplo, la empresa japonesa Biodata Bank, fundada en 2018 y con sede en Tokio, ofrece Canaria+, una pulsera diseñada para detectar "cambios sutiles en el estrés térmico" y ayudar a controlar el descanso, la hidratación y la alimentación. Cuando el sensor detecta que el cuerpo tiene dificultades para disipar el calor, emite un aviso con luz, sonido y vibración. Una luz verde indica que el riesgo ha desaparecido. Takeshi Anzai, CEO de la empresa, explica que "sentíamos que era necesario contar con un sistema y actuar antes de que una persona sufriera un colapso". El algoritmo de su pulsera se adapta al usuario y parte de cuatro niveles: el primero, sin peligro, con temperatura por debajo de 37ºC; el segundo, "riesgo latente", hasta 38,3ºC; el tercero, con alertas, entre 37,7-39ºC (según la persona); y el último, el más crítico, de 38,7 a 40ºC.

Japón es otro buen ejemplo del uso de estas pulseras. El año pasado, el World Economic Forum destacó las "lecciones" del país para superar las olas de calor extremo, incluyendo sensores de muñeca para detectar aumentos bruscos de la temperatura corporal y prevenir golpes de calor. El Gobierno Metropolitano de Tokio ha distribuido pulseras térmicas entre personas mayores con movilidad reducida, profesores, estudiantes y operarios que trabajan al aire libre. Anzai recuerda que "en Japón el año pasado el número de personas trasladadas de urgencia por golpes de calor superó las 100.000. En ciudades como Tokio, la demanda de ambulancias llegó a ser tan alta que las autoridades emitieron alertas para pedir a la población que hiciera un uso adecuado de las emergencias".