El ambicioso túnel ferroviario entre Francia e Italia: desafíos y retrasos en la conexión de alta velocidad

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Desde la década de 1990, un proyecto visionario busca conectar París y Milán mediante un tren de alta velocidad que atraviese los Alpes. Más de 3.000 personas trabajan actualmente en la excavación de un túnel de 57,5 kilómetros, cuyo objetivo es reducir significativamente los tiempos de viaje y mejorar la movilidad europea. Sin embargo, el proyecto enfrenta importantes desafíos, incluyendo retrasos, crecientes costes y la incertidumbre sobre la infraestructura de conexión en el lado francés, lo que podría comprometer su plena operatividad.

Entre Milán y París, hay más de 800 kilómetros de distancia y ocho horas de coche. Actualmente, están separadas por siete horas en tren y, lo que es más importante, por una de las cordilleras montañosas más imponentes de Europa. En los años 90, surgió la idea de que estas dos ciudades debían unirse mediante un tren de alta velocidad. Más de 30 años después, 3.000 personas están excavando la montaña, pero existe el riesgo de que el túnel no cumpla su propósito.

Más de 3.300 personas están perforando los Alpes con un objetivo tan simple como ambicioso: establecer una línea de tren de alta velocidad que atraviese la cordillera. Se trata de 57,5 kilómetros que prometen transformar la movilidad entre dos grandes ciudades europeas para siempre. La obra incluye dos tubos ferroviarios para asegurar el flujo de movimiento ante cualquier eventualidad, lo que implica excavar 115 kilómetros bajo tierra, a los que se suman cuatro accesos al túnel principal, 204 ramales de seguridad y una red subterránea logística con pozos de ventilación.

La idea de unir París con Milán se remonta a los años 90, cuando se proyectó con el fin de reducir drásticamente el tiempo de viaje entre dos de las principales capitales de la moda de Europa. Actualmente, el trayecto en tren supera las siete horas (en los 90 era aún más), pero cuando el túnel esté en pleno funcionamiento, se espera que se reduzca a cuatro horas y media.

Con el paso de los años, el proyecto ha adquirido un nuevo enfoque. Uno de sus grandes atractivos es conectar Lyon con Turín en muy poco tiempo. Actualmente, este trayecto dura cerca de cuatro horas y con el nuevo enlace se reduciría a menos de dos. Esto lo posiciona como el núcleo del Corredor Mediterráneo, impulsado por Europa desde hace más de una década y que tiene en España otro de sus puntos críticos.

Se ha utilizado el condicional al hablar de todo esto porque, aunque más de 3.000 personas están excavando la montaña, la pregunta es "¿para qué?". El plan inicial preveía su finalización en 2030, pero ha sido recientemente retrasado a 2033. Y lo que es más significativo, ya hay voces que sugieren que no estará listo hasta 2043, o que al menos no debería estarlo.

En 2023, el Conseil d'Orientation des Infrastructures (COI), un órgano consultivo francés, expresó sus dudas sobre la viabilidad del proyecto y propuso retrasar la apertura del acceso francés hasta 2043. Según sus cálculos, no solo se trata de abrir el túnel, sino también de instalar la infraestructura necesaria para enlazar la alta velocidad actual con la nueva línea. Esto podría suponer una inversión de hasta 12.000 millones de euros debido a la compleja orografía de ese tramo.

La respuesta política del lado italiano fue contundente. Aunque en los años 90 el proyecto sufrió retrasos recurrentes precisamente por decisiones tomadas en Italia, este país ha ido cumpliendo los plazos establecidos tras la firma de los acuerdos definitivos en 2021. O, al menos, prevén tener lista la línea de alta velocidad en 2033, cuando el túnel debería estar finalizado (el promotor determinó que era imposible tenerlo listo en 2030, lo que supuso un retraso de tres años).

Quizás por ello, pidieron explicaciones claras al Gobierno francés, que rápidamente señaló que se trataba únicamente de un informe de un órgano consultivo y, por lo tanto, no era un documento vinculante que obligara a retrasar el proyecto. Sin embargo, lo que no se mencionó desde Francia es que existe un problema claro y evidente.

Si los planes de esta megaobra se cumplen para 2033, todo indica que Francia tendrá abierto su acceso pero no tendrá lista la vía de alta velocidad que debería reducir significativamente el viaje entre París y Milán.

Esto implica que los trenes se moverían a alta velocidad desde Francia, pero luego tendrían que circular mucho más despacio antes de llegar a Lyon. A partir de ahí, sí se enlazaría con la línea de alta velocidad entre ambas ciudades. Esto no solo complica la velocidad, sino que también reduce considerablemente el flujo de tráfico de trenes que se puede gestionar.

La viabilidad es la gran incógnita y el punto central de las preocupaciones del COI francés (no confundir con el de los Juegos Olímpicos). Según TELT (Tunnel Euralpin Lyon Turin), responsables del proyecto, se espera que el flujo de mercancías retire 700.000 camiones de la carretera, lo que ahorraría unas 3 millones de toneladas de dióxido de carbono anualmente.

El problema radica en que los costes se han disparado. Se estima que el coste final de la obra superará los 11.000 millones de euros (a repartir: 40% Unión Europea, 35% Italia, 25% Francia), lo que representa un 30% más que la estimación de 2015.

A esto se suma que el tráfico ferroviario y por carretera ya estaba disminuyendo cuando se aprobó definitivamente el proyecto. Esto ha generado aún más dudas sobre los desafíos para amortizar una iniciativa que, por el momento, parece convertirse en uno de los grandes cuellos de botella ferroviarios de Europa.