Investigadores han identificado al ratón orejón andino como un supermamífero capaz de habitar altitudes extremas de casi 7.000 metros en los Andes, un entorno hostil para la mayoría de las especies. Este roedor desafía las nociones previas sobre la supervivencia en condiciones de hipoxia severa, revelando adaptaciones fisiológicas únicas que podrían ofrecer valiosas perspectivas para la medicina y la biología.
A medida que se asciende en altitud, la flora y la fauna experimentan cambios significativos. Esto es evidente incluso en excursiones a los Pirineos, pero si se superan las cumbres de tres mil metros y se alcanzan las alturas más extremas del planeta, la presencia de mamíferos se vuelve una rareza. Sin embargo, existe una excepción: el ratón orejón andino, un pequeño mamífero que desafía el invierno perpetuo, las temperaturas bajo cero y, lo más crítico, la escasez de oxígeno en los Andes.
Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Nebraska-Lincoln detalla cómo el ratón orejón andino (Phyllotis vaccarum) no solo sobrevive, sino que prospera a altitudes que serían imposibles para cualquier otro mamífero. Alcanzar cimas cercanas a los 7.000 metros ya es una proeza, pero habitar de forma permanente en ellas representa una anomalía para la fisiología de los mamíferos.
La clave de su supervivencia radica en cómo estos ratones de alta montaña generan una cantidad significativamente mayor de calor corporal. Sus diminutos músculos y su grasa marrón son excepcionalmente eficientes en la quema de lípidos. Además, sus mitocondrias funcionan eficazmente con bajos niveles de oxígeno, sin depender de una hemoglobina modificada, a diferencia de otras especies adaptadas a la altitud, como las poblaciones humanas del Tíbet.
Hasta ahora, se creía que para que un mamífero pudiera sobrevivir con tan poco oxígeno, eran indispensables cambios en la hemoglobina. Este ratón demuestra una vía alternativa: la modificación de cómo el músculo produce energía. Según Denise Dearing, ecóloga de la Universidad de Utah, la respiración eficiente y la digestión de toxinas compiten por el mismo mecanismo interno del cuerpo. Por lo tanto, en su evolución, este ratón tuvo que resolver este conflicto bioquímico. Comprender cómo un mamífero remodela su metabolismo muscular y mitocondrial para tolerar la hipoxia crónica podría proporcionar información valiosa para la medicina, especialmente en el estudio de enfermedades cardiopulmonares y la adaptación humana a la altitud.
El ratón orejón andino ya había establecido un nuevo récord de altitud, superando a otro roedor, la pica de orejas largas del Everest (Ochotona macrotis). Este estudio no es el primero en identificar al orejón como el mamífero capaz de vivir a mayor altitud, sino en explicar los mecanismos que le permiten lograrlo. Previamente, ya se había confirmado la existencia de esta población a más de 6.000 metros en el volcán Llullaillaco.
Jay Storz, investigador principal y montañero experimentado, expresó su sorpresa en 2020 al descubrir que este roedor habitaba tales alturas. Desde entonces, su equipo ha realizado cuatro expediciones adicionales a 21 picos de los Andes centrales para verificar que no se trataba de un caso aislado. Lograron fotografiar y capturar a decenas de ejemplares, además de encontrar varios restos momificados. El equipo de investigación llevó a cabo experimentos con pruebas fisiológicas y análisis genómicos para identificar sus características. Descubrieron que, aunque los ratones capturados en las zonas más elevadas y los que viven a nivel del mar se cruzan genéticamente, los individuos de la cumbre han desarrollado rasgos altamente especializados. La razón de estas adaptaciones es su necesidad de sobrevivir en ese entorno extremo.