Japón, que ya experimenta un flujo masivo de turistas, está emergiendo como un destino cada vez más popular para bodas de parejas extranjeras. Este fenómeno está impulsando un considerable negocio, con empresas especializadas reportando un aumento significativo en consultas y reservas. La combinación de paisajes únicos, riqueza cultural y la actual debilidad del yen contribuye a esta tendencia, que se proyecta con un crecimiento exponencial en la próxima década.
En 2025, Japón recibió 42,7 millones de turistas extranjeros, un número récord de visitantes que buscan experiencias como tomarse fotografías con el Monte Fuji de fondo, observar las geishas en Kioto, admirar los cerezos en flor en Fujiyoshida, o pasear por el concurrido cruce de Shibuya. Sin embargo, entre estos viajeros, un grupo se distingue por un propósito diferente: no solo desean explorar el país, sino que su principal motivo de viaje es casarse.
Esta inclinación está alimentando un floreciente sector.
Que Japón atraviesa un notable auge turístico no es una novedad. Ni siquiera una crisis diplomática con Pekín a finales de 2025, junto con el boicot chino subsiguiente, parece haber afectado negativamente al sector. El año pasado, el país acogió a 42,7 millones de extranjeros, un récord absoluto que supera en un 15,8% el registro de 2024, lo que intensifica la convivencia, a menudo tensa, entre residentes y visitantes.
Lo que sí es una novedad es que, impulsado por esta rápida turistificación, Japón está atrayendo a un perfil de visitante cada vez más frecuente: parejas extranjeras que viajan al país para contraer matrimonio. Aunque los datos sobre este fenómeno no son abundantes y sugieren que no es una tendencia masiva, es lo suficientemente clara como para que varios periódicos nipones le hayan dedicado artículos en los últimos meses.
El Japan Times, en su cobertura más reciente sobre el tema, ha entrevistado a turistas que eligieron casarse en Japón y a algunas de las empresas especializadas en la organización de estas ceremonias. Entre ellas, han conversado con Nomad Weddings, una compañía neozelandesa dedicada a la planificación de bodas y escapadas románticas, que afirma haber asistido a un millar de parejas de más de 40 países desde su fundación en 2012. Desde hace tres años, Nomad Weddings opera en Japón, atendiendo a clientes de Oceanía, Europa, Norteamérica y Latinoamérica.
James Hirata, fundador de Nomad Weddings, explica que su negocio está creciendo. Repuntó rápidamente en 2025 y este año ha estado viajando por todo Japón para ayudar a parejas a casarse, confirmando que la tendencia es cada vez más popular. La agencia ha visto un incremento en consultas, pasando de unas cuatro semanales en 2025 a 24 este año. Las reservas también han aumentado, de 24 el año pasado a 69 en lo que va de 2026.
Aunque estas cifras corresponden a una sola empresa, una búsqueda en Google revela la existencia de otras agencias que han incursionado en este nicho de mercado y guías en línea que orientan a extranjeros sobre cómo gestionar una boda en Japón. Hace unas semanas, The Japan News entrevistó a Value Management Co., una empresa de Osaka que ofrece servicios matrimoniales a extranjeros desde 2024. Sus cifras también son modestas, pero sus directivos esperan un crecimiento exponencial en los próximos años.
Más allá de los balances de cada agencia nupcial, la firma de investigación de mercados Future Market Insights arroja luz sobre el considerable potencial de las “bodas de destino” en Japón.
Según sus proyecciones, para 2036, el sector podría alcanzar una valoración de 4.300 millones de dólares, lo que duplicaría el volumen estimado para 2026. Considerando el éxito de destinos como Okinawa, la popularidad de Japón en otros países asiáticos (China, Corea del Sur o Taiwán) y la creciente aceptación de formatos de boda no tradicionales, la firma anticipa que el negocio crecerá a una tasa anual compuesta (CAGR) del 8,5% durante la próxima década.
The Japan News relata el caso de una pareja estadounidense de treintañeros que se casó en Osaka. Su experiencia ilustra lo que buscan los novios que viajan miles de kilómetros para casarse: primero deseaban una ceremonia en un jardín, con cerezos en flor y arquitectura japonesa de fondo; después de la boda, pasaron varios días viajando por Tokio y Okinawa. En total, su estancia en Japón fue de 17 días y contaron con la presencia de unos 20 invitados, quienes también aprovecharon para visitar lugares como Yakushima, el Fuji o Hiroshima.
Otro ejemplo es el de Ben y Ariella Jacoby, una pareja de California que en la primavera de 2023 intercambió votos a miles de kilómetros de su hogar, cerca del lago Kawaguchi, con el Monte Fuji como telón de fondo. Ella nunca había estado en Japón, pero él sí, y decidió que su boda se celebraría allí. No es el único en tomar una decisión así. Entre los extranjeros que viajan a Okinawa para casarse, hay exmilitares estadounidenses que regresan a la región donde se encuentra la base aérea de Kadena, en la que sirvieron.
Esta experiencia no resulta económica, al igual que para otros turistas que desean casarse en Japón. Hirata explica que los presupuestos oscilan entre 700.000 y un millón de yenes (3.800-5.400 euros) solo por el 'paquete' de la boda, que incluye la gestión y coordinación, así como servicios de fotografía, peluquería y maquillaje.
El aumento de las 'bodas de destino' coincide con el auge turístico de Japón y representa una oportunidad para un sector (el de la organización de bodas y sus servicios) que ha visto complicarse el mercado doméstico. La tasa de matrimonios en Japón se ha desplomado en las últimas décadas, y cada vez es más común que las parejas que sí se casan lo hagan en ceremonias sencillas, con pocos invitados.
En contraste, los novios extranjeros se sienten cada vez más atraídos por los paisajes, el patrimonio y la cultura de Japón. También influye la posibilidad de combinar la boda con un viaje por el país en un momento en que la debilidad del yen lo ha hecho más accesible para el resto del mundo. Sin embargo, no todo son ventajas. Las 'bodas de destino' aún enfrentan desafíos en Japón, como las barreras idiomáticas y culturales, o la necesidad de realizar trámites que llevan a algunos extranjeros a casarse legalmente en sus países y luego celebrar una ceremonia simbólica en Japón.