El trágico incendio de Los Gallardos, Almería, considerado el más mortífero del siglo en España, ha desatado un intenso debate público. Con una docena de víctimas y miles de hectáreas afectadas, la atención se centra en la posible causa: un cable eléctrico que, según las primeras investigaciones, era una acometida privada sin tensión. Este incidente pone de manifiesto la preocupante situación de numerosos cables "sin dueño" en el país, que representan un riesgo significativo de incendios.
El incendio de Los Gallardos, en Almería, se ha convertido en el más mortífero del siglo en España, dejando una docena de fallecidos, aproximadamente 6.600 hectáreas calcinadas y 1.405 personas desalojadas. Muchas de las víctimas fueron encontradas dentro de sus vehículos, atrapadas en un camino sin salida. Mientras la Guardia Civil trabaja en la identificación de los cuerpos y los equipos del INFOCA se esfuerzan por extinguir completamente el fuego, el debate público se intensifica.
Entre los muchos aspectos a analizar, uno de vital importancia es el posible origen del incendio: un cable que pudo haberlo provocado todo, conocido como la "teoría del cable".
Casi desde el inicio, la hipótesis de que un cable eléctrico defectuoso pudiera haber sido el causante de la tragedia se propagó rápidamente. La misma madrugada del viernes, Endesa envió un equipo técnico que concluyó que el cable no pertenecía a su red. RedEléctrica se apresuró a declarar que tampoco formaba parte de su infraestructura de transporte. Según sus explicaciones, se trataría de una acometida privada de baja tensión que servía a un restaurante abandonado (bar Anita), y que había sido dada de baja en 2009. De hecho, según los técnicos, el cable no debería haber tenido tensión.
Y, por supuesto, sin tensión no pueden generarse chispas. Esto ha sido स्पष्टado por los peritos judiciales: si no hay carga eléctrica circulando por el cobre, es físicamente imposible que el incendio se originara en ese punto, tal como se había descrito. Esto ha abierto el debate: ¿realmente estaba "sin tensión" como figuraba en los archivos de Endesa, o se estaba utilizando de forma irregular para abastecer cortijos diseminados? Aún no se tiene una respuesta definitiva, pero (más allá del caso específico de Los Gallardos) lo relevante es la pregunta que surge: ¿cuántos cables como estos existen sin control en España?
¿Qué ocurre exactamente con estos cables? Lo primero es reconocer que nos enfrentamos a un problema grave. No tanto por la cantidad de incendios provocados directamente por cables, sino por su tendencia a ser extremadamente destructivos. En California, por ejemplo, los cables son responsables de aproximadamente la mitad de los fuegos más devastadores de su historia, a pesar de causar menos del 10% de las igniciones. En España no disponemos de estadísticas claras, pero algunos estudios sugieren porcentajes similares: en Aragón, los tendidos causaron este año alrededor del 10% de los incendios accidentales, y los informes de WWF ya los sitúan entre las causas de los grandes incendios.
¿Y nadie toma medidas? Tras los incendios de Guadalajara en 2005, el Estado obligó a los titulares de las redes a mantener desbrozados los márgenes de sus líneas y a revisarlas periódicamente. Sin embargo, el caso de Los Gallardos destaca un aspecto poco considerado: la existencia de muchos tendidos que, en la práctica, "no son de nadie".
Este es el gran problema: una acometida antigua que lleva a una ruina, sin mantenimiento y posiblemente con una conexión de corriente informal, puede convertirse en una enorme fuente de riesgos. ¿Y ahora qué?
Una vez que se depuren responsabilidades, habrá una mayor presión para supervisar los tendidos privados en zonas forestales (un tema que se discute recurrentemente en California). Sin embargo, las soluciones siempre son las mismas: financiar la prevención es una tarea poco atractiva y, por ello, en España se invierten 400 millones al año, cuando se necesitaría diez o quince veces más.