Un equipo de la Universidad de Granada ha reidentificado una estancia en la villa romana de Fuente Álamo, Córdoba, que hasta ahora se consideraba un mitreo, como la biblioteca privada más antigua y mejor conservada del mundo romano conocido en la Península Ibérica. Este descubrimiento, basado en la "gramática de formas" arquitectónica, aporta luz sobre la vida cultural en la Bética durante el Imperio Romano, revelando una estructura típica de las bibliotecas de la época.
En la imagen, a la izquierda, se observa la Biblioteca de Celso, una edificación romana del siglo II que albergó aproximadamente 12.000 rollos. A la derecha, se presenta la planta de una "nueva" biblioteca del Imperio Romano, ubicada en la villa romana de Fuente Álamo en Córdoba. El término "nueva" es engañoso, ya que, además de la evidente antigüedad de la civilización romana, se trata de la biblioteca más antigua documentada en la Península Ibérica y una de las mejor conservadas.
Este hallazgo no corresponde a un yacimiento arqueológico inédito, sino a la reidentificación de una sala dentro de la villa romana de Fuente Álamo, en Puente Genil. Previamente, esta estancia se interpretaba como un mitreo. Sin embargo, un equipo de la Universidad de Granada, como parte del proyecto Exploratio Territorii Antiquae Ecclesiae Cordubensis, ha determinado que no se trataba de un templo dedicado al culto de Mitra.
La sala conserva un ábside, nichos rectangulares que podrían haber sostenido estanterías, nichos semicirculares, un podio y salas auxiliares adyacentes que probablemente funcionaban como espacios de trabajo o almacenamiento. Esta configuración es característica de las bibliotecas romanas documentadas en otras regiones del Imperio Romano, lo que ha permitido al equipo de la UGR descartar la hipótesis inicial y concluir que este espacio se destinaba a la lectura y el estudio.
La importancia de este descubrimiento radica en que los materiales comunes de una biblioteca, como los libros (en esa época, rollos o códices), rara vez sobreviven tanto tiempo, lo que hace que su identificación sea un desafío que requiere el análisis de otros elementos. Además, no es una biblioteca cualquiera: es la biblioteca privada mejor conservada del mundo romano conocido, exceptuando la Villa de los Papiros de Herculano (donde se conservó el contenido, los papiros, pero no la estructura que los albergaba). También es la más occidental registrada en todo el Imperio.
La villa romana de Fuente Álamo fue construida junto a una vía que conectaba la costa mediterránea con Corduba, capital de la Bética durante el Imperio Romano, lo que explica el lujo de sus estancias y la calidad de sus mosaicos. La biblioteca se edificó entre los siglos III y IV d.C., en el periodo tardoantiguo, cuando las villas rurales de la Bética experimentaron su mayor esplendor.
Para "descubrirla", dado que no había restos de "consumibles", el equipo empleó la metodología de gramática de formas, que analiza cómo se combinan los elementos arquitectónicos de un espacio para deducir su función original. Posteriormente, aplicaron el mismo método en la Sala 7 del Palacio Teodosiano de Stobi, en Macedonia del Norte (también de la misma época), y compararon los resultados para confirmar la coherencia arquitectónica. No obstante, más allá de esta primera comparación, es fundamental que la comunidad académica aplique este método en futuros estudios.
El equipo también plantea una hipótesis sobre el posible dueño de la biblioteca. En el siglo XIX, se encontró el sarcófago de la Declamatio en Villares del Carril, que actualmente se exhibe en el Museo de Málaga. Su iconografía, que representa a un hombre con barba, un rollo y un códice, guarda similitud con una figura de un mosaico de Fuente Álamo, identificada en estudios previos como el propietario de la villa. Aunque no existen evidencias definitivas, los autores sugieren que el individuo del sarcófago podría haber sido el dueño de la biblioteca.