Guadix, en Granada, es una ciudad que transformó su pasado de pobreza y refugio en una innovadora arquitectura bioclimática. Sus más de 2.000 viviendas cueva, excavadas en cerros de arcilla roja, ofrecen una temperatura constante todo el año y un aislamiento acústico excepcional. Hoy, este peculiar hábitat se ha convertido en un atractivo destino de "trogloturismo", combinando historia, confort y experiencias únicas para los visitantes.
La realidad de Guadix, con moriscos, forajidos y poblaciones expulsadas ocupando cuevas, armados con picos y velas, fue poco romántica. El concepto de escape rural chic tardaría tres siglos en desarrollarse. Si bien la visita a sus calles y cerros es gratuita, pernoctar allí es una experiencia diferente. En Granada, Andalucía, a más de 900 metros de altura, existe una ciudad que parece sacada de una película de ciencia ficción. Guadix, conocida como “el pueblo de las casas cueva”, es en realidad una urbe que convirtió la necesidad de huida, la pobreza y el rigor climático en una forma de arquitectura bioclimática. Siglos después, esto se ha transformado en un "trogloturismo" de diseño.
Un barrio entero se encuentra bajo tierra. Alrededor de Guadix, en la falda de Sierra Nevada, se concentran más de 2.000 viviendas excavadas en cerros de arcilla roja. La prensa la denomina “Capital Europea de las Cuevas”, refiriéndose a un barrio que se originó alrededor de 1550, en torno a la Fuente de Maese Pedro y la calle de San Marcos. De hecho, solo en este barrio residen más de 4.500 accitanos. El paisaje se compone de colinas literalmente vaciadas por dentro, fachadas encaladas y chimeneas que sobresalen como periscopios, semejando fumarolas de cal. Además, la temperatura interior se mantiene alrededor de los 20 grados durante todo el año. El aire exterior tarda aproximadamente tres meses en penetrar las paredes, lo que modera los inviernos y veranos extremos. Este confort y aislamiento acústico han convertido a esta arquitectura pasiva en uno de los destinos turísticos más buscados de España. Actualmente, es posible subirse a un tren turístico y alojarse en una casa-cueva por precios que oscilan entre los 60-70 euros y más de 120 euros por noche, dependiendo de las comodidades como el jacuzzi.
Plataformas como Airbnb y agregadores como cozycozy ofrecen opciones como la “cueva hammam”, “cueva la Tita del Pan” o “Casa Cueva Los Mosaicos”, equipadas con jacuzzis, piscinas y valoraciones sobresalientes: 9,5 en Booking y 4,2 sobre 5 en Airbnb. La comarca se promociona bajo la premisa de "dormir como un neandertal, pero con Wi-Fi y bañera de hidromasaje". Hoy en día, vivir en una de estas cuevas no es sencillo. Sin embargo, alquilarlas es otra cosa: trenes turísticos, centros de interpretación y rutas guiadas forman parte de este "trogloturismo", enfocado en la sustentabilidad y la experiencia introspectiva. Lo que en el pasado fueron chabolas medievales, hoy se presentan como hermosos enclaves que desafían las inclemencias del clima.
Guadix siempre fue un territorio de tierra blanda y abrigos naturales, utilizado desde la Edad del Bronce. Estudios arqueológicos han identificado ocupaciones humanas que aprovechaban estas "badlands" o cárcavas del reborde y el cauce del río de Guadix para protegerse de las inclemencias. Durante la Edad Media, este paisaje se entrelaza con el frente nazarí y, tras la reconquista de la ciudad por los Reyes Católicos, se convierte en un lugar de refugio. Tras las expulsiones de 1570 y 1609, la hipótesis sitúa el origen del gran barrio de cuevas hacia finales del siglo XV, cuando moriscos, forajidos y poblaciones expulsadas de la medina ocuparon clandestinamente estas cuevas y perfeccionaron, con pico y pala, la técnica de excavar cerros enteros siguiendo el saber de los alarifes. El historiador accitano Carlos Javier Garrido subraya que este refugio de perseguidos también fue una respuesta social a una ciudad dominada por oligarquías, una especie de rebelión silenciosa.
En 1920, el barrio llegó a albergar al 60% de la población de la ciudad. No fue hasta los años 50 del siglo XX cuando las excavaciones masivas ampliaron e inauguraron nuevas casas cueva, ya concebidas como viviendas normales en un barrio más. Las huellas de la Guerra Civil también son notables, ya que el pueblo perdió su ermita. Hay mucho que explorar en la ciudad, incluyendo la Catedral de la Encarnación, el Palacio de los Marqueses de Villaverde o la propia alcazaba islámica del siglo XI, además de la Ermita Nueva, de un blanco inmaculado y con una capilla completamente labrada en la roca. Con la llegada de carreteras nacionales bordeando la montaña, electricidad, televisión y la emigración, las familias locales transformaron estos antiguos taludes enclavados en “casas de verano” para escapar del calor. Fue entonces cuando el barrio comenzó a ser percibido desde fuera más como un paisaje pintoresco que como un espacio de marginalidad.
Hasta hace poco, urbanísticamente, las casas cueva se encontraban en un limbo: eran viviendas, pero no encajaban en las categorías estándar de la normativa. La nueva Ley de Impulso para la Sostenibilidad del Territorio de Andalucía (LISTA) y su reglamento dedican por primera vez un título completo al hábitat troglodítico, definiendo qué es una cueva, qué es un barrio de cuevas y qué es un “municipio troglodítico” (Artículo 421). La normativa establece condiciones mínimas de seguridad, salubridad y habitabilidad: servicios de agua y saneamiento, superficie mínima de 30 m², ventilación suficiente, evacuación adecuada de aguas pluviales y garantías de estabilidad del terreno excavado. Los planes generales de ordenación ahora tienen la obligación de indicar medidas para su protección, conservación y mejora, desde el mantenimiento de la capa exterior de tierra hasta la preservación de los canales naturales de evacuación de lluvia.
El itinerario turístico promedio incluye una panorámica del centro, el Teatro Romano, la muralla árabe, la Alcazaba, los barrios histórico y judío y, finalmente, una parada de unos 45 minutos en la zona troglodita para visitar miradores, una iglesia-cueva única y el Centro de Interpretación de las Cuevas. Es importante destacar que las reservas tienen prioridad sobre las visitas espontáneas: las visitas al barrio de cuevas se llenan, especialmente por la mañana y los fines de semana. El tren turístico suele operar con salidas cada 40-60 minutos en horario matutino. El recorrido dura unos 75 minutos, con comentarios grabados en varios idiomas. El Centro de Interpretación reabrió en abril de 2026 con un nuevo horario: de lunes a sábado abre de 9:30 a 14:00 y de 16:00 a 18:30, y los domingos hasta las 14:30.
La otra experiencia es, literalmente, pasar la noche bajo tierra. Una noche en pareja suele costar alrededor de 110 euros, subiendo a 170-200 euros en opciones con piscina, jardín amplio o servicios adicionales. Portales de alquiler como Rentalia muestran casas cueva en Guadix desde 65 euros por noche, dependiendo siempre de las fechas y la estancia mínima según la temporada. Resulta irónico el contraste: las autoridades civiles y eclesiásticas nunca estuvieron conformes con el barrio. Alonso de Medrano en 1618 y el corregidor Josef Miret en 1786 intentaron erradicarlo demoliéndolo. "Lo que las autoridades quisieron borrar dos veces es hoy la marca turística de la ciudad", concluye Carlos Javier Garrido García en su monográfico ‘Las cuevas de Guadix en la Edad Moderna (1489-1808)’.