Los centros de datos, fundamentales para la economía digital, son a menudo promovidos con el argumento de generar numerosos puestos de trabajo. Sin embargo, un análisis reciente sugiere que la inversión masiva en estas infraestructuras no se traduce en una creación de empleo local tan significativa como se proyecta, tanto en Estados Unidos como en otras regiones, planteando interrogantes sobre los beneficios reales para las comunidades anfitrionas.
Los centros de datos consumen grandes cantidades de electricidad, lo que eleva las facturas, contamina el aire y, en ocasiones, también el agua. Los argumentos en contra son cada vez más numerosos, mientras que el principal beneficio para quienes viven cerca de estas enormes instalaciones se reduce a la generación de empleo. Pero, ¿es esta afirmación realmente cierta?
Estados Unidos alberga un tercio de todos los centros de datos del mundo. Se ha reportado que varios estados compiten por atraer a las grandes empresas tecnológicas, ofreciendo recursos y exenciones fiscales a cambio de la promesa de creación de empleo y desarrollo comunitario. No obstante, cada vez es más evidente que la promesa de puestos de trabajo estables y duraderos a menudo no se cumple.
En Cedar Rapids, Iowa, hay dos proyectos en desarrollo para centros de datos de QTS y Google. Para incentivar su construcción, la ciudad les ha otorgado una exención del 70% del impuesto sobre la propiedad durante dos décadas, además de reembolsarles el 75% de las tasas eléctricas, un recargo municipal. Google y QTS invertirán 1.300 millones de dólares en sus centros de datos, pero se estima que ahorrarán más de 580 millones en impuestos y tasas municipales. A cambio, según el contrato, solo están obligados a crear 61 puestos de trabajo permanentes.
La relevancia de esta situación radica en que, si bien los centros de datos son un motor de la economía estadounidense, la enorme inversión de las grandes tecnológicas en su construcción contrasta con su impacto en el empleo local. Son infraestructuras gigantescas y costosas, pero una vez operativas, funcionan en gran medida de forma automatizada. Las tareas que requieren intervención humana son muy limitadas en comparación con su escala.
Esta dinámica no se restringe a Estados Unidos. En Aragón, España, se observa una situación similar. Recientemente, se conocieron las cifras de empleo que Amazon generará en Villanueva del Gállego, donde construye seis centros de datos. La empresa había mencionado hasta 29.900 puestos a tiempo completo vinculados al proyecto, pero esa cifra incluía empleo indirecto e inducido, como proveedores y servicios asociados. En realidad, entre los seis centros de datos, contratarán a solo 180 personas fijas que trabajarán por turnos para asegurar la operación las 24 horas del día, los 365 días del año. Una vez más, la narrativa del empleo masivo resulta inconsistente.
La construcción de centros de datos de esta magnitud sí genera mucho empleo, pero de carácter temporal, ya que involucra a numerosas empresas de distintos sectores. En el caso de Cedar Rapids, la ciudad destaca que los proyectos crearán "miles de empleos de construcción y oficios", pero la incógnita es qué sucederá con estos trabajadores una vez que los centros de datos estén operativos.
Según un informe reciente de Turner & Townsend, la urgencia en la construcción de nuevos centros de datos ha provocado un aumento de precios en otros proyectos, como la edificación de viviendas, además de acaparar la mano de obra especializada en las áreas de construcción.