Un antiguo manuscrito del Palacio Real, conocido como 'Asiento de Caza', revela la intensa afición de Fernando VI por la caza, con más de 38.000 animales abatidos entre 1745 y 1755. Este detallado registro, que documenta 1.241 cacerías, ha emergido como una valiosa fuente para que los biólogos estudien la evolución de la biodiversidad en la península ibérica a lo largo de los últimos tres siglos.
Sin importar la estación o las condiciones climáticas, las cacerías eran una actividad casi constante en la corte de Fernando VI (1713-1759). A lo largo de su reinado, el monarca destacó por su gran afición a la caza en los Sitios Reales. Esta información se ha obtenido gracias a un manuscrito antiguo conservado en el Palacio Real, el cual detalla las miles de piezas que abatió entre 1745 y 1755. Más de dos siglos y medio después, este registro se ha transformado en una importante fuente de información para el estudio de la biodiversidad peninsular.
El 'Asiento de Caza' es un manuscrito antiguo del Palacio Real que fue recuperado por el investigador Juan Jiménez mientras buscaba datos sobre antiguas cacerías reales. Este cuaderno detalla las piezas capturadas por el rey Borbón durante gran parte de su reinado, específicamente entre 1745 y 1755, demostrando la meticulosidad de la corte de Fernando VI al documentar los gustos cinegéticos del monarca.
La importancia de este documento radica en su doble valor histórico. El 'Asiento de Caza' no solo ofrece una visión del día a día en la corte de Fernando VI y las aficiones del monarca, sino que también constituye una pista valiosa para los biólogos interesados en comprender cómo ha variado la biodiversidad de la península en los últimos tres siglos. Juan Jiménez, en una entrevista con elDiario, se refirió al manuscrito como una auténtica "joya". Miguel Clavero, del CSIC, confirma que "podemos sacar mucha información sobre la biodiversidad del pasado a partir de los registros de estas cacerías. Y también nos muestra que el rey era un cazador que prácticamente le tiraba a todo".
La relevancia del documento del Palacio Real es tal que Jiménez y Clavero han publicado un artículo en European Journal of Wildfire Research. En este, analizan la creación de bases de datos históricas sobre biodiversidad a partir de cacerías reales, tomando como punto de partida el 'Asiento de Caza' de Fernando VI.
Puede parecer peculiar que los biólogos analicen los cambios en la biodiversidad de un territorio basándose en un cuaderno de caza, pero Fernando VI no era un cazador común. El manuscrito registra 1.241 cacerías realizadas entre 1745 y 1755, lo que equivale a aproximadamente 112 cacerías al año. El dato más sorprendente es el de las presas: el 'Asiento de Caza' documenta más de 38.000 animales abatidos de 62 especies diferentes. Los expertos señalan que "estos datos permiten inferir variaciones en la disponibilidad de diferentes especies entre los terrenos de caza y evaluar su presencia estacional en otros".
Para ser precisos, el registro de la Casa Real incluye 38.701 presas abatidas, lo que se traduce en casi diez animales muertos al día. Además, se sabe que Fernando VI era tan aficionado a disparar que salía a cazar casi el 75% de los días, y había jornadas en las que las presas de caza menor se contaban por decenas. Para dar rienda suelta a su pasión cinegética, disponía de lugares como El Pardo, Casa de Campo, El Retiro o, en ciertas épocas, Aranjuez y El Escorial.
Juan Jiménez explica en elDiario que el monarca prefería las armas de avancarga, que se cargan por la boca del cañón. Maniobrar con estas herramientas es "muy trabajoso", por lo que el investigador sugiere que el monarca probablemente estaba acompañado por un numeroso grupo de criados encargados de transportarle y prepararle las armas. También se sabe que durante sus cacerías, Fernando VI se enfocaba principalmente en animales pequeños como conejos, perdices, liebres y palomas, aunque a lo largo de 11 años también cazó cientos de lobos, ciervos, zorros y jabalíes. El registro es interesante tanto por lo que incluye como por lo que omite, por ejemplo, no hay indicios de que Fernando VI cazara linces o corzos.
El artículo de Jiménez y Clavero ofrece algunas claves para entender este afán por disparar y acumular cifras en el registro oficial. "La caza en el pasado se consideraba principalmente una actividad deportiva, en la que la demostración de destrezas (puntería, rapidez) era tan importante como la identificación de las presas, incluso más". También destacan que "los terrenos de caza reales eran, en cierto modo, análogos a las áreas protegidas, ya que se gestionaban para garantizar una abundante caza para el rey. Los usos intensivos como la agricultura, la ganadería, la explotación forestal y la caza de subsistencia eran mínimos en los Sitios Reales. Este estatus tuvo consecuencias en el entorno, y la corte tuvo que invertir grandes sumas para prevenir y compensar los daños causados por los ungulados silvestres".
Fernando VI no fue el único monarca cazador. Ambos investigadores recuerdan que "la mayoría de los predecesores y sucesores" de Fernando VI fueron "cazadores apasionados" y no se quedaban atrás. Existen testimonios de que Carlos III, hermanastro de Fernando, cazaba casi a diario, y que en una sola jornada de 1786, él y sus hijos abatieron 145 ciervos y dos jabalíes. Los expertos recuerdan que "uno de esos hijos, Carlos IV, conocido como rey y apodado habitualmente 'el cazador', abatió personalmente 8.773 animales salvajes en 1793 y 7.356 en 1805", antes de mencionar las hazañas de Alfonso XIII. Se cuenta que en una única cacería organizada en Casa de Campo a principios de 1922, se abatieron más de mil animales, principalmente conejos y perdices.