La retransmisión de eventos deportivos en vivo a través de plataformas de streaming a menudo presenta un retraso significativo en comparación con la señal de televisión digital terrestre (TDT). Este desfase puede arruinar la experiencia, especialmente en partidos de fútbol donde los goles se gritan al instante. Comprender las razones detrás de este retraso y las soluciones emergentes es clave para disfrutar plenamente de la acción en tiempo real.
En reuniones para ver partidos de fútbol, especialmente de la selección nacional, es común que la televisión se traslade al exterior para disfrutar del evento con amigos. Sin embargo, cuando se recurre al streaming a través de aplicaciones, surge un inconveniente: el retraso en la transmisión respecto a la señal de TDT. Este desfase, que en ocasiones puede superar el minuto, provoca que los gritos de gol de los vecinos se escuchen antes de que la jugada se vea en pantalla, estropeando la emoción del momento.
La televisión tradicional, recibida por antena, también tiene un pequeño retraso inherente. Las cadenas suelen incorporar un margen de entre cinco y diez segundos para poder reaccionar ante cualquier incidente en directo. Este "colchón" es un estándar que ha existido por décadas y es uniforme para todos los espectadores que utilizan la señal por antena, asegurando que la experiencia sea casi simultánea para todos. No obstante, el escenario cambia drásticamente con el streaming.
Para entender por qué el streaming siempre llega más tarde, es necesario seguir el recorrido de la imagen desde el estadio hasta los dispositivos del espectador. Este trayecto incluye varias fases: la captura de la imagen, su codificación, transcodificación, distribución y, finalmente, la decodificación en el dispositivo. Cada uno de estos pasos añade tiempo, y ninguno es instantáneo.
La clave reside en cómo se distribuye el vídeo por internet. La mayoría de las plataformas de streaming, tanto servicios generalistas como aplicaciones deportivas, emplean protocolos como HLS o DASH. Estos funcionan segmentando el vídeo en pequeños fragmentos, de entre dos y diez segundos, que el reproductor descarga secuencialmente. Para evitar interrupciones o congelamientos si la conexión falla momentáneamente, el reproductor no solo descarga el fragmento actual, sino que también almacena varios fragmentos futuros en un "búfer". Este mecanismo prioriza la fluidez de la reproducción sobre la inmediatez, y es precisamente este el coste en segundos de retraso.
A esto se suma la distribución a través de las Redes de Distribución de Contenidos (CDN), infraestructuras que permiten que millones de personas accedan al mismo contenido simultáneamente sin saturar los servidores originales. La empresa CDN77 estima que, al combinar la latencia de red, el tiempo de transcodificación (aproximadamente cinco segundos) y el búfer del reproductor, los protocolos HTTP habituales generan un retraso total de entre 25 y 40 segundos desde que la acción ocurre hasta que se visualiza en pantalla.
Amazon Web Services, proveedor técnico de numerosas plataformas de streaming, confirma que el margen de seguridad del reproductor es una decisión de cada aplicación. Un margen más amplio protege mejor la reproducción de cortes, pero aumenta el retraso. Se han documentado casos extremos, como durante la última Eurocopa, donde muchos espectadores recibieron notificaciones de goles en sus móviles antes de verlos en streaming, o problemas de desfase en el combate de boxeo entre Mike Tyson y Jake Paul transmitido por Netflix.
La solución a este problema no es sencilla. Las plataformas enfrentan el desafío de reducir el retraso sin comprometer la calidad de imagen o la estabilidad de la conexión, lo cual es complejo y costoso. Actualmente, cada aplicación distribuye el contenido a través de sus propias redes, lo que genera variaciones en el retraso entre servicios, a diferencia de la televisión clásica donde el desfase suele ser uniforme.
Sin embargo, han surgido versiones de "baja latencia" de los protocolos habituales, como LL-HLS y LL-DASH. Estas variantes permiten que el reproductor comience a descargar y mostrar un fragmento de vídeo antes de que este se haya grabado por completo, en lugar de esperar a su finalización. Este avance técnico puede reducir el retraso de los 15-30 segundos habituales a solo dos o cinco segundos, según informa la plataforma Dacast. Algunas cadenas ya están implementando estas tecnologías; Sky Sports ha logrado reducir el desfase en 20 segundos en su canal principal de baja latencia, y la BBC ha realizado pruebas de streaming de baja latencia en su plataforma iPlayer para evaluar su rendimiento a gran escala.
Mientras estas tecnologías se generalizan, lo cual es un proceso complejo y costoso para eventos con audiencias globales como un mundial, la recomendación más práctica sigue siendo optar por la antena siempre que sea posible para evitar que los goles sean anunciados antes de tiempo, y abstenerse de revisar WhatsApp y redes sociales durante el partido.